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Red Internacional

Trabajar turnos rotativos tiene repercusiones negativas en nuestra forma de vivir. Esta modalidad de trabajo no solo altera los tiempos de descanso, recreación y disfrute sino que tiene repercusiones en la salud. Aquí mencionaremos los principales problemas.

Lunes 2 de mayo | 09:58

Se estima que 700 millones de personas de todo el mundo siguen ahora ese patrón de trabajo, lo que representa más o menos un 20 por ciento de la fuerza laboral global.

Existen numerosos estudios que confirman, partiendo de las alteraciones en el ritmo circadiano y el sueño, que surgen probabilidades de contraer cáncer, diabetes, ACV, patologías gastrointestinales, problemas psiquiátricos como depresión, ansiedad, y problemas psicosociales.

En un sistema donde la producción está pensada en función de las ganancias de las patronales y no en las necesidades sociales, la salud de los trabajadores y trabajadoras es la que se pone en juego para complacer la irracionalidad capitalista. Veamos algunas de las principales afecciones.

La alteración del ritmo circadiano

Con las variaciones constantes de los horarios de sueño el foco de la problemática reside en la alteración de nuestro ciclo circadiano, el cual funciona como un reloj biológico, esta palabra significa “alrededor del día”, y es quien regula las funciones fisiológicas de nuestro organismo. Regula no sólo los ciclos de sueño/vigilia, sino también los procesos como la función intestinal, la temperatura corporal y la secreción de hormonas necesarias para reponer nuestras defensas, reparar tejidos y renovar nuestras células. Cuando comienza la oscuridad la glándula pineal empieza a trabajar, durante todo el día va acumulando serotonina y por la noche produce melatonina. Esta hormona ayuda, al ser un potente antioxidante, a disminuir la oxidación, la cual puede causar ataques al corazón e intervenir en la presencia de hipertensión arterial, coopera en la estimulación del sistema inmunológico.

El contratiempo del sueño puede aparejar problemas como diabetes, ACV y patologías gastrointestinales, aumenta el riesgo de obesidad o sobrepeso en un 29 % y conlleva problemas en la sexualidad. Vemos como la alteración del ritmo circadiano puede ser dañino para la salud al tratarse de una repercusión en la alteración fisiológica.

Probabilidades de adquirir cáncer

Para marcar la gravedad de la alteración del ritmo circadiano, en 2007 el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) consideró al trabajo de turnos rotativos como probablemente carcinógeno en humanos incluyéndose en el grupo 2A, o sea el segundo en factor de riesgo. A su vez la agencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dedicada al estudio de las enfermedades tumorales IARC, realizó un estudio en el que se señala que trabajar de noche es una "probable" causa para que se produzca cáncer en las personas.

Cómo explica Paolo Boffetta, epidemiólogo de la IARC: "Esta clasificación significa que existen suficientes evidencias de que los turnos que implican una alteración frecuente del ritmo circadiano aumentan el riesgo de cáncer". Según coinciden distintos estudios – de universidades y hospitales de Harvard, Boston, Barcelona y Madrid –: "Quienes trabajan por turnos y de noche pierden cinco años de vida por cada quince de jornada laboral".

Falta de memoria y reflejos

En otro nivel, el turno rotativo y sus alteraciones nos provoca una memoria de trabajo más pobre y una velocidad de procesamiento mental más lenta, esto conlleva niveles más bajos de alerta y enfoque visual, la capacidad de controlar los impulsos y la respuesta situacional, lo que aumenta potencialmente el riesgo de lesiones y errores en el lugar de trabajo, según un análisis de datos agrupados de la evidencia disponible, publicado en línea en Occupational & Environmental Medicine. En numerosos estudios se menciona que los principales accidentes laborales ocurren en el turno noche, por mencionar el más catastrófico contamos con el ejemplo de Chernobyl. Los turnos rotativos no solo afectan nuestra salud, sino también nuestros reflejos exponiéndonos a riesgos de todo tipo.

Los problemas psicosociales de vivir a contramano

Ya hemos dicho que, desde el punto de vista biológico, es la desincronización del reloj biológico que produce el turno rotativo la que explica las alteraciones cuantitativas y cualitativas del sueño. Ante estos casos el sueño se utiliza como variable de ajuste, para lograr realizar actividades cotidianas. Así, por ejemplo, para jugar con los hijos, o comer en familia, se quitan horas de sueño para “acomodarse” al horario impuesto socialmente.

Los turnos rotativos generan grandes conflictos, entre los que se cuentan: problemas de pareja, escaso contacto con los hijos, incompatibilidad de horarios con los amigos, problemas para disfrutar del tiempo libre, etc. Quienes trabajamos en turnos rotativos carecemos de un “horario familiar común” y no somos capaces de lograr una programación semanal adecuada a la vida social y familiar. Incluso, algunos investigadores destacan la disminución de la frecuencia de las relaciones sexuales. Estas limitaciones tienen un alto impacto psíquico generando trastornos de depresión o ansiedad.

La disminución en la cantidad y calidad del sueño produce un estado de fatiga persistente, ello puede desencadenar una fatiga crónica, cuyo resultado final puede ser la inversión del ritmo sueño/vigilia, caracterizada por el insomnio durante la fase de reposo y por la somnolencia durante la fase de actividad, en este sentido, muchos investigadores presumen que los turnos generan fatiga crónica.

Si los turnos rotativos son insalubres, hay que reducir la jornada laboral

Esta modalidad de trabajo tan nociva para la salud está naturalizada en muchas ramas de la industria y sectores públicos. Centenares de miles de personas trabajan extensas jornadas con horarios a contramano del mundo, pero, ¿realmente es necesario que dejemos nuestra salud en el trabajo? Definitivamente no.

Los turnos rotativos y nocturnos se implementan para que la producción no cese nunca. Los cuerpos de los trabajadores y trabajadoras se vuelven parte de la máquina y así como todo, se rompen, pero no hay repuestos. Las enfermedades crónicas, la alienación, las alteraciones del sueño y del estado de ánimo, son evitables.

La forma de mejorar la calidad de vida de los trabajadores debe partir de reducir la jornada laboral, sin afectar el salario, para tener más tiempo libre para nuestras familias, el descanso, la recreación y el esparcimiento.

Partiendo del carácter insalubre de esta modalidad de trabajo debería aplicarse la reducción de la jornada laboral a 6 horas como máximo, esto no solamente es posible y nos daría más tiempo libre, sino que permitiría repartir las horas de trabajo, generando más puestos de trabajo, apuntando a resolver el enorme problema de desocupación, ya que mientras algunos padecemos la sobrecarga horaria, en Argentina hay 17 millones de pobres y millones de desocupados.

En estos días, en un nuevo aniversario del 1º de mayo, recordamos que hace 136 años los Mártires de Chicago daban la vida peleando por la reducción de la jornada laboral a 8 horas. Es ridículo sostener que, hoy en día, teniendo en cuenta el desarrollo tecnológico actual, las jornadas y las condiciones de trabajo continúen siendo extenuantes e insalubres.

Es necesario repartir las horas entre ocupados y desocupados, sin afectar el salario, para resolver el problema de no dejar la vida en el trabajo, y luchar por una vida que merezca ser vivida. Nuestras vidas valen más que sus ganancias.




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