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Red Internacional

El ministro de Desarrollo Productivo despejó toda duda: sin licencia social ni estudios de impacto ambiental, el Gobierno del Frente de Todos insiste en el acuerdo para instalar decenas de megagranjas.

Valeria Foglia@valeriafgl

Martes 15 de diciembre de 2020 | 19:29

Tras el revuelo, a Matías Kulfas le tocó esta mañana la tarea de aclarar la foto de Alberto Fernández con Liz Solari y Manuel Martí de la Unión Vegana Argentina, en la que el presidente sostiene una caja con la inscripción “No al acuerdo porcino con China”. Dicho encuentro que se produjo el 25 de noviembre pasado a instancias de la modelo y activista antiespecista, quien llevó al presidente más de medio millón de firmas recolectadas mediante la plataforma Change.org. “El presidente tuvo el gesto, la deferencia de recibir a este sector, que aparte juntó quinientas mil firmas, que sería algo así como el 1 % de la población del país”, declaró. Para que no queden dudas, el funcionario afirmó que “el proyecto sigue en pie”.

En comunicación con el Gato Sylvestre en Radio 10, el ministro de Desarrollo Productivo de la Nación definió al encuentro como un gesto de apertura, pero le bajó el tono al decir que no significa que el presidente esté de acuerdo con los planteos de quienes se oponen a la instalación de decenas de megactorías porcinas en el país. Fernández "ha expresado en más de una ocasión el interés en que se desarrolle la producción de carne, porque significa agregarle valor a nuestra producción primaria”, señaló Kulfas, y destacó el rol de China, con una demanda del 30 % del mercado mundial de carne, porcentaje en el que, según el ministro, Argentina ha logrado insertarse exitosamente.

A propósito de las críticas al memorándum de entendimiento con el país asiático, que despertaron movilizaciones y acciones a nivel nacional por su potencial riesgo ambiental, económico y sanitario, Kulfas aseguró que el Gobierno está interesado en que el “plan porcino” se desarrolle “en condiciones ambientales”, produciendo más carne y “generando empleo” sin que tenga un efecto “disruptivo” en el ambiente.

Kulfas ratifica así la continuidad de las tratativas entre ambos Gobiernos para la exportación a China de al menos novecientas mil toneladas de carne porcina en cuatro años. A su vez, expresó que hay varias iniciativas a nivel nacional, como por ejemplo en Chaco, provincia en riesgo hídrico, donde Capitanich firmó a fines de octubre un convenio para instalar tres complejos porcinos con cinco megagranjas cada uno.

Aunque el ministro mencionó en varios pasajes de la entrevista el aspecto ambiental, no dio detalles acerca de cómo se saldaría la cantidad de objeciones por parte de especialistas, organizaciones socioambientales y hasta pequeños productores. Kulfas solo hizo una breve mención al uso de los desperdicios para la conversión a biogás, pero no se refirió al consumo monumental de agua, la contaminación del aire y el suelo, la ausencia de estudios de impacto ambiental y el potencial pandémico a partir del hacinamiento de animales engordados en feedlots a fuerza de antibióticos que les bajan las defensas, aumentando el riesgo de enfermedades zoonóticas.

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Como nuevo vocero fuerte del acuerdo tras la caída en desgracia de Felipe Solá, Kulfas polemizó con la denuncia de los riesgos sanitarios al hablar de “observaciones muy cuestionables” y negar que haya relación entre el coronavirus y la sanidad animal. Sin embargo, los principales detractores del acuerdo porcino señalan que es fuente de nuevas pandemias, pero no hablan específicamente ni de la gripe porcina africana que obligó a China a sacrificar cientos de millones de cerdos ni del coronavirus actual.

“Respetamos el veganismo”, detalló el ministro, “una tendencia relativamente nueva”, pero aclaró que “esto no puede condicionar el desarrollo del país”.

A falta de una comunicación explícita del presidente sobre el tema, a lo largo de estos meses desde el anuncio de las negociaciones, que publicó Cancillería el 6 de julio, diversos han sido los voceros oficiales. Jorge Neme, Felipe Solá, Matías Kulfas, el embajador argentino en China Luis María Kreckler y hasta el ministro de Ambiente Juan Cabandié han oficiado de “abogados defensores”. Semanas atrás Kreckler había expresado que el memorándum estaba en stand by y que se avanzaría por provincias. Sin embargo, el Gobierno del Frente de Todos parece haber vuelto a pisar el acelerador para convertir al país en “fábrica de cerdos” para China.

En un hecho inédito hasta ahora, la oposición desde agosto al memorándum con China reunió a cientos de organizaciones socioambientales, antiespecistas, artísticas, de pueblos originarios, sociales y de izquierda en la Coordinadora Basta de Falsas Soluciones, surgida en lucha contra los planes extractivistas del Gobierno nacional. Pero el alcance del rechazo es aún mayor, mucho más que el "1 % del país".




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