Sociedad

ABUSOS SEXUALES

Últimas noticias del paraíso de los abusadores (o del Vaticano)

El caso Provolo deja cada vez más en evidencia a Bergoglio. Nuevos y viejos documentos descolocan a los enviados del Papa, que quieren embarrar la cancha para encubrir y proteger a sus curas pedófilos.

Daniel Satur

@saturnetroc

Lunes 22 de mayo de 2017 | 00:00

Foto Diario Jornada

El escándalo de los curas abusadores en en el Instituto Provolo de Mendoza salpica cada vez más a Bergoglio. Lo que viene anticipando La Izquierda Diario desde hace meses empieza tener un peso específico en la causa judicial en la que ya están detenidos los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho, la monja Kosaka Kumiko y tres empleados del colegio.

En la última semana el caso estuvo en todos los medios debido a que los abogados que representan a las víctimas entregaron en la fiscalía que investiga el caso un documento que demuestra que Jorge Bergoglio no podía desconocer, al menos desde 2014, que Corradi (82 años) tiene un terrorífico historial como delincuente sexual y que había sido enviado a Argentina, donde como director de las sedes del Provolo de La Plata y Mendoza siguió teniendo bajo su poder a cientos de menores de edad.

Carta marcada

Ese documento es en verdad una carta, fechada el 22 de octubre de 2014, que reitera lo dicho por la Asociación de Sordos Provolo (que nuclea a los exestudiante) en muchas otras oportunidades pero que en este caso había sido enviada especialmente a la más alta jerarquía eclesiástica, desde el obispo de Verona hasta el Papa Francisco. Una carta que Bergoglio recibió pero que nunca respondió.

La carta dice, además, que Corradi fue enviado a la sede del Provolo de La Plata junto a otros tres curas italianos, a los que se cita con nombre y apellido, acusados también en Verona por reiterados abusos sexuales y violencia contra menores.

Era lógico que la presentación oficial de esta carta, que incrimina directamente al Vaticano, causara revuelo mediático. Sin embargo lo que la querella presentó el jueves en sede judicial ya había sido hecho público por la Asociación de Sordos de Verona, replicado por la red L’Abuso (que nuclea a víctimas de abuso sexual del clero de toda Italia) y publicado por algunos medios comprometidos con la causa de las víctimas, entre ellos La Izquierda Diario. Toda esa información está disponible desde el 12 de enero, por ejemplo, en una nota de este sitio titulada “Pruebas de una ’santa’ asociación ilícita para defender a los curas pedófilos”.

Lo que hasta el momento no causó el revuelo mediático que se merece es que, también por acción de las víctimas italianas, el Vaticano sabe desde 2009 que Corradi y sus colegas están acusados de infinidad de abusos y violaciones cometidas desde hace más de cuatro décadas. Algo que también fue publicado por este sitio, que está documentado y que quien quiera conocerlo no tiene más que hacer un par de clics.

Lo grave del asunto es que si Joseph Ratzinger primero y Jorge Bergoglio después, con su cohorte de secretarios y funcionarios, hubieran entregado al Poder Judicial de Italia a los criminales sexuales cuando fueron denunciados públicamente, muy probablemente decenas de niñas y niños, de entre 4 y 17 años, sordos e hipoacúsicos de La Plata y Mendoza, no hubieran sufrido violaciones, torturas físicas y psicológicas e incluso situaciones rayanas con la muerte. O al menos no las hubieran sufrido por parte de Nicola Corradi (ahora preso), de Giovanni Granuzzo (a quien “repatriaron” a Italia hace poco tiempo), de Giuseppe Spinelli (fallecido en Mendoza hace seis meses pero cuyo deceso nunca fue oficialmente informado por la Iglesia) y Eliseo Primati (refugiado actualmente en el Provolo de La Plata), todos ellos denunciados en 2009 y cuyos nombres aparecen rubricados en la denuncia de 2014.

En una nota del diario Clarín del último viernes se intentó minimizar la fortaleza de la prueba incorporada al expediente en Mendoza. Según la crónica, la carta “intenta demostrar que el Papa Fracisco” sabía de los curas denunciados. ¿Cómo “intenta desmostrar”? No. Está demostrado. La búsqueda de incomodar lo menos posible a Su Santidad puede dejar al borde del ridículo a más de uno.

Foto Diario Jornada

Simón, el enviado del señor

En este contexto, desde la red L’Abuso y también desde las querellas plantean que el Vaticano estaría encarando un avance en su estrategia de intervención en el caso, pasando de una primera etapa de recolección de información a una segunda más activa, queriendo meterse de lleno en la causa.

Desde esa perspectiva interpretan la llegada hace ya varias semanas a Mendoza de una “comisión investigadora” conformada por dos curas cordobeses enviados especialmente por Bergoglio. Se trata de Dante Simón y Juan Martínez, cuya llegada no está pasando para nada desapercibida en Mendoza.

Simón, vicario judicial del Vaticano (una especie de fiscal interno que tiene la Iglesia para “investigarse” a sí misma), salió a decir por los medios mendocinos que quiere “proteger” a las víctimas y que siente “vergüenza por todo lo que pasó”. Pero curiosamente hace todo lo que contrario.

Por un lado, lo primero que hizo cuando llegó a Mendoza fue dedicarle horas a sus colegas Corradi y Corbacho, en visitas secretas en las que indudablemente se abocó a pergeñar la cohartada para hacerlos zafar lo máximo posible.

Luego le pidió a la fiscalía de Mendoza “acceder” al expediente, alegando privilegios eclesiásticos dignos de la Santa Inquisición. El pedido, inicialmente negado por el fiscal, finalmente fue concedido por el procurador de Mendoza Alejandro Gullé. Fuentes judiciales dijeron a este diario que el acceso al expediente no sería total, sino “con reservas”. Como sea, el Vaticano ya metió sus narices en la causa y ahora cuenta con información preciada para planificar futuras extorsiones y aprietes a las víctimas e incluso adulterar pruebas.

Como si fuera poco, Simón también busca embarrar la cancha. Ante el fracaso de intentar reunirse en secreto con las víctimas, el enviado de Bergoglio admitió ante la prensa que “el centro de la investigación son las personas denunciantes, no los sacerdotes denunciados”. Y de forma intriguista puso signos de interrogación sobre el equipo de abogados de las familias querellantes.

Tan seguro está en el posible éxito de su estrategia, que incluso Simón se animó a dudar de las niñas y niños que relataron las aberraciones cometidas por Corradi, Corbacho, la monja Kumiko y algunos de sus empleados. Ante el sitio Mendoza Post llegó a desplegar incluso un argumento temerario. “Hay personas despechadas... Por ejemplo una chica, un chico, se enamora de un sacerdote y éste no le responde... Tan despechado puede ser el varón como la mujer... Entonces lo denuncian”, dijo.

No mentirás, dice el mandamiento

No todo termina ahí. La semana que pasó la fiscalía de Luján de Cuyo, a través de Flavio D’Amore, les solictó expresamente a ambos “investigadores” del Vaticano que colaboren con la causa y aporten (antes del fin de semana) toda la documentación que esté en poder de la Santa Sede y refiera a casos de abusos sexuales cometidos por los involucrados en esta causa, sobre todo si hubo antecedentes en La Plata y en Italia.

Ante el pedido del fiscal, Simón y Martínez primero alegaron no poder hacerlo por estar amparados en el “secreto pontificio”. Luego, tras las advertencias del funcionario judicial sobre las consecuencias que puede tener un falso testimonio, los curas respondieron que aportar esa documentación “será un trámite lento” y que puede llevar “mucho tiempo”. Por lo pronto, no cumplieron con la orden de entregar ese material el viernes. Y por lo que ellos mismos dicen está latente la amenaza de que nunca aporten nada.

Paola González, madre de una de las niñas denunciantes de Corradi, Corbacho, Kumiko y sus cómplices, exige públicamente que los curas enviados por el Vaticano “devuelvan el expediente, porque allí están los datos de las víctimas. Ya recibimos llamados, desde un número con característica de Córdoba, y cuando atendemos se quedan callados del otro lado. No nos van a asustar y no nos vamos a callar. Porque ellos nos tocaron lo más sagrado a nosotros”.

¿Por qué ninguno de los periodistas amigos de Bergoglio o ninguno de los grandes medios argentinos entrevistan a Francisco y le piden, con las pruebas a la vista, que dé una explicación de este accionar del Vaticano ante un hecho que, a esta altura, ya se convirtió en el mayor escándalo de la historia en temas de delitos sexuales cometidos por curas en la Iglesia argentina?

A veces ser más papistas que el Papa puede trascender lo meramente simbólico y convertirse en una abierta complicidad.

Mirá el documental No abusarás (el mandamiento negado en la Iglesia de Francisco)







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