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ALEMANIA

Trabajadores de Daimler luchan contra la precarización y por el derecho a huelga

Los trabajadores de Daimler enfrentan en los tribunales las sanciones de la multinacional automotriz, que fueron tomadas después de una huelga “ilegal” contra la precarización. Es parte de la lucha por el derecho a huelga.

Peter Robe

Berlín | @robe_peter

Martes 21 de julio de 2015 | Edición del día

El 10 de julio tuvo lugar la primera audiencia en el tribunal laboral de la ciudad porteña Bremen. Allí se llevó a cabo el juicio de 33 trabajadores que rechazan las sanciones que la empresa Daimler AG impuso después de una protesta en diciembre. Afuera se concentraron decenas de trabajadores solidarios.

La multinacional automotriz produce marcas conocidas como Mercedes-Benz y tiene un volumen de negocios de 130 mil millones de euros.

Esta pelea judicial se debe a varias jornadas de protesta que hubo a fines del año pasado contra los planes de flexibilizar el trabajo y subemplear a 140 trabajadores, que ganan la mitad de los trabajadores de planta. Además protestaron contra los contratos temporales.

Estas acciones de protesta y los paros de la producción, si bien fueron llevados adelante por la comisión interna, no contaron con el apoyo de las cúpulas del sindicato metalúrgico IG Metall (IGM). Como en Alemania las huelgas solo tienen legalidad si son convocadas por el sindicato, estas acciones son conocidas como “huelgas salvajes”.

Después de estas jornadas de lucha, 761 trabajadores recibieron sanciones, por lo cual se inició el juicio para rechazarlas. Para los obreros querellantes no se trata solo de impedir las sanciones a nivel personal. Luchan también por la defensa y por la ampliación del derecho a huelga.

La burocracia sindical del IGM se mantiene firmemente al lado de los empresarios. No apoyó las medidas de lucha en diciembre y ahora no apoya a sus afiliados en el juicio. Es una posición consecuente de la burocracia que actuó de forma similar en el proceso de creación de la ley de unidad de convenios, recientemente entrada en vigor, que impide el derecho a huelga para los sindicatos minoritarios, y donde estuvo abiertamente a favor de esta iniciativa, amenazando a sus propios afiliados para que no se pronunciaran en contra de la posición oficial.

Desde los años noventa, IGM fue cómplice en la precarización de la industria, permitiendo la caída de los salarios reales, aceptando cierres de fábrica como el de la histórica y combativa Opel Bochum que se produjo el año pasado, o despidos masivos como en Siemens.

En las negociaciones colectivas muestran su fuerza, como en marzo de este año donde participaron más de 850.000 trabajadores, pero solo para después aceptar un contrato que está muy por debajo de las expectativas y deja de lado a más de un millón de trabajadores con contratos temporales, subempleo o jornadas de trabajo reducidas.

La lucha de los trabajadores de Daimler muestra que para luchar efectivamente contra la precarización laboral es necesario enfrentar no solo a los empresarios sino también a las burocracias sindicales vendidas.







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