UNSaM: La democracia maltrecha en la universidad

Contra toda legalidad, una junta electoral conformada por un claustro único, quiere imponer una proscripción a una lista del Frente de Izquierda. El juego de un organismo que prioriza su prestigio antes que garantizar el ejercicio de derechos.

Sábado 21 de abril de 2018 | Edición del día

Esta última semana, las universidades nacionales se vieron atravesadas por un hecho inédito desde la vuelta de la democracia. Frente a la incredulidad de estudiantes y docentes, una junta electoral de claustro único intenta proscribir una lista estudiantil para el Consejo de Escuela de Humanidades, nada menos que en la Universidad Nacional de San Martín.
La junta impuso al Frente de Izquierda condiciones de presentación de lista por fuera del reglamento electoral. Primero recibió la lista de candidatos el jueves 05/04, luego dijo que no podía darla por recibida y solicitó documentación complementaria. Impusieron durante dos dìas condiciones arbitrarias apoyados en ambigüedades de dicho reglamento. Una vez que accedieron a recibir la documentación, esperaron hasta el último día antes de la oficialización de listas para comunicar que todo había sido entregada fuera de término. En pocas palabras, dilataron la recepción de la documentación para luego decir que era tarde, esta actitud demuestra una burda animosidad pocas veces vista.

¿Que busca la Junta electoral?

La razón de ser de este organismo sería garantizar el normal desarrollo de las elecciones y el ejercicio de los derechos democráticos de la comunidad universitaria, interviniendo en cada instancia que sea necesaria para lograrlo.
A pesar de que a la querida UNSaM no le faltan escándalos (no nos referimos a la caja negra de miles de millones de pesos que se manejó a discreción dando lugar a la intervención de personajes nefastos como el Juez Bonadio, sino a las altísimas tasas de deserción que padecen los estudiantes o a los trabajadores y docentes que pasan meses sin cobrar o sin contrato), esta Junta Electoral insiste en mantener una posición que podríamos encuadrar en un exceso de formalismo, para no decir insólita. El Frente de Izquierda presentó la documentación junto con recursos legales, el apoyo de los estudiantes expresado en cientos de firmas y, para coronarlo, todas las listas del claustro estudiantil se pronunciaron formalmente para repudiar la proscripción. Incluso lo hizo el competidor directo en las próximas elecciones, lógico que nadie quisiera ir a una elección de lista única donde todos saben que hubo proscripción del contrincante. Es claro que al régimen universitario, representado en este caso por la Junta Electoral, le pesa guardar su “prestigio” en el bolsillo y reveer sus decisiones, tanto que está dispuesto a sumergir a toda la universidad en una nebulosa institucional con imprevisible final.

¿Por qué están dispuestos a tanto sin sentido?

Entendemos que este organismo siente la potestad para actuar por encima de toda legitimidad o representatividad. Desde ya la junta electoral tiene que ser objetiva e independiente, pero si analizamos su accionar hasta el momento, podemos afirmar que no lo es. Detrás de ella está un régimen universitario gobernado por un sector ampliamente minoritario, que se elige a sí mismo y percibe grandes privilegios por administrar la universidad. No queremos que el Rector Carlos Greco ni la decana de Humanidades Silvia Bernatené se ruboricen, pero nos referimos a que las principales autoridades cobran millones de pesos al año del presupuesto. Este gobierno universitario parece transmitir sus mismos métodos antidemocráticos a todos los órganos que componen el régimen: decisiones a puertas cerradas que pueden, o no, tener que ver con la voluntad de la mayoría de la universidad y los principales afectados por dichas decisiones. “De tal palo, tal astilla”.

¿Quién merece semejante trato?

Ya dijimos que la lista que se intenta proscribir es la del Frente de Izquierda y además la respuesta de los estudiantes demuestra la plena conciencia de que se ve afectada la vida democrática de toda la universidad. Más allá de eso, a veces podemos no reparar en los individuos que componen cada proyecto colectivo. Queremos por ejemplo detenernos en la apoderada y candidata de Humanidades, Florencia Silva. Florencia tiene 21 años y hace 4 trabaja en el barrio Carcova, en José León Suárez, es alfabetizadora de niños y adolescentes. Les propondríamos imaginar su labor cotidiana, pero seguramente no hay imaginación que alcance para representarse las situaciones de miseria, dolor y violencia a las que son expuestos cotidianamente los chicos de las barriadas más humildes donde viven millones de trabajadores, situaciones con las que Florencia tiene que lidiar para enseñar. Tendremos que limitarnos entonces a sentir una súbita bronca y quedarnos con el nudo en la garganta. Su vocación la hizo elegir la carrera de Ciencias de la Educación, en la que cursa segundo año. No conforme con eso, e impulsada por la imperiosa necesidad de que la universidad tiene que estar al servicio de resolver los problemas de la sociedad y de que este sistema de miseria no da para más, se organiza en la agrupación Pan y Rosas por los derechos de las mujeres, que pelea junto los trabajadores y los estudiantes. Florencia hoy es la voz del Frente de Izquierda en UNSaM, y es esa voz la que quieren silenciar con la proscripción. Así de brutal puede ser este prolijo régimen universitario, por eso nos preguntamos: ¿Hay democracia en la UNSaM?.







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