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Red Internacional

Junto a sus hermanos Martina y Santiago prestaron testimonio en el juicio de las Brigadas. El secuestro de sus padres, su nacimiento en el pozo de Banfield. La libertad y el miedo revivido con la desaparición de Jorge Julio López. La lucha de memoria y justicia de su madre Adriana Calvo hasta sus últimos días de vida, en palabras de sus hijos quienes continúan su legado.

Imagen| Inforegión

Teresa Laborde nació en cautiverio hace 45 años cuando su madre, Adriana Calvo, atada y con los ojos vendados, la dio a luz en un patrullero que la conducía al Pozo de Banfield, cuando la secuestraron.

Este martes, junto a sus hermanos Martina y Santiago, brindaron testimonio ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que lleva adelante el juicio contra 16 represores que actuaron en los Pozos de Banfield, Quilmes y Lanús. Testimonios llenos de emoción de quienes, con tan solo cuatro años en el caso de Martina y dos en el caso de Santiago, sufrieron el secuestro de su madre y su padre y la incertidumbre de su destino durante meses y en el caso de Teresa atravesado por el dolor de haber nacido en condiciones inhumanas durante el secuestro de su madre.

Adriana Calvo, fundadora de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), fue la primera sobreviviente de un centro clandestino de detención que declaró en el Juicio a las Juntas. Con un gran compromiso y capacidad de reconstrucción pese a las condiciones inhumanas en las que estuvo secuestrada, desde el día que salió del campo de concentración se contactó con las familias de las personas que habían estado detenidas con ella y hasta sus últimos días aportó, con su inclaudicable trabajo de investigación datos sobre hechos, compañeres y genocidas para avanzar en el juzgamiento a estos últimos y en la restitución de les hijes apropiades. Falleció en 2010 por lo que su testimonio filmado fue proyectado en la audiencia del 10 de noviembre de 2020.

En una declaración colmada de emoción y fortaleza, Teresa denunció que los represores de ese lugar estén "sentados en el living de su casa" y los acusó de saber dónde están los otros bebés que nacieron allí. "Siempre fui ’Teresa la que nació presa’. Nací desaparecida en un traslado, en el asiento de atrás de un Falcon. Llegué en el cruce de Alpargatas, no tuvieron la deferencia de desatarle las manos, así que quedé colgando. Cuando llegamos al Pozo de Banfield, Bergés le sacó la placenta a golpes, la hicieron subir por escalera y a mí me dejaron en una mesada fría. Ella ya contó las cosas tremendas que le hicieron, me parece inadmisible que ese señor esté sentado ahí en su casa", manifestó Teresa en relación a la prisión domiciliaria que cumple el médico al igual que la gran mayoría de los imputados.

Entre lágrimas, recordó a modo de homenaje a las compañeras de cautiverio de su madre leyendo parte del testimonio de Adriana puso en evidencia la solidaridad que reinaba aún en el peor dolor cuando esas mujeres formaron una muralla humana alrededor de Adriana para evitar que los represores le quiten a la nena.

"En mi imaginario fue que me criaron como loba. Eso es lo más importante, la solidaridad que tenemos en el ADN y es lo que nos quisieron robar", sostuvo Teresa recordando sus nombres: Cristina Navajas, Gabriela Carriquiriborde, Gladis Pujol, María Eloisa Castellini, Isabella Valenzi y Silvia Muñoz. Aún permanecen desaparecidas.

"Siempre me supe tocada por la varita mágica porque de todos los bebés nacidos allí yo salí con mis papás. Pero a pesar de sentirme afortunada y celebrar la vida, algo que mis padres me transmitieron, tenía miedo de dormirme sola. El Hombre de la Bolsa, el Cuco no era leyenda, estaba a la vuelta de la esquina, era un policía, un cura, un empresario, podía ser el dueño de un canal de televisión".

Recordó que al inicio del Juicio a las Juntas sus padres sentaron a los tres hermanos sobre la cama y les contaron lo sucedido, ya que iban a declarar en ese juicio. "Ese juicio fue un montón, pero un juicio no es justicia y eso lo fuimos comprobando con los años".

Seguí el juicio Brigadas

Así mismo enfatizó que su madre decía, "no se hizo justicia, se condenó a la cúpula" y al momento de la segunda desaparición de Jorge Julio López, tras declarar en el primer juicio contra Etchecolatz, volvieron las amenazas y el miedo. "¿Se pueden imaginar los jueces el miedo de un sobreviviente ante la desaparición de López? Yo creo que ahí se le despertó el cáncer a mi mamá, porque a partir de ahí le cambió la cara".

La mujer remarcó que "los bebés de Eloísa Castelli, de Isabella Valenzi, de Gabriela Carriquiriborde todavía no están, y los que lo saben están sentados en su casa", en alusión a los represores con arresto domiciliario.

Martina, por su parte, expresó que su madre y su padre "nos enseñaron a no bajar los brazos, que el miedo es normal pero no nos debe paralizar y a mi vieja ni el miedo la paró. Hasta dos días antes de su muerte hacía una planilla Excel con campos de concentración y quién había estado".

"La virtualidad me hizo ver a estos soretes como Bergés en el living de su casa. Uno se los quiere imaginar en un cuarto oscuro con rejas, pero los veo sentados en el living de su casa, tomando un vinito mientras nosotros declaramos", denunció indignada

"Se puso en el banquillo a un puñado de militares, nunca a civiles, a los empresarios, curas, responsables de medios de comunicación sin los cuales el genocidio no habría sido posible porque ningún pueblo acepta semejante aberración si no es a través de la mentira y el engaño".

Sobre los juicios manifestó que “La Justicia llega tarde y a cuentagotas”, señalando que “nunca se juzgó a civiles, periodistas, empresarios, curas”. “Sin ellos la dictadura y el genocidio no hubiese sido posible. Lograron justificar lo injustificable, que la sociedad naturalice la violencia y están todos libres y siguen ostentando el mismo poder de antes. Mientras no se juzgue a esos responsables, no creo que cambie mucho en el país”.

Santiago Laborde también recordó la declaración de su madre en el Juicio a las Juntas y la desaparición del López. "Con López, volvió el miedo y las amenazas. Fue un hecho que marcaba lo endeble de todo. Yo la veía a mamá y sus compañeras de asociación como heroínas, que no las paraba nadie, pero lo de López fue un cimbronazo”. “El punto fue redoblar la apuesta y aquí estamos, juzgándolos 40 años después en su casa. Son muy pocos los que están en cárcel común”, señaló ante el Tribunal.


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