Cultura

EL TELESCOPIO

Techos parlantes

Techos con mucho para contar.

Viernes 18 de octubre | 11:03

Imagen: Caro Daglio

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”, dijo el poeta Walt Whitman.
Es verdad que los techos gritan. También murmullan, esconden, derriban, sostienen y dejan caer. Son escenarios de grandes sucesos.

Cuando viajo en el tren, no dejo de observarlos, parecieran que cobran otra dimensión. Uno podría pensar en el techo como un límite. A mí me gusta imaginarlos como campos de disputas, escaparates y grandes amores. El techo es final y es comienzo.

De chapas acanaladas como si fueran oleajes en suspenso o aquellos grandes toboganes deslizantes por donde las bestias nocturnas pasean. Otros se transforman en bellos viveros o en acogedores restaurantes. Las más bellas escenas de sexo y pasión también tienen un techo en su haber. En muchos de ellos, las prendas lavadas revolotean en el viento como siluetas danzantes. Seguramente grandes conspiraciones y debates interminables tuvieron un techo como telón de fondo.

Me viene el recuerdo de mi hermano subiendo a los techos vecinos buscando la pelota y la vecina quejándose de los ruidos de aquella corrida. O de aquella escalerita en el patio de la casa familiar a la cual siempre tuve miedo de escalar de chica; temía llegar al techo plateado pensando que allí me esperarían extraterrestres y me llevarían lejos. Nunca subí.

Los techos tienen mucho para contar.
Fueron testigos de las huelgas de las escobas, en 1907, cuando aumentaron los alquileres de los conventillos y las mujeres sacaron a escobazos a quienes osaron arrancar a las familias de sus casas. Participaron de las barricadas en la Córdoba del 69 junto a los obreros y estudiantes que le dieron flor de cachetazo al poder de turno. Saben de solidaridad cuando liberaron el escape de muchos que, perseguidos por las botas verdes, buscaban un mundo más justo, aunque muchos no volvieron. Ellos presentes, por siempre.

Los techos conocen la pobreza cuando no pueden parar la lluvia o el frío en las casas o las escuelas; o cuando el agua los alcanza y sus chapas se convierten en cartón o nylon. Saben de pelea, cuando se volvieron trinchera de los y las trabajadoras de la fábrica Pepsico que batallaron contra el cierre de la fábrica.

Denuncian la criminalización de la juventud pobre, como gritan en las casas del Barrio Nuevo de La Plata, “Ningún pibe nace chorro”, exclaman las tejas del barrio social para que lo vean los de arriba.

Los techos miran futuro, al saludar a los miles de pañuelos verdes que gritaron aborto legal y que la iglesia se vaya a laburar en el encuentro de mujeres y disidencias más grande de la historia.

En los techos se alumbran historias de héroes y villanos, cobardes y aguerridos, soñadores y caídos. El sinfín de estrellas que alumbra a los millones de techos guardan las más épicas batallas por la libertad. Aquel destello de octubre que inició la más hermosa revolución.
Es hora de animarse y subir a ese techo, las chispas comenzaron a encederse.







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