Mundo Obrero

OPINIÓN

Una alternativa real

Las PASO en Mendoza ubicaron al FIT como la tercera fuerza política. Esto ocurre por primera vez en una elección a cargos ejecutivos. Cómo se interpreta esto desde clase obrera.

Edgardo Videla

Delegado Comisión Interna de Cuyoplacas | Mendoza

Martes 28 de abril de 2015 | Edición del día

Después de años de activismo sindical, no siempre acompañado por un sindicato, y después de haber tenido muchas oportunidades de hacerlo antes, hoy me encuentro inmerso en el activismo político. Es obvio que del activismo sindical al político sólo hay un paso. Pero nunca sentí que los partidos políticos incluyeran seriamente a la idiosincrasia obrera en sus proyectos. Hasta ahora.

Si bien, mi participación sindical nace en un sindicato peronista, los acercamientos con distintas figuras provinciales del justicialismo nunca colmó mis expectativas en cuanto a la recepción de propuestas que desde la clase obrera les hacíamos. La tendencia al clientelismo está presente en cada aparición de un político justicialista. Algunos secretarios generales, de raíz peronista, nos brindaron un apoyo incondicional a los trabajadores ante conflictos obreros de gran relevancia en los que participé, y les sirvieron para alcanzar una gran proyección que los hizo visibles a nivel nacional. Pero luego, y una vez que nos miraron desde una banca nacional, muchos proyectos encarados para brindar soluciones a los problemas de nuestros compañeros quedaron truncos; a mi entender, esto pasó cuando estos amigos calcularon que no les brindaba el suficiente rédito político.

Siempre me sentí lejos del radicalismo, más aún del radicalismo mendocino. Aunque tuve oportunidad, hace algunos años, de compartir mesas y charlas con funcionarios municipales del radicalismo, debo reconocer que esas charlas jamás tuvieron la profundidad que yo esperaba. Ni hablar de los popularmente llamados “gansos”, el partido demócrata de Mendoza, una especie de macrismo local que históricamente hizo gobiernos para desarrollar la oligarquía.

Salvo muy pocas excepciones, mi voto fue siempre hacia la Izquierda; siempre coincidí con su ideología y siempre sentí que, siendo un trabajador, era la tendencia política que me identificaba. Pero a la hora de acercarme a los camaradas me encontraba con una especie de comunidad cerrada, que se consideraba a sí misma como una vanguardia iluminada que esperaba el momento justo para conducir a la clase obrera a su liberación definitiva. Para un trabajador que debe sostener a su familia, lidiar con las siempre explotadoras patronales, representar a sus compañeros, y encontrar la forma de mantenerse fuerte, los discursos teóricos de una minoría intelectual resultaban bastante parecidos a una película de ciencia ficción. Y, para colmo, esa vanguardia iluminada estaba fragmentada por un sinnúmero de disidencias.

Nada Cambió en 32 Años

Muchos trabajadores están comprendiendo, y esto se conversa cada vez más en los lugares de trabajo, que desde hace años la situación de ellos como obreros no cambia, oscila entre más o menos cómoda, pero no hay un cambio sustancial.
La mayoría de los compañeros se ubica en la gestión de los últimos tres gobernadores, el radical Julio Cobos y los justicialistas Celso Jaque, y el actual, Paco Pérez; algunos lograron, con esfuerzo, adquirir una propiedad o cambiar el auto, la mayoría solo trabajó para mantenerse y cubrir con sacrificio las necesidades de sus familias, pero no podrían decir que por gestión de tal o cual gobierno su vida comenzó a cambiar, en cuanto a la relación laboral, condiciones de trabajo y poder adquisitivo.

Cuando esta reflexión va hacia el otro extremo de las clases sociales, se dan cuenta de que, al menos en Mendoza y sin importar el color del gobierno, el grupo Vila Manzano sostiene e incrementa los negocios inmobiliarios, mantiene su multimedio, o realiza acuerdos con el gobierno por máquinas en el casino provincial, entre muchas cosas más. Millán SA, sostiene e incrementa las sucursales de su cadena de supermercados, precarizando impunemente a sus empleados. Cuando vemos que Pescarmona, dueño de IMPSA, recurre a subsidios del Estado para no tocar su rentabilidad, incluso dejando a poco menos de un centenar de laburantes en la calle. Cuando Pensalfine, propietario del 70% del transporte urbano de pasajeros, se sienta a poner las condiciones de pago a la Secretaría de Transporte provincial, determinando la metodología y el valor del pasaje que pagamos las familias trabajadoras. Es decir, con gobiernos radicales o con gobierno justicialista, los de arriba son siempre los mismos, y los de abajo también; entonces, ¿de que hablamos cuando desde estos partidos prometen cambios? Ya tuvieron la oportunidad de cambiar Mendoza, y no lo hicieron.

Ese es el primer paso para que los trabajadores comiencen a mirar al FIT como una opción verdadera, pero no es el único paso.

Aparatos e ideologías

Desde esta columna expliqué, en su momento, los fundamentos de mi propio acercamiento al Partido de los Trabajadores Socialistas, y por ende al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Pero, durante el último clima pre electoral, y luego de fiscalizar en las últimas oportunidades, creo encontrar la punta del ovillo para entender por qué mis compañeros de trabajo, y laburantes en general, están haciendo ese acercamiento al FIT, y han dado un fundamento sólido al 7,9% de los votos.
He visto dentro de todo este circo electoral, con todas sus despreciables chicanas, bolsones de mercaderías en zonas carenciadas, uniformes para la murguita del barrio, dinero en efectivo para fiscales radicales y peronistas, o para quien dispusiera de un vehículo para llevar a votar a los ciudadanos. Militantes a sueldo, que cuando se los invita a debatir responden “a mi me pagan por pegar carteles”, sin hablar de las patotas, amedrentando a la militancia de cualquier partido, o una fiscal de Cambia Mendoza que no sabía para quien fiscalizaba, solo lo hacía por $300; y así, mucho más.

Esto es algo que se venía notando mucho, tanto que ya cualquiera puede verlo. Los laburantes nos hemos dado cuenta, de lo que producen y lo que significa todo este despliegue del aparato político que se sostiene con dos motores que nada le cuestan al candidato a elegir.

El aparato político se sostiene con dinero y con la ignorancia del elector. El dinero generalmente sale de los fondos públicos, de los ciudadanos comunes, y de los capitales privados, de esos empresarios acaudalados que luego cobran el favor. Y la ignorancia política del votante se fomenta con este trueque de lo que sea por un voto. Un voto sin contenido, pero que suma. Un voto que conlleva todo el desprecio y la subestimación que estos políticos de los partidos mayoritarios tienen hacia el pueblo, y hacia las familias de los trabajadores. Ese voto que suma pero que no participa.

Y es aquí donde entra la otra cara de la política que se está despertando en Mendoza: El Frente de Izquierda y de los Trabajadores. El partido tiene una activísima participación de la juventud, en gran número, y en menor grado de trabajadores, aunque bastante participativos, y puedo asegurar que todos y cada uno de los que militan o participan en el FIT saben perfectamente por qué están allí, y qué esperan hacer. Nadie milita en el FIT por un chori o por un cargo. La ignorancia política no tiene lugar entre los adeptos al partido, el debate ideológico sobre las propuestas es otra constante.

Política al alcance del obrero

¿Por qué se está dando este marcado ascenso en la Izquierda mendocina?
¿Por qué la Izquierda desplazó del lugar de tercera fuerza al más emblemático conservadurismo mendocino?

Desde hace algunos años La Izquierda mendocina viene sufriendo un recambio generacional, y se ha conseguido, a mi modesto entender, un equilibrio muy positivo entre la clásica y más antigua Izquierda, la que manejaba a la perfección la teoría ideológica, pero que fallaba a la hora de tender puentes con las masas obreras, con la más sincera militancia de base, que ha llegado a sectores obreros con el lenguaje propio de los laburantes. La juventud y las propuestas de Nicolás Del Caño supieron ganar una genuina simpatía en el electorado estudiantil, y de los sectores obreros, porque condensa esas dos cualidades. Si a esto le sumamos que los militantes, y los parlamentarios del FIT están al lado de los trabajadores que entran en conflicto, o comparten un partido de fútbol de un campeonato obrero, la presencia se vuele real y cercana.

Cuando vemos a la candidata a la gobernación, Noelia Barbeito, y al mismo Del Caño parados en la puerta de un supermercado de barriadas populares, entregando ellos mismos sus propuestas y conversándolas cara a cara con los ciudadanos. Cuando los candidatos a intendentes recorren una feria del usado, o esperan a los trabajadores de una fábrica para exponer sus ideas sin ningún intermediario, es claro que nosotros, los de abajo, los obreros, nos sentimos valorados.

Cuando uno escucha las propuestas de FIT y entiende que no vienen a pedirnos un voto, sino que vienen a pedirnos compromiso, sentimos que confían en nosotros como parte de la sociedad, y que no hay una subestimación que exige un voto a cambio de una recompensa. Los obreros no somos monitos amaestrados a quienes recompensar después de votar por alguien a quien jamás vimos cara a cara, ni jamás pudimos preguntarle nada.

La militancia obrera viene creciendo en las fábricas, en las empresas y en las bodegas mendocinas, aunque no toda la militancia se identifica con el FIT. Pero si el FIT continúa haciendo política al lado de los jóvenes y de los laburantes, toda fuerza trabajadora que quiera mejorar su situación no sólo se sumará con su voto, sino que cambiará la historia con su participación.







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