Política

EDITORIAL

Trotta, Berni y el juego a la derecha

Es un argumento recurrente para evitar la crítica y las protestas. Es de larga data y se usa hasta que aparecen los hechos servidos en bandeja para el verdadero fortalecimiento de la derecha. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Jueves 11 de febrero | 22:59

  •  El “juego a la derecha” es un trillado argumento que se utiliza en la discusión política y al que recurren, en general, quienes pretenden obturar o cancelar la crítica por izquierda.

  •  El razonamiento es bastante básico: los cuestionamientos “excesivos”, echar luz sobre las contradicciones, carencias, errores u horrores de una orientación política termina —en última instancia— favoreciendo a la derecha que utiliza la crítica para minar la credibilidad de un gobierno o una administración que se autopercibe del otro lado. No es un invento argentino, aunque se utilice con frecuencia por estas pampas.
  •  Los padres fundadores de este recurso fueron los dirigentes del mega-aparato de la burocracia estalinista que se apropió de los destinos de la vieja Unión Soviética y lo utilizó hasta el hartazgo. Es más, penalizó la crítica y persiguió a los opositores con la misma convicción con la que pactó con las derechas mundiales y condujo al derrumbe de las experiencias socialistas del siglo XX. Tanto en su fría versión pro-moscovita (con el culto a Stalin y el totalitarismo mal llamado “soviético”) como en la más poética tendencia pro-maoísta (con los grandes saltos adelante de la mano del Gran Timonel para que florezcan mil flores), ambas recurrieron a la censura y la persecución de los críticos con el último argumento de no hacerle el juego a los enemigos. Hubo otras versiones de la misma calaña y menor envergadura.
  •  En el fondo, quienes recurren a esta explicación tienen una concepción conspirativa de la historia y de la política (típica de burócratas con “cola de paja”) que explican el destino de un proyecto político —sobre todo, su crisis o caída—, no por la densidad de su programa o la composición de sus fuerzas político-sociales, sino por la estridencia de los cuestionamientos, las controversias o las discusiones.
  •  Por distintas vías, el “progresismo” criollo (nac&pop o del otro) heredó algo de esa forma de pensar (nunca olvidemos que el Partido Comunista fue una cantera de cuadros para… el resto de los partidos tradicionales) y por eso no es casual que se recurra repetidamente a este argumento en el debate político argentino.
  •  Hay una lógica más general —que alguna vez he abordado en este espacio— que fortalece a los poderes fácticos o la derecha: la lógica del retroceso y las concesiones permanentes. Alguien que leí este verano y que describió muy bien está práctica fue Margaret Thatcher, que en sus memorias dice: "La retirada, como táctica, es a veces necesaria; pero la retirada como política estable mina el alma". El último episodio de esto lo vimos con el “campo”, cuyos representantes fueron a la Casa Rosada a exigirle al Gobierno que no aumente las retenciones y no intervenga en el mercado, y se fueron más que conformes.
  •  Pero hay momentos en que los hechos desbaratan de un saque toda esta retórica y queda en evidencia quienes hacen realmente el juego a la derecha. Sucedió estos días con las actuaciones del ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta y del ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni.

    El primero (Trotta) directamente se sumó a la campaña del PRO y Juntos por el Cambio —con estética amarilla incluida— para anunciar de visitante el triunfo de la política que viene impulsando Horacio Rodríguez Larreta por la apertura irresponsable de las escuelas y un falso debate sobre la presencialidad, cuando la discusión no es esa, sino en qué condiciones puede realizarse o no. Larreta volvió a demostrar que no sólo es el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino que también es la verdadera conducción política del peronismo de la Capital.

    Por su parte, Sergio Berni, con el gobernador Axel Kicillof como decorado, hizo un acto proselitista en defensa de la Policía —con arenga militar incluida— un día después de que se conociera el terrible femicidio perpetrado por un hombre de esa fuerza con la complicidad de la institución y del Poder Judicial.

  •  Un acto conduce al fortalecimiento político de quien se postula como la renovación del macrismo; el otro fogonoea el fervor punitivista y el fortalecimiento policial de una banda de 90 mil hombres armados que se autogobierna, se autofinancia y se autoblinda. Cerró filas con la fuerza, envió un mensaje de impunidad y no tuvo ni siquiera el decoro de mencionar al asesinato de Úrsula. El jueves 4 de febrero, el diario Clarín publicó una reflexión de Sergio Berni en la que afirmó: “Si me toman una comisaría, voy y los saco a los tiros”. Eso hicieron los efectivos de la comisaría de Rojas contra los familiares y amigos de Úrsula que fueron a protestar y de milagro no le vaciaron el ojo a una joven. No importa que ahora se hable de una nueva purga de quienes estuvieron implicados en el motín del año pasado: la historia de la Bonaerense puede narrarse también través de sus purgas en las que se cambia algo para que nada cambie. Lo importante fue el mensaje que se emitió desde el Estado en ese momento cuando se decía, con razón, que el Estado es responsable.
  •  Estas dos acciones, estos dos hechos grandes como una casa valen más que mil palabras. Criticar y mostrar sus consecuencias aporta a dilucidar quien es quien. Callarse o sostener la cómplice política del silencio, eso… es hacerle el juego a la derecha.





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