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CINE.Tres novedades documentales para agendar

La francesa “Adolescentes”, la rumana “Mayúscula imprenta” y la norteamericana “Dawson City: tiempo congelado” renuevan las propuestas del cine documental

Violeta Bruck@Violeta_Bk

Miércoles 24 de febrero | 22:42

Cada año el cine documental estrena nuevas películas de distintos rincones del mundo que renuevan el campo y ponen en cuestión cualquier pre-concepto acerca del mismo. Lejos de recetas únicas y formatos encorsetados, se multiplican los recursos y las estéticas, se da lugar a la experimentación y se descubren nuevas formas de conocer el mundo histórico. Es el caso de tres películas de los últimos tiempos, entre muchas otras opciones, que pueden encontrarse actualmente en la plataforma Mubi, pero también buscando intensamente por la web.

Adolescentes , de Sébastien Lifshitz, es una película francesa estrenada en 2020 que sigue durante cinco años la vida dedos adolescentes de un pequeño pueblo francés.
El registro de Emma y Anaïs, que son amigas entre sí, recorre momentos de sus vidas desde los 13 a los 18 años. La difícil relación con sus familias, la construcción de lazos de amistad, el descubrimiento del deseo, la búsqueda de sus propios caminos, sus pensamientos políticos, sus gustos personales, las modas de una generación, los condicionamientos económicos, los cambios bruscos en pocos años, la alegría compartida y la tristeza solitaria, son momentos que atraviesan las escenas.
El director junto a su equipo realizaron un casting en Brive buscando un protagonista para el documental y finalmente eligieron a las dos amigas. El trabajo se organizó realizando filmaciones de dos o tres días una vez al mes durante cinco años, entre 2014 y 2019, el resultado fueron 500 horas de material grabado del cual, luego de un intenso trabajo de montaje durante año, quedaron dos horas de una valiosa obra.
La observación logra captar emotivos momentos, descubrir claves de una vida y situaciones personales que pueden tener también una identificación colectiva, generacional y de género.
El documental nos acerca a la vida de Emma y Anaïs y a la vez nos invita a pensar el valor de cada historia personal por más oculta o anónima que sea. La propuesta revela el registro audiovisual como forma de conocimiento, una herramienta de descubrimiento y acercamiento sensible a la vida, que junto al arte del montaje es capaz de captar también los secretos del tiempo y develar los instantes centrales que conforman el mundo cotidiano.
En estos días la película ha resultado ganadora del Premio del Jurado de MyFrenchFilmFestival y tiene seis nominaciones para los premios César.

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Uppercase Print (Mayúscula imprenta), de Radu Jude, es una película rumana estrenada en 2020 que rescata un caso de persecución política bajo el régimen de Ceaușescu.
La historia transcurre en Rumania, 1981. El régimen persigue toda manifestación crítica y opositora. Su objetivo es tapar cualquier eco de las movilizaciones antistalinistas que se vienen sucediendo en países vecinos, especialmente en esos años en Polonia con el surgimiento del sindicato Solidaridad.
Mugur Calinescu, un adolescente de 16 años, escribe con tiza en “mayúscula imprenta” consignas en las paredes, sale por las noches para que no lo vean. Por “Justicia y libertad”, “Sindicatos libres”, contra la escasez de alimentos y hasta “Proletarios del mundo uníos”, son las frases que deja por las noches en distintos paredones y activa así un enorme aparato de espionaje dedicado a encontrar el responsable de estos “atentados”.
Los textos de la película se basan en las desgrabaciones del archivo de la Policía Secreta (Securitate) que lo persiguieron, observaron, interrogaron, detuvieron y manipularon a Mugur y su familia. En una cuidada escenografía que varía según los personajes que exponen su testimonio, se representan agentes de inteligencia, Mugur y su familia, amigos, funcionarios, maestros, vecinos y testigos varios, para trasmitir los distintos ángulos del caso. En paralelo, archivos de televisión, con intervenciones oficiales, publicidades, noticias políticas y sociales, dan cuenta de forma amplia y profunda del clima de la época.
Los recursos escénicos, inspirados a su vez en una obra teatral de Gianina Cărbunariu sobre este caso, reconstruyen la experiencia de control social que llega hasta todos los rincones. Sospechosos, traidores, colaboradores se encuentran en cada esquina. El archivo de la propia televisión Rumana, muestra la disciplina y el control en cada detalle, desde multas por tocar bocina, enaltecimiento del rol de la mujer como madre, hasta todo tipo de canciones y homenajes a Ceaușescu, se trasmite “un mundo feliz” sin lugar para la crítica.
El director Radu Jude es también autor de varias películas que abordan distintos hechos históricos y políticos de Rumania, como la reciente The exit of the trains sobre la persecución y matanza de judíos en 1941.

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Dawson City: Frozen Time , de Bill Morrison, es una película norteamericana rodada en Canadá y estrenada en 2016, que mediante el rescate de material de archivo cinematográfico narra la historia de Dawson City, un pueblo al norte de Canadá que tuvo su ascenso y decadencia al ritmo de “la fiebre del oro”.
A partir de un trabajo de “arqueología cinematográfica”, el encuentro de cientos de latas de películas enterradas en los cimientos de un viejo club social de la ciudad, el director reflexiona a su vez sobre la pérdida de los archivos audiovisuales a lo largo de la historia, especialmente las producciones de los comienzos realizadas con material altamente inflamable. Se calcula que el 80% del cine mudo que se produjo entre 1895 y finales de los años 20 en todo el mundo ha desaparecido. Por ello cobran tanto valor las imágenes que Dawson City: Frozen Time rescata de 533 películas, algunas producidas en Canadá y otros estrenos de distribuidoras internacionales de las primeras décadas del SXX.
Cortos filmados en la ciudad registran los trabajos de la Compañía del Oro Consolidada del Yukón, la dura tarea de los trabajadores y la enorme riqueza que extrajeron del suelo los capitalistas. Un montaje de escenas de las películas de ficción encontradas apunta cada momento de la historia, como si la vida del pequeño pueblo acompañara los gestos que veía en las pantallas. La fría ciudad del oro llegó a tener tres cines y las películas llegaban allí como el último lugar de la cadena de distribución, al no tener que enviarlas a otro destino se fueron acumulando.
Los cambios sociales y políticos, las crisis económicas y los imaginarios que despertaron se plasman en un montaje de imágenes que traspasa los años para mantener viva la memoria.




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