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Red Internacional

Un día como hoy pero de 1857 abrió por primera vez sus puertas el espacio que fue considerado como el mejor teatro lírico del mundo y que actualmente posee la mejor sala acústica para ópera y la segunda mejor para conciertos del mundo.

Domingo 25 de abril | 11:26

“Después de dos años de arduos trabajos se iban a abrir las puertas de un fastuoso teatro que se llamaría Cristóbal Colón. Se había levantado sobre el que fuera el solar de Garay allá por los primeros tiempos de la Conquista en el llamado “Hueco de las Ánimas”. Decían que almas en pena deambulaban sin poder regresar a su lugar ni tampoco incorporarse a la vida de la ciudad. El sitio, que se caracterizaba por la soledad y el abandono, estaba frente a la Plaza Mayor. El teatro se edificó en el local que hasta 1855 había ocupado desde principios de siglo el viejo Coliseo”. Con estas palabras, la escritora Ana María Cabrera se refirió en una de sus novelas al acontecimiento del año para la elite bonaerense.

Ubicado en las actuales esquinas de Reconquista y Rivadavia, la inauguración del teatro surge en plena presidencia de Justo José de Urquiza, al mando de la entonces Confederación Argentina. Por aquella época, el continente europeo era un modelo indiscutido de referencia, y fue bajo este tenor en que los proyectos de la provincia de Buenos Aires para la modernización del territorio incluyeron la creación de un puerto, una aduana, ferrocarril, compañía de gas y una ópera.

Primer Teatro Colón, en Plaza de Mayo, hoy manzana del Banco Nación (1857-1888).

La ciudad se transformaba por la introducción de cambios productivos y técnicos, ahora más estrechamente ligada al comercio mundial, y en continuo crecimiento. Para la época ya poseía casi 90 mil habitantes y registrará casi 178.000 en el censo de 1869.

Fue en este marco en el que en 1805 cuando se adquirieron las tierras para un "Coliseo estable de comedias", luego se pensó en la creación del Teatro Colón, para deleite y placer de una pujante burguesía que, atravesada por un fuerte crecimiento económico, comenzaba a navegar a sus anchas entre las profundas desigualdades ya presentes.

Para la inauguración no existieron escatimaciones de ningún tipo: se trajo en barco desde Francia a Lucerna, una araña de cuatro toneladas con 450 picos de gas, una completa innovación ya que sería la primera vez que un teatro no estuviera iluminado con velas y contrataron a la soprano Sofía Vera-Lorini y al tenor Enrico Tamberlick, ambos de origen italiano, para interpretar a La Traviata de Giusseppe Verdi.

Sin embargo, el lujo y la fastuosidad tendrían fecha de vencimiento: en 1887 fue vendido al Banco Nación para ser utilizado como lugar de oficinas y tuvo que cerrar sus puertas. Pasarían 20 años para volver a ser emplazado en el lugar que actualmente ocupa, a pocas cuadras del Obelisco, para su segunda y definitiva inauguración el 25 de mayo de 1908. Sin embargo su historia, será el tema para una próxima entrega.




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