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Red Internacional

Brasil. Un Lula más "al centro" para lograr el resurgimiento de la derecha tradicional

Cómo busca la prensa burguesa y sus analistas, a nivel nacional e internacional, dar forma al nuevo gobierno de Lula

Lunes 31 de octubre | 20:30

Son solo unas pocas horas las que separan al país del "interminable" pleito electoral que le dio a Lula un tercer mandato sin precedentes -en tiempo de gobierno, solo perdería ante las varias presidencias del expresidente Getúlio Vargas- y que convirtió a Jair Bolsonaro en el primer presidente desde 1988 en no lograrlo defender su reelección. En otro artículo hicimos un primer análisis.

La frescura de los resultados no impidió que la prensa mayoritaria y sus analistas oficiales buscaran empujar a Lula hacia el centro. Mucho más, mejor dicho.

Mientras Bolsonaro todavía "duerme" en el silencio de sus dudas y no se pronuncia (dejando en su familia las primeras expresiones públicas sobre la derrota electoral), la orquesta periodística llama a una "transición pacífica y segura". En cuanto a Lula, la orden es que sea un pacificador moderado que enfríe los ánimos del país, complazca los mercados con sólidas reglas fiscales y construya un frente tan amplio que pueda abarcar las múltiples expresiones de la derecha neoliberal tradicional (incluidos sus economistas y ideólogos). En palabras de Edmar Bacha, el creador del Plan Real durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, “ todo en el discurso [de Lula] estuvo muy bien, pero sobre todo el comienzo, en el que dice que no fue una victoria del PT, sino de la alianza democrática".

Cabría preguntarse en qué país estuvieron los últimos 10 meses, con Lula ampliando sus acuerdos a la derecha, negando cualquier posibilidad de derogar las atroces reformas laborales y de seguridad social, y aliándose con los grandes empresarios agrupados en la Fiesp (Federación de Industrias del Estado de São Paulo) y Febraban (Federación Brasileña de Bancos). En inútil pensar la respuesta, porque el objetivo de los verdaderos factores de poder es condicionar lo más posible al nuevo gobierno tras años de beneficios con el mandato de Bolsonaro y su ministro de Economía, Paulo Guedes.

El diario Folha de Sao Paulo no perdió el tiempo . "Lula, en el centro", titula su editorial. Según el periódico, gran parte del triunfo de Lula se debe al rechazo a Bolsonaro (evita cuidadosamente hablar del aspecto económico de este rechazo), enfatizando su truculencia e ímpetu autoritario. Luego destaca que el presidente electo debe "dar evidencia inmediata de responsabilidad presupuestaria y voluntad de ir al centro, política y económicamente. Debe rodearse de expertos y cuadros calificados, más allá del estrecho radio de los aliados del partido y de la izquierda”.

Esa fue la tonada de Lula, cuya locomotora política siguió un camino lineal hacia la derecha hasta el triunfo presidencial. Con el derechista Geraldo Alckmin como su lugarteniente, reunió apoyo entre las fuerzas de la ex derecha tradicional tucana (como se llama a los partidarios del Partido de la Social Democracia Brasileña), que llegaba hasta el mismo expresidente Fernando Henrique Cardoso (FHC), incluyendo a los creadores del Plan Real (Armínio Fraga, Edmar Bacha, Lara Resende, Pedro Malan, Persio Arida, entre otros). Reunió el apoyo de banqueros como Henrique Meirelles y João Amoedo. A partir de la segunda vuelta, contó con el apoyo de la derechista Simone Tebet (MDB) y de Marina Silva (Rede), y una pléyade de políticos de derecha que en los últimos tiempos eran acérrimos defensores del golpe institucional que interrumpió el mandato de Dilma Rousseff.

Pero la orden es seguir el curso "hacia el centro" (a la derecha). Merval Pereira, del sitio O Globo, insiste en este curso ("Mucho más allá del PT" ), cantando las virtudes del Frente Amplio. “El resultado de la elección presidencial, con la estrecha victoria del expresidente Lula, demuestra que el esfuerzo de formar un frente amplio a favor de la democracia fue fundamental para superar el peligro de la continuidad de un proyecto de poder autoritario que provocó la retroceso del país en puntos fundamentales ”. La misma opinión del politólogo Otavio Amorim Neto: el PT debe difundir "la política de frente democrático que lo apoyó en la campaña electoral y hacer un gobierno de amplia coalición".

Hay cambios sustantivos que la prensa dominante pretende no advertir. La campaña de Lula ya tenía en su ADN la fusión de las antípodas electorales del bipartidismo surgido en 1988 -PT y PSDB- como parte del núcleo programático de lo que será el nuevo gobierno. No en vano recibió el apoyo de amplios sectores del gran capital. El gobierno de Lula se convierte en una incubadora para el posible resurgimiento de una derecha tradicional que se ha derretido en el PSDB (pese a la conquista de varios gobiernos estaduales) y que necesita tiempo para nutrirse. Esta situación de vacío en la derecha tradicional, cuya base fue fagocitada por el bolsonarismo, permite intentar ocupar este espacio poco atractivo en tiempos de polarización social asimétrica. Como dice Bruno Carrazza, en el sitio Valor : "En otros momentos de la historia no tenía sentido que el PT se convirtiera al centro, ya que fue ocupado primero por el MDB de Ulises [Guimarães] y luego por el PSDB de la FHC. Hoy, hay un vacío político allí. Avanzar hacia el ’Centro Democrático’ -ese mismo heredero de los viejos partidos históricos el MDB y PSDB- es la única salida que tiene Lula para gobernar" . Esto tiene una connotación más programática que organizativa. Significa dar fundamento a la recreación de una "derecha democrática" que sea flexible en la agenda de costumbres (como lo ordena el Partido Demócrata estadounidense), pero de derecha en la agenda económica.

El conservador diario O Estado de Sao Paulo, publicó su "Lula tiene el deber de calmar los ánimos", consigna de la clase dominante para organizar una transición pacífica en medio del caos. Feroz vocero de la burguesía paulista, el periódico también está interesado en recrear una derecha que no alimente el bolsonarismo, como si el mundo político brasileño pudiera retroceder en la historia, antes de 2016 o más atrás. Celebra la derrota electoral de Bolsonaro sabiendo que el bolsonarismo se mantendrá fuerte en todo el país, y urge por responsabilidad fiscal, económica, política y más giros a la derecha de Lula especialmente en su programa económico. "Si es un inmenso alivio pensar que Brasil no tendrá, por los próximos cuatro años, a Jair Bolsonaro en la Presidencia de la República, es necesario reconocer que el resultado de las elecciones de este domingo está lejos de despejar el horizonte nacional. [...] La derrota de Jair Bolsonaro en las urnas no significa que el bolsonarismo haya terminado. Si de algo sirvió esta campaña electoral fue para mostrar cómo el mensaje de Bolsonaro sigue resonando en muchos corazones”.

El diario Estadão quiere una oposición al gobierno de Lula, distinta al bolsonarismo, y enfrenta una de las cuestiones más difíciles para este segmento de la clase dominante: ¿cómo hacer surgir una derecha que no alimente el fenómeno bolsonarista? “A partir de enero de 2023, Jair Bolsonaro no estará en la Presidencia de la República, pero el país seguirá teniendo que lidiar con él y sus simpatizantes. Entre otros aspectos, esto trae enormes desafíos al debate público y a la composición de una oposición eficaz y responsable al PT, que será más necesaria que nunca”. La pregunta es más fácil que la respuesta. Quienes alimentaron a la extrema derecha ahora se encuentran atrapados entre dos fuerzas que absorben prácticamente todo el espacio político y dividen a Brasil en dos.

O Globo abre la posibilidad de que "Lula redima el país"... siempre y cuando comprenda su misión. “Si, como insiste Lula, su misión es hablar con todos los sectores de la sociedad para construir consensos, el momento de empezar es ahora, cuando se reúna el equipo de gobierno. Él precisa reunir nombres con credibilidad suficiente para hacer resurgir al país de los escombros del bolsonarismo". Esto es así porque Lula se enfrentará a un mundo político adverso, especialmente en el Legislativo, donde el bolsonarismo tiene concentradas sus fuerzas por el fortalecimiento de las bancadas evangélicas y del agronegocio . Michael Stotts, del Financial Times, toma este lema para mostrar la división en el país que difícilmente podría subsanarse. "El asombroso aumento de las iglesias evangélicas es un elemento; su rebaño ahora incluye a casi uno de cada tres brasileños. El poder de cabildeo de la agroindustria, que representa casi el 30% del producto interno bruto, es otro. Ambos son fuertes impulsores del conservadurismo social y del capitalismo de Estado mínimo. Ninguno de los dos desaparecerá bajo un gobierno de Lula".

Además, entre los distintos gobiernos de Lula, Globo reclama al que hizo los ajustes fiscales entre 2003 y 2006. " ¿Qué Lula gobernará? ¿El socialdemócrata de la primera mitad del primer mandato? ¿El que defendió un ajuste fiscal a largo plazo?" capaz de reducir la deuda pública, aumentar el superávit primario, impulsar reformas para mejorar el clima de negocios, mejorar los instrumentos crediticios y reducir las restricciones a la competencia en el sector privado o el nacional-desarrollista que vino después, el que apoyó el aumento descontrolado del gasto, la distribución de beneficios a compadres del gobierno, sectores y empresas escogidas a dedo a cambio de apoyar el proyecto de poder del PT, hundiendo a Brasil en el abismo sin fondo de la corrupción”.

La crisis económica deja aprensiva a la prensa, que quiere ajustes en las cuentas públicas y acabar con el gasto de Bolsonaro, que ha comprado respaldo parlamentario y votos masivos en los últimos meses. El mensaje de O Globo es que la burguesía quiere más ajustes contra el pueblo trabajador.

En la misma línea, Matias Spektor, profesor de relaciones internacionales de la Fundaçión Getulio Vargas, cuestionó la viabilidad de las promesas de gasto de Lula, en línea con la exigencia de "responsabilidad fiscal" de toda la burguesía. “[Lula] fue elegido con la promesa de aumentar el gasto público, pero no podrá hacerlo por falta de fondos. Y no tendrá mayoría en el Congreso. Su coalición es ideológicamente amplia, y será una gran reto de mantenerlo unido para aprobar legislación". La economista Juliana Damasceno se hace eco de las amenazas: “Huir de una reorientación clara y creíble de la conducción de las cuentas públicas condenará al próximo gobierno, desde el primer momento, a otra crisis económica y a una inestabilidad política no despreciable”. Sergio Lamucci, de Valor, dice que “La economía brasileña debería perder fuelle, debido a la combinación del efecto del fuerte ciclo de altas tasas de interés y la desaceleración global -o recesión-. Con eso, el PIB tiende a avanzar entre 0,5% y 1% el próximo año, luego de crecer entre 2,5% y 3% este año. Para hacer frente a este entorno más hostil y de menor expansión de los ingresos, será fundamental definir claramente cómo se gestionarán las cuentas públicas. El nuevo gobierno deberá definir el tamaño de la asignación para gasto extra en 2023 y el diseño de la nueva regla fiscal, que se espera reemplace o modifique el techo de gasto".

Los ataques anteriores deben seguir es la condición de oro para el gran capital. Es la reivindicación clara del mundo financiero, por ejemplo a través del sitio británico The Economist, " Su próximo paso debe ser el nombramiento de un ministro de Hacienda prudente. Lula debe reiterar que no revertirá las privatizaciones, a las que se opuso en su momento, y explicar cómo pagará las grandes promesas de gasto. Eliminar un tope de gasto, introducido en 2016 después de la recesión, por lo que debe asegurar a los mercados que habrá una nueva regla fiscal sensata para reemplazarlo".

Esta presión por cuentas ajustadas será permanente. No es posible saber los ritmos a los que esta "profesión de fe" se hará realidad en nuevos ajustes, pero es el programa económico del gobierno Lula y su vice Alckmin, su relación con banqueros e industriales, el diálogo con "todos independientemente de los partidos", además de la promesa de no revertir las reformas ultraliberales, implica un camino que difícilmente se apartará de la ortodoxia en medio de promesas de incrementos salariales por encima de la inflación. Douglas Rodrigues de sitio Poder360 señala que las promesas de Lula costarán 117 mil millones de reales, y que por cada 1% de aumento del salario mínimo, las cuentas públicas aumentan 6 mil millones. “Aparte de eso, hay un déficit primario previsto por el ministerio de Economía de 64 mil millones de reales para 2023. Total: un déficit de al menos 181 mil millones reales”. La orquesta del mundo financiero sabe lo que quiere.

La editorial del sitio JovemPan, francamente bolsonarista, aceptó la derrota y llamó a sus correligionarios a "manifestar defensa y confianza en la decisión soberana del pueblo". Dicho esto, ya en la órbita del bolsonarismo en la oposición, lanzó la agenda de demandas. “Es deber del nuevo presidente continuar con los avances económicos logrados hasta ahora”, es decir, los ataques a los trabajadores y a los pobres. “Es papel del nuevo gobierno mantener el foco en las agendas de desburocratización y privatización que fortalecerán nuestra economía”, es decir, con más privatizaciones. “Es deber del nuevo gobierno garantizar las libertades individuales, asegurar la libertad de expresión y el mantenimiento de una prensa libre”, es decir ,la libertad del sector privado para explotar cada vez más a la clase trabajadora . Rezando el rosario ultraliberal de Bolsonaro, promete máxima presión.

Esta manera de plantear el problema es una forma de establecer las líneas rojas para un nuevo gobierno dispuesto a seguir el mandato del gran capital que lo apoyó en la campaña, aunque con un proyecto de administración capitalista diferente al de Bolsonaro. Las ilusiones de la "administración humana" del capital y el control estatal sobre ciertos "excesos", retomando la narrativa de la combinación de "responsabilidad fiscal con responsabilidad social", mientras se defiende un imaginario democrático y cultural antibolsonarista, fueron las marcas iniciales del discurso de Lula. La pregunta es cuánto tiempo podrá mantenerlo, en un país que, guste o no, son "dos Brasil".

Esto nos devuelve a la reflexión "al centro" de Carrazza. Dice que el supuesto "radicalismo del PT" fue responsable de algunos de sus "principales errores históricos: la abstención en la elección de Tancredo, el voto en contra del texto definitivo de la Constitución, la negativa a firmar un acuerdo programático con el PSDB en la segunda ronda de 1989 y la condena del Plan Real en 1994". Carrazza argumenta que, de haber permanecido fiel a sus orígenes, el PT podría haber tardado mucho más en llegar a la Presidencia de la República. Sin embargo, hubo un cambio de rumbo radical después de las tres derrotas de Lula entre 1989 y 1998. Algo similar debería considerar el nuevo gobierno hoy. "Lula sólo consiguió un tercer mandato porque revitalizó las bases del PT y reconquistó parte de su electorado original, la clase media trabajadora de las grandes ciudades del Centro-Sur del país. Sin embargo, el PT difícilmente regresaría al Palácio do Planalto en este momento si no fuera por el apoyo de líderes y votantes vinculados a los herederos del antiguo MDB -desde Geraldo Alckmin hasta Simone Tebet- pasando por FHC y economistas del plan Real.".

De hecho, la cuestión se invierte. Es cierto que, para hacer posible la victoria de Lula en 2002, el PT se fue hacia la derecha: construyó una amplia coalición y los líderes oligárquicos del PMDB (Movimiento Democrático Brasileño) en los estados, se alió con el empresariado, eligiendo José Alencar como diputado y saludó al mercado con la "Carta al Pueblo Brasileño". Muchos de estos movimientos ahora se han realizado a gran escala, en un rango previamente desconocido. La actual "Carta" estuvo dedicada a las cumbres evangélicas, contra el derecho de las mujeres al aborto y contra los derechos de la comunidad LGBT. La vieja carta fue sustituida por la encarnación de Alckmin, garante del apoyo de los empresarios agrupados en la Fiesp y Febraban, que quieren una agenda económica favorable a los mercados de capitales sin la inestabilidad de Bolsonaro. El apoyo de la administración Demócrata, que gobierna Estados Undiso, sugiere acuerdos con el imperialismo estadounidense, sin dejar de lado los negocios con China. El resultado es que la arquitectura heredada no se toca seriamente y se favorece la presión del bolsonarismo.

Toda esta ampliación del frente de Lula y Alckmin logró darle más votos a Bolsonaro y fortalecer la extrema derecha, una conclusión política que se deduce de todo el panorama latinoamericano, como en el caso de Chile: la conciliación siempre fortalece a la derecha. El "giro al centro" del PT que lo hizo viable para el establishment capitalista allanó el camino para el surgimiento de la extrema derecha. Fue lo que catapultó al agronegocio, a los líderes evangélicos, al aparato estatal represivo y al autoritarismo judicial en el lulismo de los 2000. Las nuevas alianzas con alas del viejo MDB original, con Geraldo Alckmin y Simone Tebet, pasando por FHC y otros dirigentes del PSDB, reactiva este sendero. Pero en una etapa histórica diferente. Esta versión del “giro al centro” prepara el surgimiento de un nuevo experimento de la llamada derecha “democrática” con su agenda neoliberal, con la diferencia de que no pasaron en vano los cuatro años del bolsonarismo. No se puede invertir el reloj de la historia.

Compartimos el sentimiento de odio contra Bolsonaro de todos los trabajadores y jóvenes que rechazaron a la extrema derecha, y nos regocijamos por la derrota electoral de Bolsonaro. Al mismo tiempo, advertimos que no es posible enfrentar el bolsonarismo en alianza con la derecha tradicional, como lo hacen Lula y el PT. Será un gobierno que cede mucho a las presiones de esa derecha. Es necesario preparar la lucha contra el bolsonarismo, y el legado de reformas que dejó el golpe institucional de 2016, independientemente del gobierno organizando la lucha desde la base.

Mientras los grandes medios burgueses defienden con fiereza su programa para que el "frente amplio" que llevó a Lula a la presidencia prepare el regreso de la derecha neoliberal como fuerza política propia en el país, nuestro desafío es construir un proyecto capaz de superar al PT desde la izquierda, en una alternativa independiente. de la clase obrera y de todos los sectores oprimidos y explotados que restituyan el horizonte ideológico de la juventud y de los trabajadores a la perspectiva concreta del socialismo revolucionario.


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