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Red Internacional

Rodolfo trabajaba en la fábrica UNE SRL del parque industrial y fue despedido por preguntar cómo se implementarían los protocolos en lugares comunes, a partir de un compañero que dio positivo por covid. La empresa, que no fabrica ningún producto esencial, le armó una causa y lo echó en plena pandemia, a pesar de regir la prohibición de despidos y sin siquiera pagarle la indemnización.

Karlos RühleCorresponsal Pilar @Vikingfarmer2

Miércoles 2 de junio | 16:58

El trabajador, que tiene 52 años y vive en Hurlingham, envió su denuncia al teléfono de la Comunidad La Izquierda Diario e inmediatamente nos contactamos con él. Así coordinamos una entrevista en la que nos contó en detalle cómo sucedieron los hechos que terminaron con su despido injusto e ilegal en febrero.

¿Cúando te despidieron y cuáles razones te dio la empresa?

Yo fui despedido de una forma muy difícil, muy injusta. El lunes 22 de febrero nos enteramos que había habido un caso positivo en uno de los sectores en el cual trabajan al menos diez personas, y que había ido a trabajar con síntomas jueves y viernes. Había tenido contacto estrecho con todos sus compañeros y ellos no habían sido aislados.

Ese lunes, cuando todos llegamos a trabajar, mientras charlaba con dos compañeros le consulté a un administrativo de Recursos Humanos por las zonas comunes que compartimos con los chicos que habían tenido contacto estrecho, ya que la empresa dispone de un solo baño, y sobre todo en el comedor.

A las 10 me manda a llamar la jefa de Recursos Humanos y me increpa, diciéndome que por qué estaba yo haciendo puterío. Me tomó de sorpresa porque no sabía de qué me hablaba. Junto al gerente me empezaron a decir que yo no podía cuestionar el protocolo que ellos habían diseñado para el covid. Yo lo único que hice fue preguntar, por mi seguridad y la de mis compañeros, cómo se iban a manejar las zonas comunes.

El martes, cuando ingreso, me hacen ir a Recursos Humanos y me dicen que ya no había más lugar para negociar y que me tenía que ir. “Decime cuánto querés y lleguemos a un arreglo” me dijeron, pero yo no quería arreglar y quedarme sin trabajo. Ese acosos siguió todo el día hasta última hora.

Al tercer día, miércoles, ya no me dejaron entrar y me dijeron que me habían mandado el telegrama de despido a mi domicilio. Cuando lo recibí cerca del mediodía quedé asombrado por las causas que alegaba el telegrama, donde decía que yo había maltratado al supervisor, al gerente y a un montón de gente, que había estado gritando, haciendo alboroto, que me había ausentado de mi trabajo y había vuelto. Acusaciones totalmente falsas.

Tuve que recurrir a un abogado y ahora estoy en esta situación: reclamando la indemnización porque no hay posibilidad de reincorporación. Tengo 52 años, tres hijos y es muy complicado en este panorama de pandemia volver a conseguir trabajo.

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¿Quién es responsable de los protocolos sanitarios en la fábrica? ¿Hay participación de los trabajadores?

En realidad no, está todo diseñado por Recursos Humanos. Claudia Ormeño, junto con el gerente Diego González, tienen la responsabilidad del protocolo sanitario. Ellos lo diseñaron en la época en que todavía no se podía trabajar, en junio del 2020. Mi despido pasó en febrero de este año, ya con controles más relajados, como pasa en todos lados.

A raíz del inconveniente conmigo, vino gente de una empresa a hacerles el hisopado a los chicos del sector en cuestión y cuando ya me habían echado me enteré que dieron positivo dos más.

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Por lo que describías de las instalaciones de la fábrica, los protocolos no parecen muy adecuados. ¿Por qué pensás que la empresa no cumple con el protocolo que ella misma diseña?

La planta, cuando tiene producción normal, trabaja tres turnos con entre 300 y 350 empleados en total, contando a los administrativos. Cuando se diseñó ese protocolo en junio del 2020 y volvimos a trabajar, no iba toda la dotación, éramos 30 personas. Después, cuando éramos 150, siguió el mismo protocolo. Y creo que no cabía el mismo protocolo porque se había incrementado mucho la cantidad de gente en la fábrica.

Ellos están en un rubro en el que son medio monopólicos porque no lo hacen otras empresas, que yo conozca al menos, a esa escala. Hacen un cromado en plástico para la industria automotriz, para empresas como Toyota de todo el mundo, no solo el mercado interno. Entonces como tenían muchísimo trabajo se empezó a convocar más gente pero nunca adecuaron el protocolo.

¿Cómo son las condiciones laborales?

La mayoría eran efectivos, había algunos chicos tomados por agencia. Pero cuando la fábrica se trasladó a Pilar hace unos cuatro años empezó a tomar gente de la localidad y a muchos de los que había contratado desde que estaba en Caseros los blanqueó o los hizo irse.

¿Hay presencia de algún sindicato?

Sí, la UOM. Pero la representación sindical la elige Recursos Humanos, no sale votado de los trabajadores. Yo calculo que eso es con complicidad del sindicato porque sino no hay manera de que eso pueda llevarse a cabo. Yo no estoy afiliado pero muchos de mis compañeros sí y, algunos con quince años de antigüedad, jamás participaron de una votación para elegir delegados o la comisión interna.

Por como actuó la empresa y las cosas que dijeron en el telegrama, yo creo que pensaban que quería ser delegado. De ahí no sale nada. Yo trabajé en fábricas donde había cuerpos de delegados o comisiones internas, donde teníamos elecciones y venían de los sindicatos con listas y urnas, cosas de una elección normal. Acá nada de eso existe.

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Organizarse contra los ataques a los trabajadores

Durante la pandemia los ataques de los empresarios contra la clase obrera se han profundizado. Entre diciembre y marzo últimos más de 220 mil trabajadores perdieron sus empleos, sobre todo en sectores precarios e informales, aunque también se vieron afectados los trabajadores registrados.

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Esto demuestra que el decreto presidencial que prohíbe los despidos es papel mojado para las empresas. Además, la complicidad del Gobierno y la burocracia sindical allanan el camino para los embates patronales. Solo la autoorganización de los trabajadores puede ponerles un freno. Así lo plantean distintos sectores en lucha en su convocatoria a una nueva reunión virtual el próximo sábado, para discutir entre todos cómo avanzar en la coordinación de las luchas.

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