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BRASIL

Un banquero oficialista: perfil del nuevo presidente de Petrobrás

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Sábado 7 de febrero de 2015 | Edición del día

Fotografía : Wikipedia

Petrobrás confirmó ayer que Aldemir Benedine, presidente del Banco do Brasil, es el nuevo presidente de la gigante petrolera brasilera. Esta decisión fue tomada luego de la renuncia de la presidente Graça Foster y de cinco directores de la empresa, que habría ocurrido a pesar del acuerdo entre Graça y Dilma por el cual permanecería en la empresa hasta marzo.

La elección de Benedine como nuevo jefe de la mayor empresa del país no apunta a la solución de la crisis que atraviesa Petrobrás. Hay una grave crisis política y económica de la empresa ligada a su alto endeudamiento, agravada por la caída de los precios del petróleo y falta de confianza en la empresa. Sectores petistas y la mayor federación de petroleros, la Federación Única de Petroleros, han utilizado en las redes sociales el aumento de la producción de la empresa para negar la realidad, como si no hubiese crisis. El aumento de la producción no es de la magnitud necesaria para hacer frente a las deudas en caso que la crisis se agrave. Esta actitud de negar la realidad en nada ayuda a enfrentar la real cuestión en juego durante las crisis: cómo y quién debe controlar el petróleo.

En primer lugar, el “mercado”, es decir, los actores interesados en el aumento de la privatización de la empresa, no han recibido bien la designación. Las acciones de la empresa cayeron más del 8 % en un primer momento. Como hemos señalado en otro artículo, las presiones por la vía de los accionistas, de la empresa auditora PwC y de los medios, son por aumentar la privatización de la empresa. La indicación de un funcionario de carrera del Banco do Brasil, con supuestas relaciones con el PT, no apunta a un camino rápido y sin contradicciones hacia rumbo que esos sectores quisieran ir.

Sin embargo, como ya empieza a ser dicho por sectores ligados al gobierno y al PT, esta designación no sería una barrera a la mayor privatización de la empresa. Es verdad que Benedine fue uno de los responsables por la implementación de la política de expansión de créditos en medio de la crisis de 2009, mostrándose alineado a los mandos del gobierno Lula y por lo tanto apareciendo como alguien “controlable” por el gobierno en Petrobrás. Pero al mismo tiempo, fue un campeón en aumentar el grado de privatización del banco. Fue bajo su comando que el Banco do Brasil se involucró en la controvertida compra del Banco Votorantim que favoreció a la familia del recientemente fallecido empresario Antônio Ermírio de Moraes. También fue en su gestión que aumentaron las empresas mixtas del Banco do Brasil con el gigante privado Bradesco, como es el caso de la empresa de tarjetas de crédito y débito Cielo. Para seguir la lista privatista de este banquero oficialista, también fue durante su gestión que ocurrió la apertura de capitales del BB Seguros.

Desde el punto de vista del noticiero “policial” Benedine tampoco parece una elección sensata. En noviembre del año pasado, puso su cargo a disposición de Dilma debido a la denuncia realizada por un ex chofer por acto de corrupción, y por facilitar préstamos ilegales a una mujer de la alta sociedad.

Por estos motivos, además de la continuidad de la operación “Lava-Jato” -que tiene a todos con los pelos de punta, sobre todo si los ejecutivos presos decidiesen entrar en el esquema de “delación premiada”- es esperable que la crisis de la empresa continue desarrollandose.

Desde el punto de vista de los trabajadores, seguimos bajo una fuerte presión por el aumento de la explotación y precarización en la empresa. Está claro que de las manos de este banquero o de nombres aún más ligados al “mercado” no hay garantías de que la riqueza petrolera sea controlada democráticamente y puesta al servicio de los trabajadores y del pueblo. Eso solo podrá ser hecho por nosotros mismos, los trabajadores, si controlamos la empresa. Sale director, cambia la dirección y los petroleros no tienen el menor derecho a opinar y decidir, ya que los mismos políticos involucrados en los escándalos son los que resuelven todo. Solo una dirección elegida por los petroleros, con mandato revocable y control de los trabajadores podrá sacar a la empresa de la crisis.







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