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Todo lo que Scioli y Macri no dijeron sobre las medidas económicas que preparan

Scioli buscó desnudar el ajuste que se esconde en las propuestas de Macri. Contrapuso el plan de “megadevaluación” tras la consigna de “cambio” al suyo. Macri mintió, pero también Scioli. Los dos preparan un cambio (no) justo en la economía.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Martes 17 de noviembre de 2015 | Edición del día

Fotografía:DyN/PABLO AHARONIAN

Fotografía:DyN/PABLO AHARONIAN

En el debate del domingo, el candidato del FPV Daniel Scioli buscó, como venía haciendo cada vez más intensamente, desnudar el plan de Mauricio Macri de “megadevaluación”, que sería según Scioli el resultado inevitable de la liberación inmediata de las restricciones cambiarias que promete el candidato de Cambiemos. Y esto, como ya sabemos, significaría acicatear la inflación.

Libertad de dólares

Los aspirantes a ministro de Economía de un eventual gobierno de Macri le venían facilitando a Scioli estos esfuerzos. Enfervorizados por la perspectiva cada vez más cercana de ganar, empezaron a exponer abiertamente algunos de los lineamientos con los que aspiran a generar un rápido shock en la economía desde el 10 de diciembre. El levantamiento del llamado cepo cambiario, que ya había sido prometido por Macri hace meses, fue uno de los primeros anuncios.

“La Argentina padece escasez de dólares como consecuencia de las medidas restrictivas aplicadas por el kirchnerismo” fue un diagnóstico que, palabras más, palabras menos, los economistas de Cambiemos presentaron en varias oportunidades. Con “reglas claras” y liberando el cepo, los billetes verdes llegarán al país en abundancia. Este diagnóstico ya había sido realizado por Macri durante su campaña. Llegó a decir que “temo incluso que el ingreso fuerte de divisas no tire para abajo la moneda, (sino que) la revalúe”.

A esto Prat Gay le acercó una definición adicional: liberar el cepo y “sincerar” (sic) un valor del dólar superior al oficial, pero –según su expectativa– inferior al valor en que cotiza la divisa en el mercado paralelo, no tendría impactos sobre los precios. Esto sería así porque, según el ex JP Morgan, los productores ya tienen internalizado en su estructura de costos un valor del dólar bien alejado del oficial. O sea que el economista más “moderado” (en comparación con el recalcitrante Carlos Melconián) que puede ofrecer el macrismo levanta la peregrina idea de que una devaluación, que podría ser de 50 % según su propio pronóstico, no acicateará los precios.

El planteo fue tan temerario que incluso varios de los que se pronunciaron por el voto a Macri debieron salir a desmentirlo. Fue el caso por ejemplo de Roberto Lavagna, cuya consultora Ecolatina (hoy dirigida por su hijo Marco Lavagna, diputado electo por el Frente Renovador) aseguró que una devaluación tendrá efectivamente un impacto sobre los precios. Desde entonces numerosos economistas salieron a desmentirlo, incluso entre los más acérrimos defensores de la liberación a ultranza, y algunos calculan que el efecto inflacionario de la devaluación podría ser de la mitad de lo que alcance el ajuste cambiario (si el peso de deprecia un 50%, estaríamos hablando según este planteo de un empuje sobre los precios de 25 %). Los dichos de Prat Gay exacerbaron la interna dentro del espacio, ya que Melconián no suscribiría el planteo de que una devaluación no impactará sobre los precios.

Ante la catarata de refutaciones que recibió Prat Gay, Cambiemos dejó de hablar de un dólar a 14 o 15 pesos, pero no sin que antes Macri saliera a decir abiertamente que la promesa de Scioli de mantener el dólar “por abajo de diez pesos” para enero es “otra mentira más del gobierno”.

¿Con fe, con esperanza y dólar barato?

Y efectivamente, si miramos lo que viene diciendo el asesor económico de Scioli, y a pesar de los esfuerzos que este realizó el domingo por poner toda la carga del ajuste en la canasta del PRO, su promesa de un dólar a menos de 10 pesos para enero no resulta creíble. El plan de que el FPV había empezado a ventilar cuando pensaba que ganaría en primera vuelta, tenía entre sus previsiones un dólar a 11 pesos antes de fin de año.
Pero todo eso fue antes del 25 de octubre. Ahora debemos creer que los devaluadores se esconden todos detrás de la consigna Cambiemos, y el candidato naranja es el adalid de defender un dólar bajo, aunque sea a costa de perder el último dólar del Banco Central (BCRA).

El problema de credibilidad que tiene su plan no radica sólo en que Miguel Bein haya adelantado lo contrario. Sino en que como analizamos en este diario, las arcas del BCRA están prácticamente vaciadas, y al ritmo de venta diaria que mantiene la autoridad monetaria estarán diezmadas para el 10 de diciembre. Sin dólares disponibles, mantener la situación como hasta ahora no es una posibilidad. Incluso la promesa que ayer reiteró Scioli de reforzar al BCRA con préstamos de Brasil y China, tampoco resuelve nada si la moneda se mantiene como está.

Estos préstamos tienen un costo, y no tienen duración indefinida. Y mientras tanto, conseguir plata para sostener la cotización actual significaría seguir perdiendo dólares a un ritmo mensual que supera los 1000 millones de dólares, mientras quienes pueden entregar dólares, y más aún vender granos para generar dólares de exportación, seguirán sin hacerlo. Por eso, la idea de poner el ajuste del lado de su adversario, es algo que Scioli sólo puede hacer si no dice nada de cómo será posible sostener el dólar sin cambios, sin deslizarse hacia una crisis externa.

Jugar a las escondidas

Macri, que una semana antes del debate escondió a todos sus economistas, buscó evadir los ataques de Scioli en su flanco más débil, el plan de ajuste de sus candidatos. Mientras habló de vivienda, de terminar con la pobreza, y de infraestructura, nada dijo sobre el cepo, tema urticante que su equipo había puesto en el primer lugar de la agenda. Tampoco habló, por supuesto, de las declaraciones de Melconián de que “ya no se pueden subir más sueldos y jubilaciones”.
Pero también Scioli, construyendo una versión quizá agigantada (pero sólo un poco) del ajuste proyectado por su oponente, buscó ocultar detrás de esta su propia variante de “sinceramiento” de la economía.

Otros temas de los que no se habló el domingo fue de las promesas de ambos candidatos de disminuir retenciones a las patronales agrarias, siempre poniendo en primer plano a las economías regionales pero incluyendo en los beneficios también a los sojeros, que son dueños de un grano guardado en silos que el gobierno estima en nada menos que 13 mil millones de dólares. El recorte de subsidios a la energía fue otro tema que también estuvo ausente, y en el que también la palabra “sinceramiento” estuvo en boca de los asesores de ambos candidatos. Podemos esperar de Cambiemos, que puso al ex gerente de Shell José Aranguren, que aplique la política de tarifazos más decidida; aunque el Pro prometió que mantendrá una tarifa “social”, no ha dicho hasta dónde podría llegar el incremento para los que no estén alcanzados por este beneficio. Miguel Bein habló de aumentos sólo para los sectores de “altos” ingresos, pero nunca especifico donde terminan estos.

Scioli quiso presentar el domingo a Macri como el adalid del regreso a emitir deuda con el FMI. Olvidó decir que además de por Bein, él es asesorado por Mario Blejer, que fue parte del staff de dicho organismo nada menos que por veintiún años. También quiso achacar al candidato amarillo una posición rastrera respecto de los buitres; pero Silvina Batakis, candidata a ministra de Economía si gana Scioli, también sostuvo que hay que sentarse a negociar con los rapaces litigantes de las cortes neoyorquinas, cuyo poder de daño se explica por la generosa política de renegociación de deuda seguida por el kirchnerismo, que mantuvo la prórroga de soberanía.

Los supuestos comunes de ambos candidatos, es que no pueden ser removidos los principales condicionantes de la Argentina dependiente, el saqueo imperialista y la inclinación de la burguesía a sostener una integración subordinada en el capitalismo mundial, impulsando el florecimiento de los negocios extractivistas de todo tipo a costa del medio ambiente y el nivel de vida de la población. Si se aceptan estos supuestos como intocables, el ajuste para restablecer las condiciones de valorización del capital en el espacio económico de la Argentina atrasada y dependiente es el corolario inevitable. Las contradicciones desarrolladas por el esquema de acumulación que rigió durante estos años, y los efectos de la crisis mundial sobre las economías dependientes y semicoloniales, lo imponen más aún.

En las últimas elecciones sólo los candidatos del Frente de Izquierda levantaron un programa que cuestionaba estos supuestos inviolables para la clase dominante. En defensa de los intereses de la clase trabajadora y para pelear contra el ajuste y por el desarrollo de este programa para que la crisis la paguen los que la generaron, es que hoy impulsamos el voto en blanco. No votamos por nuestros verdugos.







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