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Red Internacional
La Izquierda Diario

Tras 16 días de acampe se abrió un impasse en esta dura lucha contra el empresario Paolo Rocca. Se dictó una conciliación obligatoria por oficio que dura 5 días y viene con un redoble de la ofensiva patronal. A continuación planteamos algunos puntos de análisis y lecciones de la lucha, con la intención de que aporten a la reflexión y la orientación del conflicto. Los trabajadores tienen que ganar.

Domingo 28 de febrero | 10:47
Fotografía: Corresponsal LID

Paolo Rocca es el tercer multimillonario del país. Con una fortuna de 3300 millones de dólares declarados, con el negocio del acero en alza, enorme cantidad de licitaciones en la obra pública y la rama petrolera, forma parte central del Plan Gas que desembolsara millones. Rocca es uno de los dueños del país y es dirigente de la clase capitalista argentina; su fortuna se mantuvo intacta durante la pandemia, realizó estafas a los trabajadores con el cobro de las ATP, despidió 1450 en Techint, a delegados en Siat Villa Constitución y ahora a 35 trabajadores en la Planta de Siderar Canning, pisoteando el decreto presidencial contra los despidos. No solo actúa en la completa ilegalidad, sino que tiene el plan de profundizar aún más la flexibilización laboral, la misma que no pudo aplicar con la reforma laboral de Macri. La lucha de los trabajadores de Ternium Canning es la de toda la clase trabajadora, porque es una lucha contra la flexibilización que quiere imponer un referente de los empresarios, algo que sentaría un precedente peligroso. Los obreros de Canning tienen el potencial para atraer apoyo a su lucha, al resto de los sectores de la clase obrera tanto por el desprestigio de la patronal, como por el contenido de su lucha.

El gobierno ya jugó cartas en el conflicto y fueron a favor de la patronal, con una conciliación impuesta con amenazas de desalojo. El acta no dice absolutamente nada sobre los 3 puntos demandados por los trabajadores; cita los DNU antidespidos, pero el plazo al que se retrotraen los despidos es a 5 días. La realidad es que la empresa quería sacar producción y para esto necesitaba levantar el bloqueo; el Gobierno lo garantizó mediante el Ministerio de Trabajo y la Policía. Los trabajadores deben ver conscientemente de qué lado está el Gobierno: a pesar de los roces discursivos por la ilegalidad del empresario durante la pandemia, o el faltazo de Rocca en la mesa de acuerdo de precios, Alberto Fernández y Axel Kicillof no dudan en dejar pasar los ataques a los trabajadores, al servicio de las empresas. Hay que denunciar que el Gobierno da a luz verde a este ataque patronal. Tener una lectura de que estamos en año electoral y que el Gobierno está atravesado por una crisis tiene que llevar a los trabajadores a aprovechar esas brechas a su favor, sin por esto dejar de estar alertas a cada movimiento de la empresa y sus cómplices.

A la burocracia sindical de Leyes -dirigente de UOM Avellaneda y segundo del Secretariado Nacional- se la abrió una crisis en este conflicto. El repudio activo de sectores de la base, tanto jóvenes como compañeros con más de 25 años de fábrica, mostró escenas de un nuevo fenómeno que *se vislumbra* en todo el gremio. La contradicción central del conflicto está entre el ánimo de pelear de la base y un sector avanzado -primera línea de las medidas-, y la dirección del gremio, que tiene a la Comisión Interna como apéndice. La última claudicación de la burocracia fue permitir que la empresa pidiera el desafuero de los delegados de planta. Con esto quieren barrer un ejemplo de lucha que surgió desde abajo, y que va a contramano del legado de derrotas que garantizó la dirección de la UOM durante décadas.

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La discusión abierta al interior del activismo metalúrgico está atravesada por dos estrategias: la de ejercer presión sobre la burocracia, manteniéndola como un mal necesario, y la de pelear por nuevas direcciones clasistas. La primera promulga que no se puede luchar sin el gremio (o sea, sin su dirección burocrática), y que ésta, como mal necesario debe permanecer en la lucha. La línea consiste en hacer todo lo que la relación de fuerzas permita sin romper relaciones con la dirección del gremio: presionar a los burócratas, a pesar de que estos tengan una línea que garantice la derrota o ya hayan traicionado.

La segunda estrategia plantea que los mandatos de base por asamblea son algo fundamental e incuestionable para que se refleje la voluntad de los trabajadores, y los mismos deben ser llevados hasta el final a pesar de la burocracia sindical. Las instancias de negociación deben ser con veedores de las asambleas y con mandato de base: esta es la única forma de evitar una traición. La búsqueda del frente único es importante: generar acuerdos en la lucha con nuestros adversarios (e inclusive con enemigos en el gremio) pero manteniendo la independencia organizativa y la democracia de base, preparados para romper ese frente ante la siempre latente posibilidad de traición de la burocracia sindical. Conformar agrupaciones clasistas, que organicen lo más avanzado y consciente del gremio para pelear por la dirección del gremio e intervenir audazmente en los conflictos es un paso importante en este sentido.

Un momento de duro ajuste, donde la lucha de Canning puede ser una referencia nacional

A nivel internacional estamos atravesando crisis y ajustes de los empresarios, y Argentina no es la excepción. El desembolso millonario al FMI, más las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia -donde se salva a los más ricos, que nunca salen perdiendo- viene con fuertes ataques a la clase trabajadora y sectores populares. Ante esta realidad surgen fenómenos nuevos de lucha, y en la zona sur del Gran Buenos Aires esto tiene expresión en luchas contra la violencia machista en respuesta al alza en la cantidad de casos de femicidios; reclamos por la vivienda con Guernica como ejemplo, contra los despidos (en tercerizados de Edesur, el Ferrocarril Roca, aeronáuticos y Coca Cola), contra los cierres de fábricas, con puesta a producción bajo control obrero (en Gotan, Ansabo) y por el salario.

La lucha de Ternium Siderar Canning se enmarca en una posición estratégica para golpear a uno de los empresarios más ricos del país; si esta planta para, paraliza la cadena de producción de otras plantas y ramas. Pero sería un despropósito pensar que una posición productiva aislada de los demás sectores en lucha puede vencer a Rocca y sus aliados. Los trabajadores de Canning, tanto por su interés inmediato (frenar los despidos, reencuadramiento en rama 17 y defender su organización sindical), como para ayudar en la lucha de sus compañeros de clase -como son Guernica, los tercerizados, los demás trabajadores en lucha que pelea contra grandes multinacionales- deben avanzar en la coordinación y la solidaridad.

Es necesario organizarse y prepararse para la lucha de clases antes de que los conflictos estallen. No esperar a que la relación de fuerzas imponga las necesidades urgentemente, sino prepararse para los escenarios más difíciles. Los trabajadores tienen fuerzas para ganar, pero deben prepararse para una lucha larga y contra un peso pesado.

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Desde el Movimiento de Agrupaciones Clasistas, que conformamos los militantes del PTS-FITU junto con compañeros independientes, en más de 60 gremios, hemos acercado nuestras ideas y propuestas. Creemos que es necesario lanzar una gran campaña nacional de apoyo a la lucha de Siderar-Canning para rodear de solidaridad el conflicto, bajo la premisa de que "Paolo Roca despide y quiere la flexibilización laboral, si ganan los trabajadores de Siderar-Canning, ganamos todos". Hacer una fuerte exigencia a la UOM, seccional, nacional y al resto de la CGT para que convoque medidas de lucha en apoyo. Las familias y las mujeres han jugado un rol destacado en el acampe, y es imprescindible su apoyo, conformando una comisión de mujeres. Y por último participar de instancias de coordinación con otros sectores en lucha como los vecinos de Guernica, los aeronáuticos de Latam y tercerizados de GPS y Securitas, los ferroviarios, tercerizados de Edesur, Gotan, metalúrgicos de Siam y los propios trabajadores de Siat Valentín Alsina, otra empresa del Grupo techint donde se ataca a los trabajadores.

Ante estas propuestas, varios compañeros nos manifestaron que son buenas ideas pero que todavía no es el momento; creemos que el momento para utilizar todos los recursos que tenemos los trabajadores para pelear no es cuando la patronal ya haya descargado todo su arsenal, para tal momento puede ser tarde. Seguiremos acompañando día a día la lucha la pelea de los trabajadores de Siderar.

La patronal y la burocracia tienen sus partidos, cuentan con diputados, ministerios, asesores, y personal de todo tipo al interior del Estado, ellos tienen su estado mayor. Es un error de los trabajadores pensar que con solo ir de frente se puede triunfar. Aunque la predisposición a luchar es fundamental, es necesario organizarse sindical y políticamente para vencer; sacar lecciones de luchas anteriores, pensar políticamente el conflicto y reunir fuerzas principalmente en los momentos "de paz", por ejemplo en esta corta conciliación obligatoria. La lucha en Siderar Canning es una lucha política.




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