Mundo Obrero

50º ANIVERSARIO DEL CHOCONAZO

Un mundo convulsionado: Argentina en un contexto de lucha de clases

Los conflictos a nivel mundial crecieron en los años 60 y 70, afectando a los países capitalistas desarrollados y dependientes, con manifestaciones veladas en los socialistas, como la Unión Soviética, o más claras en Checoslovaquia y Polonia. Expresión de ese proceso fueron las luchas por la liberación nacional en los países coloniales, y comenzó a revitalizarse la disputa por la autodeterminación de minorías nacionales, como en el caso de Irlanda, el país vasco, Québec, etc.

Domingo 15 de marzo | 11:57

La profundidad con que se manifestaba a nivel mundial la situación económica era despareja. Afectaba más al sistema norteamericano que al japonés o europeo y especialmente al MCE y dentro de éste se veían economías en expansión como la de Alemania Occidental.

El freno de la producción industrial y agraria, sumado a las dificultades para la planificación de la economía, marcó la crisis económica en los países socialistas, que fue creciendo desde 1960.

En esos años se vivieron la Revolución Cubana, el Mayo francés, el asesinato del Che Guevara, el otoño caliente del 69 en Italia, la Guerra de Vietnam, las luchas por los derechos civiles en EEUU, y el surgimiento de la nueva izquierda en varios países. Nació una contracultura en las artes, las letras, la música, la vida cotidiana, la sexualidad, la vestimenta, las costumbres.

Golpes, proscripciones y democracia restringida

En Argentina, la etapa entre 1955 y 1966, se abrió y cerró con un golpe militar, donde se dieron restauraciones “democráticas” con proscripciones, momentos de violencia y otros de consenso pasivo. Fue un periodo de crisis del sistema, de la democracia parlamentaria, de la representación política y un estado deliberativo en las Fuerzas Armadas.

Se evidencio una mayor presencia de las inversiones extranjeras, progresivo control de la economía por los monopolios internacionales, polarización de las fuerzas sociales y se intensifico la conflictividad social.

Así se sucedieron el golpe militar del 55, la Revolución Fusiladora para unos y Libertadora para otros, proscripción y persecución del peronismo, resistencia del pueblo, pacto Perón-Frondizi, gobierno desarrollista, nuevo golpe militar, democracia restringida, gobierno de Illia, y otro golpe cívico-militar en 1966.

Un nuevo golpe de militares y civiles

Desde 1963, las relaciones entre el Ejército, el sindicalismo, los medios de prensa y el gobierno radical fueron cada vez más distante. Entre los militares se hicieron fuertes las opiniones de conformar un gobierno que excluyendo a los partidos políticos, integrara a las FF. AA con poderosos empresarios y jerarcas sindicalistas. A su vez una campaña periodística minó el prestigio del gobierno, acusándolo de lento e ineficiente.

La prédica dio sus frutos el 28 de junio de 1966, cuando un movimiento encabezado por el Gral. Juan C. Onganía destituyo al presidente Arturo Illía. El proyecto llamado pomposamente “Revolución Argentina”, se sustento en el desprestigio del sistema parlamentario ante los ojos de la clase obrera y de los sectores medios, que hicieron suyas las consignas lanzadas desde el gobierno “Abajo el Parlamento”, “Abajo los partidos políticos que nada solucionan”, “Adelante con la Revolución Argentina”.

A medida que el gobierno dictatorial fue avanzando en su gestión esa “revolución esperada y prometida” mostró su verdadero rostro al irse profundizando la crisis, la creciente acción represiva ante las luchas en ascenso, y se fue deteriorando más y más ese ensayo que al decir de sus impulsores “no tenía tiempos ni plazos, sino objetivos”, y esquematizaron sus metas en los llamados “tiempo económico”, “tiempo social” y “tiempo político”.

En lo económico, el plan de Krieger Vasena, se proponían una transición hacia el desarrollo de la industria pesada y la infraestructura necesaria. El proyecto recibió el apoyo del FMI (stand by por 125 millones de dólares en marzo de 1967) y del gobierno de Estados Unidos.
La crisis comenzó cuando no se pudieron mantener la estabilidad de los precios internos de los productos agropecuarios, que fueron en progresivo aumento. Los signos fueron inflación creciente, recesión y las economías regionales en crisis y estado terminal.

Buenos muchachos: Vandor, Coria, Alonso, Taccone

No llamó la atención en el acto de asunción de Onganía, la asistencia de empresarios y sindicalistas, se confirmaba así el acuerdo entre las FF. AA, el poder económico y la delegación de dirigentes sindicales que estuvo integrada por Vandor, Izzeta, Taccone, Niembro y Coria, por las “62 Vandoristas”; Alonso y Cristófoli lo hicieron por las “62 de pie junto a Perón”, mientras por los llamados sindicatos independientes lo hizo Armando March.

Cuando a escasos días de su asunción el gobierno, decidió la disolución de los partidos políticos, clausurando sus locales e incautando sus bienes e intervino las Universidades, muchos se preguntaron ¿Por qué no la CGT? Se estaba cumpliendo un compromiso, y en virtud de ello, la central obrera se negó a tomar partido en el problema universitario y apoyo sin reservas la disolución de las agrupaciones políticas.

La posterior firma del convenio de los metalúrgicos en la Casa de Gobierno, fue otro símbolo de la buena relación de Vandor y algunos sindicalistas con los militares.

A pesar de ello, entre las primeras medidas tomadas por la dictadura estuvo la sanción de la ley 16.936 de “Arbitraje Obligatorio”, medida duramente criticada por los sindicalistas, ya que la misma limitaba el derecho de huelga. En febrero de 1967, la CGT intento presionar al gobierno anunciando un plan de lucha. Los militares contraatacaron con rapidez: se denuncio la existencia de un plan terrorista, se interrumpió el diálogo con la central obrera y se suspendió la personería gremial de la FOTIA, Unión Ferroviaria, UOM, FOETRA y otros sindicatos.

Los anunciados reordenamientos portuarios y ferroviarios, provocaron huelgas. Se agregaron paros en General Motors, empleados de farmacia, lecheros, papeleros, textiles, metalúrgicos, transporte, portuarios, maestros, construcción. En Tucumán los enfrentamientos de los obreros de los Ingenios azucareros, con las patronales y la política impulsada desde el gobierno llevaron a la ocupación de varias empresas, manifestaciones, y hasta choques armados, lo que origino una fuerte represión, con la trágica muerte de Hilda Guerrero de Molinas.

La agresión hacia las conquistas históricas de la clase obrera continuó en los años venideros. Agustín Tosco las sintetizo “retiro de personería a sindicatos, desconocimiento de las representaciones laborales en organismos del estado, imposición del arbitraje obligatorio, anulación del salario mínimo, vital y móvil, legislación contra el derecho de huelga, anulación de la ley 1884 de indemnización reduciendo sus montos a la mitad, cesantías, suspensiones, rebajas, de categorías, perdidas de salario, suspensión de la estabilidad en varias convenciones colectivas de trabajo: aumento de la edad para jubilarse y régimen de alquileres de libre contratación”.

Desde 1967 creció la relación de los sindicatos colaboracionistas con el gobierno. Por su parte, Vandor decidió dar batalla por la conducción del peronismo, y lanzó su célebre frase: “para salvar a Perón, hay que estar contra Perón”, unificando dos alas de las 62 Organizaciones. Pero, surgió un sector llamado “Nueva Corriente de Opinión”, liderado por José Alonso (Sindicato del Vestido), Rogelio Coria (Construcción) y Juan José Taccone (Luz y Fuerza), que planteaban dejar de lado los métodos de presión y colaborar abiertamente con el régimen militar.

La hora de la lucha antidictatorial: nace la CGT de los argentinos

El Congreso Normalizador de la CGT, citado para el 28 de marzo de 1968, fue el momento para que las distintas corrientes del sindicalismo chocaran entre sí.

Buena parte de los delegados, concurrieron con un espíritu de hostilidad hacia los sindicalistas “colaboracionistas” y “participacionistas”. La CGT quedó quebrada en dos. Se retiraron tanto vandoristas como colaboracionistas, constituyendo la “CGT de Azopardo”, que paso a ser la “CGT oficialista”, mientras que el resto de los gremios conformaron la CGT de los argentinos (CGTA) o de Paseo Colón.

Como Secretario General de la CGTA, se designo a Raimundo Ongaro, y el conglomerado de fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles que la integraron lo hicieron tras un programa antiimperialista, antimonopolista, antioligarquico y contra la dictadura militar.

Sus principios se explicitaron en el “Mensaje a los trabajadores y el pueblo. Programa del 1º de Mayo de 1968”, que paso a ser un documento histórico de los trabajadores argentinos, redactado por Rodolfo Walsh, mientras que Ongaro le dio los últimos retoques. El programa se presento en el acto por el día de los trabajadores, encabezado por Raimundo Ongaro y Agustín Tosco, en el Córdoba Sport Club. Sus principales consignas fueron “Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra” y “Unirse desde abajo y organizarse combatiendo”.

Luego se sucederían en el pais, los alzamientos populares, conocidos como Los Azos del 69. La rebeldía bajo del norte santafesino, con la Marcha del Hambre, desde Villa Ocampo, se sucedieron en mayo el Correntinazo, el Primer Rosariazo, el Cordobazo, y en septiembre el Segundo Rosariazo o el Rosariazo Proletario, y llegaría el Choconazo. La represión fue dejando una estela de asesinatos: Santiago Pampillon, Hilda Guerrero de Molinas, Cabral, Bello, Blanco, Maximo Menna, y muchos otros.







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