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Efemérides.Stevie Ray Vaughan, el acróbata de la guitarra

El 26 de agosto de 1990, Vaughan y su banda tocan en Wisconsin. Hacia la medianoche, toma un helicóptero que se estrella a poco de despegar en medio de una densa niebla. Nadie sobrevive. Esa noche el cielo lloró. El blues, su gran legado.

Jueves 26 de agosto | 07:00

"El blues y el rhythm and blues son una manera de vivir más que un estilo musical" - Ray Charles

En Austin, autoproclamada la ciudad de la música en vivo, y una de las ciudades más importantes de Texas, Estados Unidos, surge la historia de los antihéroes. De esos esclavos transportados de África para trabajar en los campos de algodón. Muchos de ellos eran cantantes que trajeron consigo sus cantos de historias épicas. En 1928, el gobierno separó la parte este de la ciudad del oeste mediante la avenida East Avenue. En el este se estableció la población negra y esa zona se llenó de bares donde se desarrollaría una gran ola de música en vivo.

Es en ese Texas donde en 1954 nació Stevie Ray Vaughan.

A los 7 años agarra su primera guitarra que era un juguete de plástico. A los 10 años “él sabía lo que quería” y toma la iniciativa de aprender a tocar inspirado por su hermano mayor, Jimmie, que le enseña los secretos del Blues. Años más tarde lo impulsa a entrar en la escena musical texana.

Influencias musicales

Fue un autodidacta. El blues era su gran pasión. Le atraía mucho la cadencia melancólica de este género, que él supo combinar con el vertiginoso rhythm and blues agregando sutiles pinceladas de funky y jazz, dándole a sus creaciones una mezcla muy especial.

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Con un oído prodigioso, empezó a componer a pura inspiración y guiado por un profundo amor por Hendrix, Freddy King, Robert Johnson, el abuelo del RNR, el de la leyenda, el que había vendido su alma al diablo en crossroad a cambio del blues, entre otros grandes artistas de la “Black Music”.

Carrera musical

En la adolescencia toca en varias bandas de garage y en 1975 deja la escuela para establecerse en Austin, donde forma Double Trouble. Con Vaughan como vocalista, la banda se forja de una buena base de fans a lo largo de Texas. En 1982, la banda llama la atención de Mick Jagger, quien los invita a Nueva York para animar una fiesta privada. Ese mismo año, su manager después de mucho insistir, convence a los organizadores del famoso festival de Jazz de Montreaux en Suiza para que Steve, un completo desconocido, abriera el festival.

Hace un set impecable de clásicos del blues y composiciones propias. Es un show contradictorio. El público era esencialmente de jazz aunque el festival estaba abriéndose a otros géneros. La audiencia se divide entre los que se levantan de la silla para bailar y aplaudir y los que lo abuchean, quizá por la primera impresión que genera la combinación entre el sonido aplastante, su tono de voz barítono y el aspecto de Steve: cigarro en la boca, sombrero texano, botas y su Stratocaster totalmente despintada, el clavijero quemado por cigarrillos que Vaughan colocaba mientras tocaba durante los años de girar por los suburbios de Texas.

A pesar de todo, el músico se mantiene tranquilo y concentrado todo el show, interactuando con el público entre tema y tema. Existe el registro completo de ese día que tenemos la suerte de disfrutar hasta hoy.

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Cuenta su manager : “al bajar del escenario Steve estaba confundido, no sabíamos qué pensaba, nos limitamos a mantener silencio, entregó su guitarra y se fue al camarín. Estuvo mucho tiempo callado con las palmas de la mano tapando su cara, su cabeza estaba a mil”. Ese show marca un antes y un después en su vida profesional. Fue aclamado por la crítica como la revelación del festival.

Luego, David Bowie lo invita a tocar en su álbum Let’s dance atraído por la habilidad musical del blusero. Así fue que firma con la discográfica Epic, graban varias placas y salen de gira por Europa.

Su colapso durante el tour en 1986 lo fuerza a mantenerse alejado de los escenarios y entrar en rehabilitación para despegarse de los excesos. En 1989 reaparece con su banda y graba su cuarto disco In Step, que le vale un Grammy.

Vaughan se ganó un lugar entre los músicos de blues y un espacio en los míticos bares de Austin ya que sin duda estuvo a la vanguardia del resurgimiento del blues en la década del 80. Marcando nuevos parámetros en el blues-rock y dándole un nuevo impulso al género, desde Texas Flood, grabado en tres días en 1983 hasta In step, su último álbum, en un mundo en el que cobraba fuerza el grunge y el hip hop.

Un sonido muy particular

En el escenario era donde más brillaba, su sonido era aplastante. Su Fender Stratocaster del 59, “La Number One”, afinada en Drop, medio tono por debajo de la afinación estándar, para resaltar graves, su encordado de grueso calibre -cuerdas 0,13- y trastes jumbo de mayor diámetro, le daban a su guitarra un tono gigante. Combinado con dos amplificadores de características distintas, un Fender para resaltar los limpios y agudos y un Marshall para darle mayor headroom y crudeza pero sin sacarle definición a cada nota. El sonido muy particular estaba en sus dedos y la manera rústica y furiosa de tocar. Manejaba con gran destreza su mano derecha con rítmicas al mejor estilo funky y los golpes de la púa eran sutiles o fuertes si quería resaltar más alguna nota o acorde.

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Fue parte de una generación de guitarristas surgida en los 80 que trasformó la manera de tocar la guitarra, con gran despliegue escénico y vestimenta personalizada en los distintos géneros del rock, los llamados SHRED. Se adaptó sin problema a los cambios musicales y de sonido moderno al que el blues escapaba por ser un género tradicional.

Esto atrajo a los fanas del rock hacia el blues que volvió a llenar estadios, grabar clips friccionados. Quizá fue el mejor enlace, por el virtuosismo, el dinamismo y el poderío de su música. Sus cuatro álbumes fueron éxitos comerciales y de crítica.

El 26 de agosto de 1990, Vaughan y su banda tocan en Wisconsin, un gran show en el que también toca su hermano Jimmie y Eric Clapton. Hacia la medianoche, Vaughan toma un helicóptero que se estrella a poco de despegar en medio de una densa niebla. Nadie sobrevive. Vaughan muere el 27 de agosto. Esa noche el cielo lloró.

El apasionado amor por el blues que plasmó en sus discos y sus actuaciones en vivo son su legado.




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