Sociedad

CÓRDOBA

Un nuevo caso de linchamiento, esta vez en Córdoba

A tono con lo que viene sucediendo en los últimos días a nivel nacional, el domingo en Córdoba se dio un hecho atroz de la mal llamada “justicia por mano propia”.

Juan Pablo Aguilar

Integrante del CeProDH y de la Juventud del PTS

Martes 20 de septiembre de 2016 | Edición del día

Los hechos: dos jóvenes en moto habrían arrebatado la cartera de una joven de 17 años y huido. Un taxista que contemplaba la escena aceleró su auto, los atropelló y empezó a pegarles en el suelo. “Les di un poco de cariño”, dijo en los medios. No estaba solo, vecinos de la zona se acercaron a la escena para colaborar con la golpiza, hasta sumar un número cercano a 50. Mientras tanto, algunos policías que habían sido alertados observaban la escena. Recién al llegar el tercer patrullero consideraron “suficiente” la paliza y llevaron a ambos jóvenes al hospital. Desde luego, en el informe omitieron que de esos golpes habían participado casi 50 personas y que habían sido chocados por un taxi.

Estos hechos se dan en medio de una semana de bombardeo mediático y declaraciones del gobierno, en la boca de Mauricio Macri y Patricia Bullrich, en torno a la “justicia por mano propia” o la “defensa legítima”. No importa cómo se designe este accionar (el fiscal que tomó la causa en Córdoba dijo que los vecinos habían realizado una “aprehensión privada”), la idea es que los sectores medios saquen su “fascista” de adentro y salgan a “hacer patria”, ya sea linchando o disparando a quienes presuntamente delinquen.

No puede pasar desapercibido que esta cantilena constante y las declaraciones de funcionarios tienen su repercusión. ¿O acaso el mencionado taxista no recuerda al carnicero de Zárate, quien atropelló con su auto a quienes le habrían robado y mató a uno de los jóvenes? ¿Y los vecinos que salieron en patota a linchar no se parecen a los de Rosario, reproducidos hasta el hartazgo en todos los canales?. Mientras sobran voces de aliento hacia quienes cometen estos hechos, pocas personas se detienen a pensar en los por qué de la delincuencia, dejando de lado una explicación más profunda e intentando zanjar todo debate con palos o plomo, así de brutal.

El gobierno y los medios pretenden desviar la atención del ajuste en curso y los efectos que esto produce en las condiciones de vida de los trabajadores, instalando fuertemente el debate sobre la inseguridad y jugando a profundizar lugares comunes para fortalecer un pensamiento más a la derecha que legitime la política de mano dura. Mientras las inversiones sigan lejanas, que no falte circo.

Algunos golpes de efecto rayan en el absurdo, como el proyecto de ley para que los códigos penales incorporen la figura específica del “motochorro”. Esta primicia salió anunciada en el diario La Nación, que lo comparó con un proyecto presentando en Colombia que prohibía la circulación de más de una persona por moto. Eso sí, de destapar la complicidad del aparato policial en el delito organizado, ni hablemos.

Córdoba, la mano dura y la saturación policial

Hace unos meses, el mismo gobernador Schiaretti dijo que la “inseguridad” es producto de la desigualdad social. Lo hizo en uno de los tantos actos de presentación de nuevas camadas de policías, que llegarán a 27.000 este año. Estos dichos vienen de quien no sólo va por su segundo mandato, sino que integra la fuerza política que hace 17 años gobierna la provincia.

Es necesario detenerse a pensar en qué contexto se dan estos hechos. La provincia de Córdoba es un paraíso de la precarización laboral en la juventud, tiene un desfinanciamiento importante en los sistemas de Salud y Educación y una política de saturación policial en los barrios periféricos, que este año tocó un nuevo techo. Un caldo de cultivo perfecto para la desigualdad social a la que hace mención el gobernador.

En Córdoba, la misma Policía cumplió con el papel de espectador de lujo en este linchamiento, pero en muchos casos directamente decide sobre las vidas de los jóvenes de los sectores populares. En 2014 hubo más de un joven muerto por mes a manos de la Policía. Cristian Guevara fue uno de ellos; lo acusaron sin pruebas de haber robado una cartera y el linchamiento lo protagonizaron los mismos policías, dándole muerte después de una golpiza brutal en la calle que incluyó el uso de una picana. Luego quisieron disfrazar todo de suicidio en la celda de la Comisaría. Es la misma Policía que protagonizó el narco-escándalo que destapó la complicidad de la fuerza con el negocio del narcotráfico organizado.

Lo que se puede ver cada vez que surge uno de estos hechos es el cinismo de los voceros de los diferentes gobiernos y un sector importante de los medios de comunicación que caen en un círculo vicioso. La exigencia del mayor control social no hace más que garantizar las condiciones de vida precarias de los sectores trabajadores y fortalece al aparato que organiza y administra los grandes crímenes de los que depende el pequeño delito.







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