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QUINTA DECLARACIÓN CRT

Un programa anticapitalista y de clase para enfrentar la catástrofe económica que viene

La pandemia de coronavirus promete un escenario de depresión sin precedentes desde la postguerra. Solo la clase trabajadora, levantando un programa hegemónico que dé salida al conjunto de los sectores populares, puede evitar que esta crisis se descargue sobre los de siempre y que esta vez la paguen a los capitalistas.

CRT Estado Español

Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras | @CRTorg

Jueves 23 de abril | Edición del día

La crisis sanitaria del coronavirus deja, hasta el momento, más de 30 mil muertos solo en el Estado español. Un crimen social al que le sigue una crisis económica y social sin precedentes desde la postguerra y que generará aún mayores padecimientos a la clase trabajadora y sectores populares.

Las previsiones económicas para los siguientes meses son catastróficas. Instituciones como el FMI o el BE hablan de una caída del PIB de entre el 8 y el 15%. Sectores enteros, como la hostelería, el ocio y el turismo pueden ser prácticamente liquidados, arrastrando a otros como la construcción y otros servicios. La industria, con el automóvil a la cabeza que exporta el 80% de lo que produce, se va a ver golpeada por la paralización mundial. El posible cierre de Nissan o el anuncio de PSA de que no hay fecha para reanudar la actividad son un terrible botón de muestra.

El desempleo está escalando a una velocidad sin precedentes. A los más de 3 millones de parados previos a esta crisis, se han sumado 1 millón de nuevos despidos en marzo, 4 millones de suspendidos mediante ERTEs -que muchos pueden convertirse en EREs o cierres en los próximos meses-, 2 millones de personas sin ingresos y 1,5 de autónomos en cese de actividad.

La caja de las pensiones está abocada a la quiebra. Su fondo de reserva estaba ya en 1.500 millones y la caída de las cotizaciones de los ocupados puede hacer imposible recaudar los casi 10 mil millones mensuales necesarios para el pago de las pensiones.

Millones de hogares van a ser llevados a la ruina y en muchos de ellos ya no está garantizado ni el abastecimiento diario y suficiente de alimentos, tal y como denuncian trabajadores de los servicios sociales.

No es un “escudo social”, es un rescate a los capitalistas

Esta crisis es mucho más profunda que la del 2008 y existe la posibilidad, como señalaba recientemente la OMS, de que pueda haber nuevos rebrotes de la pandemia que conlleven nuevas paralizaciones económicas que la agraven todavía más.

En lo que sí se parece al 2008 es que todas las medidas de los gobiernos están orientadas a rescatar a los grandes capitalistas, también las del gobierno “progresista” del PSOE y Unidas Podemos. Cuando Pablo Iglesias presume de que esta vez se está rescatando a las familias con un potente “escudo social”, sencillamente está mintiendo.

Su argumento más repetido es que mientras entonces se desahuciaron familias y cortaron suministros, ahora esto se ha prohibido. Oculta que se trata de un aplazamiento de seis meses, es decir una mera tregua -obligada por otro lado por la emergencia sanitaria- en la guerra declarada, no al virus, sino a las clases populares.

Las demás medidas de vivienda -a las que miles de familias no se han podido acoger por no cumplir los requisitos administrativos- buscan en primer lugar garantizar que la banca y los especuladores no pierdan ni un euro de alquileres e hipotecas que se aplacen. Lo harán aumentando la deuda de las familias más vulnerables.

Dicen que han protegido los empleos con los ERTEs, el mismo mecanismo empleado con en la crisis anterior, en el que mientras los trabajadores pierden el 30% del salario, las grandes empresas con beneficios multimillonarios se ahorran los salarios y se los cargan directamente al Estado. O dicen que han prohibido los despidos por coronavirus, cuando simplemente han elevado la indemnización y no han revertido el millón de despidos de marzo.

A los autónomos y pequeños productores les han concedido un subsidio miserable que en limpio no llega ni a los 600 euros, una promesa de créditos del ICO que no llegan y un aplazamiento de impuestos que deberán abonar en solo unas semanas.

Lo más duro del ajuste está por venir

Mientras tanto a la banca le ofrecen 100 mil millones en avales para que “inyecten liquidez”. Un mecanismo que es en realidad un rescate bancario por anticipado. Los bancos están empleando estos avales para refinanciar los créditos ya existentes. De esta manera, en caso de aumento de la morosidad, será el Estado quien se hará cargo de los impagos.

Las ganancias de los grandes capitalistas o las grandes fortunas quedan totalmente exentas de toda medida. Mientras millones se hunden en la miseria, el gobierno “más progresista de la historia”, no ha establecido ni un solo impuesto a los más de 50 mil millones de beneficios del IBEX35 o a los más de 30 mil millones en que se incrementó el patrimonio de las grandes fortunas en 2019.

Los recursos para este rescate los quieren obtener de aumentar todavía más la deuda pública. El gobierno ha pedido para ello ayuda a la UE, que ha aprobado mecanismos que podrían elevar la deuda pública española hasta el 120% del PIB a final de año. Un aumento de la deuda a cambio de comprometerse a aplicar las restricciones de gasto que marque Bruselas y, por supuesto, honrar el artículo 135, ese perverso mecanismo que ha estado detrás de que la sanidad pública haya perdido 20 mil millones de inversión en 10 años.

El PSOE y Unidas Podemos quieren que este ajuste histórico sea una responsabilidad compartida de todos los agentes del régimen mediante el Pacto de Reconstrucción, lo nuevos “Pactos de la Moncloa”. La patronal y la burocracia sindical parecen los más abiertos a avalar esta tanda de ataques. La derecha está entre la colaboración de Cs, el no rotundo de Vox, y el algo más tibio no del PP. No porque no compartan que el ajuste debe ser sobre las condiciones de trabajo y de vida, pueden hasta considerar que éste debe ser aún más duro. La clave es que preferirán no quemarse y esperar sentados el relevo para proseguir el trabajo empezado por Sánchez Iglesias. Igual que hizo Rajoy con la obra de Zapatero.

Solo la clase trabajadora puede imponer una salida a la catástrofe que nos amenaza

La única perspectiva que pueden ofrecernos los distintos partidos del régimen, incluida la “izquierda” devenida en nueva “casta”, es la del desempleo masivo, un brutal aumento de la precariedad, nuevos ajustes para pagar la deuda y un empobrecimiento de amplias capas.

Pero este no es un destino inevitable. Como tampoco lo era que la crisis sanitaria se transformara en el crimen social que está siendo. En ambos casos la condición para evitarlo era tocar los intereses y beneficios de los grandes capitalistas.

Hoy estamos ante una disyuntiva crucial. O la patronal, su gobierno y sus partidos imponen una salida basada en el desempleo, la pobreza y la liquidación de conquistas sociales, o la clase trabajadora impone un programa de emergencia contra esta catástrofe, que afecte los intereses de los grandes capitalistas y reordene la economía en favor de satisfacer las necesidades de las mayorías sociales, no del lucro de unos pocos.

Nacionalizar la banca, los sectores estratégicos y las viviendas de los especuladores

Como primera medida es imprescindible la nacionalización de la banca y todo el sector financiero. Que se prohíba la salida de los grandes capitales mediante la estatización de todas las entidades y que, bajo el control de comités de trabajadores y trabajadoras, se puedan condonar las deudas a los autónomos, pequeños propietarios y familias abocados a la ruina y garantizar crédito barato para su supervivencia.

También es necesario nacionalizar todas las empresas estratégicas, como las eléctricas, de transporte o distribución de alimentos. En medio de esta pandemia hemos visto como Mercadona, uno de los cinco pulpos de la agroalimentación que está abocando a la ruina a los pequeños productores del campo, subía los precios de primera necesidad hasta un 10%. Todas esas empresas deben ser estatizadas y puestas bajo el control de sus trabajadores para garantizar los puestos de trabajo, condiciones dignas y que ni los suministros ni los bienes y servicios esenciales falten a nadie.

Hay que pelear por prohibición total de los desahucios, así como la suspensión de los alquileres e hipotecas mientras dure la emergencia. Junto con esas medidas elementales, es necesario luchar por la expropiación inmediata de todos los pisos en propiedad de fondos de inversión, la banca y los especuladores, para la creación con ellos de un gran parque de vivienda pública con precios que no superen en ningún caso el 15% de los ingresos del hogar.

Para que sean los grandes capitalistas quienes paguen la factura hay que luchar por impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y a los beneficios empresariales. El aumento de las grandes fortunas en 2019, más de 30 mil millones, debería ser requisada en su totalidad e imponer un impuesto a los grandes patrimonios del 20%. Solo de los 100 primeros nos reportaría otros 30 mil millones. Para las empresas del IBEX35, que no pagan ni el 20% del impuesto de sociedades, un impuesto del 50% a sus beneficios de 2019, que reportaría otros 25 mil millones. Si a junto con esto se dejan de pagar los intereses de la deuda, que fueron 30 mil millones el año pasado, habría un total de 115 mil millones para ponerlos a disposición de reforzar el sistema sanitario, construir nuevos hospitales, viviendas sociales, reconvertir la industria y sectores que sean intervenidos, garantizar las pensiones y retornar a los países semicoloniales donde muchas de estas multinacionales han extraído sus beneficios para atender la crisis sanitaria y social.

Control obrero y reordenación de la economía para luchar contra la crisis sanitaria y el paro

Para que se garanticen condiciones de seguridad e higiene, empleo para todos y el mantenimiento de los salarios, es necesario que en todos los centros de trabajo se establezcan comités de trabajadores y trabajadoras para garantizar que la vuelta a la actividad se hace de manera segura. Comités controlados por representantes de los trabajadores que tengan potestad para paralizar la actividad si no hay epis, tests y protocolos de prevención, así como para reconvertir todas las empresas que sea posible para atender la crisis sanitaria y social y producir test, epis, respiradores y todo lo necesario.

Estos comités deberían además servir para enfrentar las consecuencias de la crisis económica. Que tengan para ello acceso a la contabilidad de la empresa, que garanticen que no hay rebajas salariales ni de condiciones y que se reduce la jornada para poder contratar a desempleados de sectores paralizados con las mismas condiciones.

En caso de que los empresarios se nieguen o quieran despedir o cerrar, es necesario ocupar los centros de trabajo para preservarlos de cualquier vaciamiento. Esta es una medida esencial para la preservación de las fuentes de trabajo, en la perspectiva de exigir su nacionalización bajo el control de sus plantillas y su puesta en producción bajo control obrero.

Recuperar los sindicatos en manos de la burocracia sindical, impulsar asambleas y comités en los centros de trabajo

Para que sectores de la clase trabajadora puedan empezar a pelear por un programa y una perspectiva así es necesario superar el corsé que suponen las direcciones burocráticas de CCOO y UGT, que llevan años dejando pasar todos los ataques y lo siguen haciendo. Para ello hay que pelar por recuperar las secciones, comités y sindicatos en manos de quienes actúan cada vez más como los lugartenientes de las patronales y el gobierno en el movimiento obrero. Promover asambleas y comités en los centros de trabajo, que unifiquen a los activistas sindicales combativos sean del sindicato que sean, junto a los precarios y los no sindicalizados, es una tarea esencial para unificar las filas de nuestra clase. Al mismo tiempo, hace falta tender alianzas con la juventud, los estudiantes, las familias de inquilinos, quienes se han quedado sin ingresos o les quieren condenar a una supervivencia en la miseria, para pelear juntos e imponer una salida de este tipo.

La situación que tenemos por delante es histórica. Y la historia nos demuestra que ante crisis de la envergadura como la que está planteada, los estados capitalistas solo responden con grandes padecimientos y un refuerzo autoritario para imponérnoslos.

En definitiva, se trata de sentar las bases para resistir estos ataques, y desde ahí poder pasar a la ofensiva, mandar al museo de historia estas democracias capitalistas y poder hacer efectiva una verdadera democracia de las y los explotados y oprimidos, una república de las y los trabajadores basada en los organismos de lucha y autoorganización que podamos constituir en este combate.

Por una izquierda anticapitalista y de clase a la altura de una crisis histórica

Llegamos a esta crisis con una izquierda neorreformista que nació del cuestionamiento del ajuste de la crisis de 2008 y el bipartidismo español, y ahora ha devenido en una nueva “casta” que es parte de quienes aplican un nuevo ajuste aún peor que entonces. Lamentablemente en estos años una gran parte de la izquierda social y política sucumbió a la ilusión de la hipótesis neorreformista siendo parte de este proyecto, como Anticapitalistas.

Una hipótesis que se basaba en que la gestión progresista del estado capitalista era la vía para revertir una década de ataques y recortes. Hoy ni se han revertido todos esos recortes, y lo que es peor, desde esa gestión del estado capitalista vuelven a demostrar que lo único que nos pueden ofrecer es que el ajuste también lo pueden aplicar los gobiernos “progres”, como ya le pasó al pueblo griego con el gobierno de Syriza.

La izquierda independentista catalana encabezada por la CUP, por su parte, se plantó ante el Régimen del 78. Sin embargo, oscila permanentemente entre un discurso anticapitalista y la ilusión de construir una república social de la mano de los que privatizaron la sanidad en Catalunya. Al final, con ERC y JxCat, ni república ni mucho menos social. Madrid y Catalunya han estado a la cabeza de muertos, las dos regiones con mayores recortes y privatizaciones.

Hoy es más necesario que nunca fortalecer la izquierda que se propone luchar por que la crisis la paguen los capitalistas y romper totalmente con las hipótesis que nos han hecho llegar a la peor crisis con una izquierda reformista que viene jugando el triste papel de médico de cabecera del capital.

Es hora de avanzar en construir una fuerte izquierda anticapitalista y de la clase trabajadora, que tenga claro que medidas como las que hemos planteado no vendrán de tal o cual gobierno de turno, sino que solo se podrán imponer desarrollando la movilización y la autoorganización de la clase trabajadora y los sectores populares. Una izquierda que dedique todas sus fuerzas militantes y posiciones a fortalecer esto.

Desde la CRT, la organización que impulsamos Izquierda Diario, proponemos abrir este debate a las diferentes organizaciones de la izquierda anticapitalista del Estado español. A formaciones como Anticapitalistas, que rompieron con Podemos tras su entrada en el gobierno con el PSOE, o la CUP, que viene denunciando en las Cortes como el gobierno “progresista” actúa como un gobierno neoliberal cualquiera, y organizaciones como Izquierda Revolucionaria -que impulsa el Sindicato de Estudiantes-, Corriente Roja, Lucha Internacionalista o Izar.

Como parte de esta batalla, a todos aquellos que comparten nuestra propuesta y perspectiva, os invitamos a que os suméis a los círculos virtuales de la Izquierda Diario y seáis parte del apasionante desafío de construir un partido revolucionario de trabajadores y trabajadoras que se prepare para vencer.







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