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ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Trump apela a las trampas de la democracia estadounidense para intentar quedarse con la elección

Aún no se conocen los resultados de la elección presidencial. Lo que es claro es que no fue un rechazo masivo a Trump como se esperaba. Con las declaraciones del actual presidente también queda claro que la naturaleza antidemocrática de la “democracia” estadounidense es una amenaza a los derechos básicos de la población, como el derecho al voto.

Miércoles 4 de noviembre de 2020 | 08:11

Evan Vucci / AP

Son más de las 4 de la mañana del miércoles (hora del este de Estados Unidos) y todavía no sabemos quién será el próximo presidente. Las elecciones parecen ser más parejas de lo esperado. Sin embargo, Donald Trump se declaró prematuramente ganador, alrededor de las 2.30 de la madrugada y dijo que iba a pedir a la Corte Suprema que "detuviera la votación". En otras palabras, Trump quiere que la Corte Suprema deje de contar los votos y le entregue la elección.

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Esto sería un gran ataque a los derechos democráticos básicos. Faltan contar millones de votos en todo el país, y si se detiene el conteo, será como si esos votos no se hubieran emitido. La elección está increíblemente reñida, con millones de votos por correo aún por contar. Estados clave como Georgia, Carolina del Norte, Wisconsin, Michigan y Pensilvania aún no contaron todos los votos, y el voto por correo está subrepresentado en los datos actuales. Ahora, Trump quiere detener el conteo y hacer que la derechista Corte Suprema decida la elección. Esta es una maniobra política cínica diseñada para asegurar una elección que, muy claramente, Trump no está seguro de haber ganado. Afirma que esta elección está siendo "robada". Y es verdad: se la están robando a los millones de personas cuyas voces no serán escuchadas debido al sistema antidemocrático de la "democracia" estadounidense.

Esta maniobra de Trump es posible porque no hubo "ola azul" (por el color de los demócratas) o rechazo masivo a Donald Trump a pesar de millones de razones para que sucediera. De hecho, la participación de los votantes superó con creces la de las elecciones de 2016. Trump ganó Florida y Ohio - dos estados donde Biden esperaba obtener una victoria. Al escribir este artículo, Trump lleva la delantera en varios estados Biden “necesita ganar", pero esos estados tampoco contaron los votos en áreas clave. Aún así, hay algunas medidas progresistas que fueron aprobadas. Por ejemplo, Oregón despenalizó la posesión de pequeñas cantidades de todas las drogas, incluidas la metanfetamina, la cocaína y los opiáceos. En Portland se aprobó el programa preescolar gratuito para todos, en Nueva Jersey, Dakota del Sur, Montana y Arizona se legalizó la marihuana, y en California se restableció el derecho de voto para quienes cumplieron una condena en la cárcel.

No se suponía que fuera así. Después de todo, el sitio de análisis político FiveThirtyEight aseguraba que Trump sólo tenía 10 % de posibilidades de ganar estas elecciones. De hecho, incluso si las encuestas estuvieran igual de mal que 2016, Biden igualmente ganaría. Y ese puede ser el caso. Pero muchos esperaban que esto fuera un aluvión de votos demócratas, un rechazo total del triunfalismo y la política de derecha que nos llevó a la crisis actual. Esta teoría se sustentó en la idea de que más participación significa más votos para el Partido Demócrata. Este ciclo electoral demostró que eso no es necesariamente cierto. Hubo una participación masiva, pero no parece haber significado una victoria aplastante para Biden. De hecho, parece que Trump ganó terreno en sectores clave, particularmente entre los latinos no sólo en Miami, sino en todo el país.

Entrevista con Juan Cruz Ferre, editor de Left Voice

Por otro lado, parece que el llamado Rust Belt (Cinturón del Óxido, que comprende los viejos estados industriales de medio oeste y el noroeste del país), el muro azul (el color del Partido Demócrata) de los trabajadores fabriles sindicalizados, que se dio vuelta y votó por Trump en 2016, aún puede aportar a su reelección. El resultado en Texas estuvo mucho más reñido que en el pasado, Arizona se inclinó por Biden y en Georgia aún no hay una tendencia clara, lo que pone de relieve que los cambios demográficos hacen que los estados rojos sólidos (el color del Partido Republicano) sean cada vez más cambiantes, lo que presagia dificultades para el partido en el futuro. Lo mismo ocurre en Georgia y Carolina del Norte, donde los cambios demográficos y el fortalecimiento de las zonas urbanas y suburbanas dan a Biden una oportunidad de pelear ambos estados. Además, los resultados muestran una mayor polarización dentro del electorado a medida que se profundiza la división entre las zonas urbanas y rurales.

Después de todo, más de 220.000 personas han muerto como resultado de la pandemia, debido a las políticas completamente asesinas de un presidente que literalmente le dijo a la gente que se inyectara cloro; que está tan desconectado de la realidad que dice que estamos cerca del fin del COVID en medio de una nueva ola. Y sin embargo, la elección está muy pareja.

Después del mayor movimiento de izquierda en la historia reciente de EE .UU., el Black Lives Matter, con el vehemente supremacista blanco y xenófobo Donald Trump declarándose ganador luego de hacer campaña explícitamente contra este movimiento, la elección está muy pareja.

E incluso dado el apoyo masivo que los sectores del capital le han dado a Biden, en la elección más cara de la historia de los EE. UU., la elección está muy pareja.

Es una carrera muy reñida, y parece que va a durar mucho más tiempo.

Elecciones antidemocráticas

Era un hecho que Trump perdería el voto popular aunque ganara el Colegio Electoral. Si Trump sale victorioso en estos estados indecisos, será la tercera vez en las últimas seis elecciones presidenciales de EE. UU. que la persona que obtuvo más votos no gane la elección. Así es como se ve una elección robada, pero no es sólo Trump y los republicanos. Los demócratas son participantes activos en la defensa de las instituciones antidemocráticas del estado.

En esta "democracia", sólo unos pocos estados - y de hecho, sólo unos pocos condados dentro de esos estados - deciden toda la elección. Significa que unos pocos miles de votos en el Rust Belt cuentan más que los votos en California o Nueva York, dos de los estados más populosos. Es un sistema construido sobre el legado de la esclavitud que continúa privando del voto a la comunidad negra y latina.

Pero el Colegio Electoral está lejos de ser la única razón por la que el resultado de esta elección tendrá muy poco que ver con la voluntad del pueblo. Los inmigrantes indocumentados, los que no se nacionalizaron y los menores de 18 años no pueden votar. En muchos estados, quienes estuvieron presos no pueden votar. Cabe mencionar aquí los mecanismos extremadamente antidemocráticos que impiden a 1,2 millones de personas que estuvieron en prisión votar en Florida; después de que una medida electoral les diera derecho a votar, los tribunales estatales afirmaron que no podían hacerlo a menos que pagaran multas y tasas del Estado, un trámite muy difícil y costoso, tanto en tiempo como en dinero. Estos 1,2 millones de personas podrían haber cambiado la elección. Y ellos, junto con quienes están actualmente encarcelados, deberían tener derecho al voto.

Además, la “supresión de votantes” creó importantes barreras para el acceso al voto. Todo esto se suma a un sistema que no puede, de buena fe, llamarse democrático, y es uno que ambos partidos sostienen. Y sin embargo, este ciclo electoral tuvo una participación bastante alta, a pesar de todo.

Además, después de todo el proceso electoral, Trump quiere que el resultado se decida en la Corte Suprema, una institución antidemocrática con nueve miembros que nadie votó y que tiene como objetivo interpretar la Constitución, ese documento escrito por esclavistas hace más de 200 años. Es un tribunal donde Trump recientemente colocó a la ultraderechista Amy Coney Barrett. Quiere un escenario parecido al del año 2000 donde el tribunal frenó el conteo de votos y le dió la elección al candidato republicano, el infame George Bush hijo, con el consentimiento de los demócratas. De hecho, tres de los actuales jueces de la Corte Suprema trabajaron como abogados en el caso Bush vs. Gore. Hay precedentes de una intervención así y podemos volver a vivirlo.

Los demócratas también son culpables

El hecho de que esta elección sea tan disputada no es sólo por el Colegio Electoral. Y tampoco tiene que ver con Trump intentando robarse la elección.

Incluso aunque finalmente gane, Biden tuvo que pelearla más de lo que muchos esperaban. Y esta vez, los demócratas no pueden culpar a otros. Los terceros partidos, casi desconocidos, parecen haber tenido menos impacto que en 2016. De hecho, casi toda la izquierda que se reclama socialista se tragó sus principios y voto a Biden. Y sin embargo, la elección está muy pareja.

Biden no arrasó porque es un candidato totalmente poco inspirador que intentó hacer de la elección un referéndum sobre Trump. "Confórmense con Biden" no es lo que se dice un grito de guerra. Pero resulta que se necesita algo más que un monstruo contra quien votar. Hay que proponer algo por lo que votar.
Aunque odiamos a Donald Trump, él le dio a su base algo por lo que votar. Su campaña fue mucho más que “no voten por el otro”. Donald Trump prometió mantener la economía abierta, lo que puede haber atraído votos por miedo a una cuarentena estricta. Prometió proteger los trabajos estadounidenses, siendo duro con China y duro con la inmigración. Prometió mantener el America First en la próxima crisis económica.

Joe Biden se postuló como el regreso al status quo. Una "vuelta a la normalidad" y "para unir al país". Se postuló como respetable y educado, pero dijo muy poco sobre su plataforma política. Usa mascarilla, pero dio pocos detalles sobre un enfoque diferente de la pandemia. Joe Biden se postuló como el cadáver insepulto del neoliberalismo progresista, un neoliberalismo con una apariencia diversa. Durante el histórico movimiento Black Lives Matter, Biden redobló su apoyo a la ley y el orden. Pero ese progresismo ya murió en las elecciones de 2016. Este no es sólo un problema de Biden; es un problema del Partido Demócrata. Resulta que esto no fue suficiente para que se venga esa "ola azul" por la que tantos apostaron.

Los demócratas lucharon por retomar el Senado y aún restan contar votos en varios estados. Al momento de escribir este artículo, están perdiendo en Montana, Carolina del Norte y Maine - estados claves para ganar la Cámara Alta. Aunque que las próximas horas, días y quizás semanas puedan contar una historia diferente, por ahora no parece que esta elección haya sido un repudio al Senado Republicano. Esto también es un reflejo del fracaso de su tibio discurso. No propusieron un programa alternativo real sobre los temas que más le importan a la gente (según la encuesta de boca de urna de la CNN): la economía, la justicia racial y el coronavirus. En todos esos temas, el Partido Demócrata hizo grandes ataques a los Republicanos pero no tuvo nada que ofrecer a los votantes.

Hay políticas que son inmensamente populares, como Medicare for All (seguro médico público y gratuito. Sin embargo, Biden se negó a diferenciarse de Trump incluso con esta mínima reforma. En su lugar, eligió enfatizar que es más "decente" que Trump, sin proponer ningún cambio real. De hecho, hizo todo lo posible para derrotar al ala izquierda de su partido, prometiendo nada más que el retorno al viejo status quo. Y al igual que en 2016, esto no fue nada inspirador para las masas. Además, frente a un gran levantamiento contra la violencia estatal racista, Biden y los demócratas se posicionaron como aliados explícitos de la Policía y el Estado. Claro que tuitearon que las vidas de los negros importan, pero también dieron discursos e hicieron videos sobre cómo la mayoría de los policías son buenos y que los manifestantes que hacían desmanes eran tan malos como los policías asesinos.

A diferencia de 2016, hay una derecha más activa, radicalizada y lista para movilizarse por una victoria de Trump. No se la puede derrotar en las urnas postulando a un demócrata tibio que no ofrece nada nuevo.

No se la puede derrotar en las elecciones, se la derrota en las calles.

Lo que es seguro es que este es el escenario que muestra lo peor del régimen americano y sus instituciones. Es el escenario que arroja una clara luz sobre los mecanismos antidemocráticos en EE. UU. Es un escenario que pondrá de relieve la naturaleza antidemocrática del Colegio Electoral, de la Corte Suprema y de la propia Presidencia. Es probable que los próximos días sean un torbellino en el que Biden intentará luchar en la corte, conservando la legitimidad de las instituciones estadounidenses. Pero no hay garantía de que esto funcione. Sólo hay que ver las audiencias de confirmación de Amy Coney Barret. Y a los demócratas en el 2000, cuando los desalentaron a la gente a protestar contra la decisión de la Corte Suprema de dar ganador a Bush. En unas memorias sobre el caso Bush vs. Gore, la militante sindical Jane McAlevey escribe, "La gente estaba dispuesta a dejar su rutina diaria y entrar en la historia para defender su democracia, en una escala que podría llamarse masiva, sin exagerar." En otras palabras, las masas populares habrían defendido el derecho a que todos los votos fueran contados. Sin embargo, los demócratas y los sindicatos "sofocaron el movimiento en Florida, lo apagaron de inmediato."

Podemos jugar un papel en forzar al estado a contar los votos, así como en derrotar a la extrema derecha y en asegurar la ayuda necesaria para las familias de la clase trabajadora. Esto significa luchar contra los demócratas y los republicanos. Algunos sectores de los trabajadores hablaron de huelga contra el fraude electoral, y la lucha se reduce a esto. Tenemos que tomar las calles y organizarnos en nuestros lugares de trabajo. Tenemos que defender nuestros derechos democráticos contra todos los ataques contra ellos. Los demócratas no lo harán, pero nosotros podemos.







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