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Red Internacional

Lucha ambiental. Un pueblo de Alemania está siendo desalojado en favor de las mineras de carbón

La batalla por el pueblo de Lützerath ha comenzado. La policía se dispone a desalojar el pueblo de Lützerath para despejar el camino a las excavadoras de carbón del gigante energético RWE. El Gobierno mantiene su plan mientras los activistas climáticos muestran resistencia.

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Martes 10 de enero | 09:43

El desalojo del pueblo de Renania por parte de la policía ya ha comenzado el 3 de enero, aproximadamente una semana antes de la fecha de desalojo prevista inicialmente. Activistas climáticos de México, Uganda y Alemania, al igual que desde Klasse gegen Klasse, están haciendo un llamamiento para que la movilización para apoyar una de las luchas más importantes del movimiento internacional por el clima. Porque la lucha en Lützerath es la lucha contra el posible aumento de 1,5 grados en el planeta, que afectaría la biodiversidad terrestre.

La policía entró en la zona de Lützerath ya el 2 de enero derribando las primeras estructuras de los ocupantes ilegales, por ejemplo la puerta de madera de la entrada del pueblo. El movimiento climático pretende intensificar bruscamente la movilización hacia el pueblo, ya que se acaba el tiempo para defenderlo. Mientras que ocupaciones climáticas como la de Dannenröder Forst tenían un significado simbólico más fuerte, el impacto climático directo del lignito bajo Lützerath es más que un cruce de fronteras simbólico. El movimiento lo resume muy adecuadamente apelando a que el límite de 1,5 grados está en juego directamente debajo de Lützerath.

Los terrenos y viviendas del pueblo han sido adquiridos por la energética RWE, que dispone de los permisos necesarios para comenzar con las labores de demolición, mientras que los últimos habitantes ya han abandonado la localidad. Una veintena de localidades han sido desalojadas desde la década de 1980 para dejar paso a la expansión de la mina, que desde entonces está en el blanco de las protestas medioambientales. Según los planes actuales, la mina dejará de operar en 2030, en consonancia con el objetivo climático del Gobierno de dejar de quemar carbón en 2038.

En la zona se han asentado desde hace meses grupos de activistas –algunos de ellos, en casas construidas en los árboles– con el fin de resistir contra el desalojo de la localidad por parte de la policía. El número ha aumentado ante la inminencia de la demolición y este lunes se produjeron escaramuzas con las fuerzas de seguridad, después de que estas retiraran por la fuerza a varios activistas encadenados en las vías de acceso a la localidad.

​​​​​Con la ampliación de la cantera Garzweiler II, donde está ubicado el pueblo, podrían extraerse 650 millones de toneladas de lignito, y el impacto sobre el cambio climático sería catastrófico. No se alcanzaría el objetivo climático de París de limitar el calentamiento global a 1,5 grados respecto a la era preindustrial. Según los cálculos actuales, este límite, fijado en la conferencia sobre el clima de París, podría superarse ya en 2026; si se extrae lignito por debajo de Lützerath, esto podría ser más probable. Las previsiones actuales hablan incluso de un calentamiento global de 2,8 a 4,1 grados, sin que los países hagan grandes esfuerzos para cambiarlo. La batalla por Lützerath se está convirtiendo así en una de las más importantes de la política climática de nuestro tiempo.

El 20 de octubre del año pasado, el Gobierno alemán anunció que había llegado a un acuerdo sobre el futuro de la generación de electricidad a partir del carbón. La producción de electricidad con carbón se acabará en 2030, pero con la condición de que se drague el carbón bajo Lützerath. Así, entre otras cosas, dos centrales térmicas de carbón ya cerradas seguirán funcionando hasta 2024. Este compromiso del carbón promete un ahorro de 280 millones de toneladas de CO₂, mientras que la combustión de carbón bajo Lützerath emitirá más del doble de esa cantidad de gases nocivos para el clima.

El Ministro Federal de Economía del partido político Bündnis 90/die Grünen (Alianza 90/los Verdes), Robert Habeck, y la Ministra de Estado del mismo partido, Mona Neubauer, elogiaron el compromiso sobre el carbón como "un buen día para la protección del clima", mientras que el camino hacia el límite de 1,5 grados se hacía completamente imposible. Se trata de una traición sin precedentes al movimiento por el clima. La rabia de los ocupantes se dirige contra este partido y el gobierno de coalición entre los verdes (NdE: como le llaman al partido que plantea un capitalismo verde), SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) y FDP (Partido Democrático Libre), que también han abandonado ya de hecho la protección del clima mediante acuerdos de gas con Qatar y el desarrollo de nuevas terminales de GNL. Como era de esperar, este partido tampoco rompe con la lógica capitalista. La protección del clima no puede lograrse bajo el capitalismo, la lógica interna de la constante apropiación del medio ambiente y del trabajo humano lo hace imposible en última instancia.

Ahora RWE ha obtenido por fin luz verde para la ocupación y demolición del pueblo. El 2 de enero, la policía comenzó con los primeros intentos de desalojo, durante los cuales se destruyeron algunas estructuras y las barricadas de los okupas. Mientras tanto, la policía se dispone a construir una valla de seguridad alrededor de Lützerath. Se supone que el acceso a Lützerath difícilmente podrá garantizarse después del 9 de enero. Por esta razón, la movilización debe proceder rápidamente. El grupo "LütziBleibt!" (Lützisequeda!) hace un llamamiento a todos los activistas para que acudan a Lützerath lo antes posible.

Sin embargo, la práctica de la protección del clima no debe acabar con las acciones de desobediencia civil y las ocupaciones. Tenemos que organizarnos en todos los lugares en los que nos movemos y permanecemos. En escuelas, universidades y centros de trabajo.
Lo que se necesita ahora es la organización conjunta de activistas por el clima y trabajadores de RWE, Vattenfall y compañía. El suministro de energía debe ponerse bajo el pleno control democrático de trabajadores y consumidores.


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