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Un centroizquierdismo a la medida de Bergoglio y Carolina Stanley

La ruptura de Victoria Donda con Libres del Sur y el lanzamiento político de Juan Grabois marcan el intento de poner en pie un frente que sirva de base para la unidad de un sector del peronismo y el kirchnerismo. Una centroizquierda clerical y de la paz social.

Martes 18 de septiembre | Edición del día

Foto: Donda y Tumini juntos, en el lanzamiento de En Marcha.

La semana pasada se conoció la ruptura entre Victoria Donda y Humberto Tumini en Libres del Sur. El punto de conflicto entre la diputada y el dirigente histórico de la fuerza estaría en cuál es la estrategia electoral a seguir.

Donda y su fracción, aparentemente cirscunscripta a la regional Capital y la mayoría de la Provincia de Buenos Aires con el Movimiento Barrios de Pie, acusan a Tumini de usar una teoría conspirativa para justificar alejarlos de la fuerza. Su argumento es que los históricos de Libres del Sur no estarían interpretando “las nuevas corrientes de acción y pensamiento político y social que la etapa por la que atraviesan Argentina, la región y el mundo trae consigo”, según un comunicado del sector de Donda y Daniel Menéndez.

La estrategia del sector de la diputada sería acordar con Felipe Solá para participar de un frente común con el kirchnerismo y el peronismo opositor como se dejó entrever en el acto de lanzamiento de En Marcha. Recordemos que Solá era gobernador de Buenos Aires cuando la bonaerense asesinaba a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán e integrante del Frente Renovador que ha sido garante de la gobernabilidad macrista desde la primera hora.

En respuesta, el sector de Tumini y Jorge Ceballos planteó que, para cerrarle el paso a la derecha, es necesario desechar a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner como parte de cualquier armado opositor porque “el nivel de crítica y rechazo a su figura en la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas es lo que permitiría muy probablemente elevar la competitividad política del actual Presidente y su coalición, como sucedió en el 2015 y 2017. Como también que su figura impediría, con absoluta seguridad, la unidad opositora, beneficiando así al gobierno”.

Para esta ala de Libres del Sur se trataría de mantener la alianza con Margarita Stolbizer y los socialistas que en las últimas elecciones acompañaron al candidato derechista del Frente Renovador Sergio Massa.

Juan Grabois, el candidato de Bergoglio

También se conoció el lanzamiento político de Juan Grabois, abogado y referente de la CTEP, como cabeza del Frente Patria Grande para participar, desde ahí, en un “frente patriótico” que sirva de apoyatura a la candidatura de CFK.

Según explicó Itai Hagman de Patria Grande, el armado trata de valorar “el rol que Cristina asumió como líder de la oposición frontal a Macri y al modelo neoliberal”, sin explicar en ningún momento todos los silencios funcionales al Gobierno de Mauricio Macri y el apoyo político que diputados y senadores surgidos de las listas del FpV han brindado desde que gobierna Cambiemos.

Resulta poco creíble la afirmación que hace una de las referentes del espacio, la abogada Elizabeth Goméz Alcorta, cuando sostiene que con Grabois “somos emergentes de los dos actores centrales de esta etapa política: la economía popular y el feminismo, dos movimientos heterogéneos que no tienen una representación política directa”.

Grabois no solo se opone públicamente al aborto sino que afirmó que “si el planteo de la separación de la Iglesia y el Estado se utiliza como una forma de propaganda para atacar al Papa Francisco como figura pública y lo que él expresa en términos de posicionamiento social, en términos de crítica al sistema capitalista y sus formas neoliberales, desde luego que hay una instrumentalización de eso. No hay que ser fanático del papa para darse cuenta”.

Es peligroso que el ropaje feminista sea utilizado como un “salvavidas” para las posiciones en contra de los derechos de las mujeres y la defensa de los privilegios de la Iglesia católica que constituyen uno de los puntos centrales de la política del referente de la CTEP.

La paz social que desea Carolina Stanley

En una charla en el mes de junio en el centro Torcuato Tasso, donde participó la diputada del PTS-FIT Myriam Bregman, Juan Grabois sostuvo respecto a la ministra de Desarrollo Social de la Nación Carolina Stanley que “si mañana viene la ministra, esta que yo digo que es buena y todos me putean, y podemos cerrar un buen acuerdo para que los compañeros estén un poco menos peor de lo que van a estar no tengo ninguna duda de que lo vamos a hacer”.

Esa definición se hacía en junio, cuando ya el saqueo que significaba la sangría de la deuda externa y el acuerdo con el FMI estaba en marcha.

Grabois también ha sabido calificar a la hija del expresidente del Citibank como “una persona de muy buena leche que hace las cosas con muy buena leche”. Curiosamente el dirigente de la CTEP, por lo menos hasta antes de la profundización de la política de saqueo al servicio del FMI, separaba un macrismo neoliberal y perverso que hambrea al pueblo de un macrismo “bueno” que negocia planes y bolsones de comida para paliar el mismo hambre que su política provoca.

Más allá de las palabras, en 2016, mientras arreciaban los despidos de trabajadores en el Estado, el mismo Grabois junto a Barrios de Pie (que hoy acompaña a Donda) firmaron un acuerdo por la Emergencia Social donde comprometían a las organizaciones firmantes a mantener la paz social hasta el 2019.

El feroz ataque a las condiciones de vida del pueblo pobre y trabajador volvió aquel acuerdo una letra muerta. Pero su firma muestra cómo el papel del llamado triunvirato de San Cayetano es el de evitar cualquier tipo de legítimo desborde popular contra Cambiemos.

Salvar las instituciones o asamblea constituyente

El referente de la CTEP sostiene, tal como se puede ver en una entrevista televisiva reciente con el periodista Luis Novaresio (A24) que “es muy malo para la Argentina otra interrupción institucional”. Y a tal fin es muy claro en su formulación de cómo enfrentar el ajuste que ha liquidado el salario y condena directamente al hambre a millones de trabajadores y desocupados de nuestro país: “tenemos una opción firme por el diálogo democrático y porque la organización comunitaria sea la respuesta frente a la exclusión y que los proyectos de país se diriman en las urnas”.

Consciente de que esta posición es cada vez más difícil de defender, el dirigente amigo del Papa debe reconocer amargamente que “es muy difícil explicarle a un compañero que para cambiar el modelo de país, para que deje de haber un gobierno de ricos para ricos, hay que esperar un año más”.

Obviamente que es muy difícil explicarle a un trabajador que no tiene para darle de comer a sus hijos o pagar las cuentas o conseguir una simple garrafa donde cocinar que, en nombre de la “democracia”, hay que permitir el saqueo del imperialismo sobre el país y el aprovechamiento de los capitalistas para hacer que los costos que la crisis que provocaron lo paguen los trabajadores y el pueblo pobre. Grabois no esta llamando a defender las libertades democráticas amenazadas por un ajuste que viene de la mano de la represión, sino a garantizar la continuidad institucional, es decir del gobierno de Cambiemos y la derecha empresarial.

La democracia burguesa en la Argentina actual es un régimen degradado, viciado por la corrupción y los negociados entre empresarios y funcionarios. Que desconoce, como sucedió el 8 de agosto en el Senado con la votación contra el aborto, las demandas de las grandes mayorías populares y que con el acuerdo de los partidos patronales, garantiza la gobernabilidad de Cambiemos que esta lanzado a imponer su programa de ajuste. Una democracia degradada y condicionada por una avanzada de la casta oligárquica que conforma el llamado partido judicial, que amenaza con proscribir a los candidatos opositores. La democracia burguesa se presenta cada vez más como la envoltura de la dictadura del capital financiero que impone sus condiciones bajo la amenaza continua de los golpes económicos, un régimen que de conjunto acepta la perdida de soberanía y el sometimiento político a los dictados del imperialismo y el FMI.

El planteo de Grabois termina siendo salvar a las instituciones existentes. Lo opuesto por el vértice a la demanda de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que levantamos desde el PTS en el Frente de Izquierda, para discutir la reorganización del país sobre la base de la derrota del plan de Macri y el FMI, el no pago de la deuda externa, la ruptura con el imperialismo, la expropiación de las 4.000 familias dueñas de la tierra, la nacionalización de la banca y todas las medidas necesarias para hacer que la crisis la paguen los capitalistas que la provocaron.

El “poner la otra mejilla” y aguantar, propio de la prédica católica, no es más que un favor que se le hace a la derecha empresarial en el poder para que mantenga su gobernabilidad. En esto acompaña a la burocracia sindical.

Apagando chispas

Grabois reconoce que no está solo en la titánica tarea de apagar las chispas que pueden encender una pradera seca. Tal como graficó ante Novaresio, “Cristina no está con el encendedor en la mano. Imagínate si ella saliera a decir ahora ‘vendan los pesos que tienen porque esto se va todo al carajo’. Estos son los momentos donde los que creemos en la cultura del encuentro a veces tratamos de decirle ‘che, ¿viste que no estaba tan bien hacerle revanchismo a este?’”.

No es casual. Los dirigentes sindicales que se referencian en el kirchnerismo en la AGTSyP (Subte) y Foetra (Telefónicos) acaban de firmar convenios a la baja con cláusulas de paz social, el primero, y de flexibilización laboral, el segundo.

Las centrales docentes universitarias, con el apoyo militante de Patria Grande y el kirchnerismo, entregaron la lucha educativa a cambio de migajas cuando el movimiento crecía en fuerza y organización. Todos compartiendo la premisa de "hay 2019".

Pero esperar a 2019 significa, lisa y llanamente, la derrota del pueblo trabajador, trabajar para desorganizar sus fuerzas y disipar sus luchas, capitular frente al avance del saqueo nacional y las posiciones cada vez más reaccionarias que cercenan las libertades democráticas y fortalecen con más potencia la salida represiva.

Hay 2019 para rescatar al peronismo

Tanto Grabois como la fuerza de Donda son parte del triunvirato de los movimientos sociales que responden al Papa y prometen la paz social. El armado electoral de Grabois y Patria Grande, como apoyatura del kirchnerismo, y los movimientos de Donda hacia un acuerdo amplio con el peronismo, expresan que el nuevo centroizquierdismo se plantea como dos variantes de rescate del peronismo en crisis, en contra del surgimiento de una fuerza independiente de los trabajadores que se construya llamando a derrotar el plan de Macri y el FMI, que es la perspectiva que levanta el Frente de Izquierda.







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