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Red Internacional

Periodismo narrativo. Sobreviviente de la dictadura: "Prepararse para jugarse la vida significa conspirar, siempre"

Homenaje a les 30 mil. Diálogo de dos generaciones revolucionarias. La experiencia transmitida no suplanta a la vivida, pero es clave para la juventud que se organiza y se prepara para cambiar la historia.

Juana Galarraga@Juana_Galarraga

Viernes 25 de marzo | 22:06
Foto | Mar Ned - Enfoque Rojo
  •  Tres minutos antes de la hora en que quedamos… ni que fuera setentista… jaja hola Flaco…
  •  Hola piba. Suerte que llegaste temprano, tengo ganas de hablar.
  •  Qué raro vos… ¿Habíamos quedado...?
  •  En el comienzo del trabajo clandestino… ¿Esta mesa está bien o querés ir allá?
  •  Acá está bien, los dos podemos ver la puerta.

    ***

    El Partido se fue acostumbrando desde fines del 74 a principios del 75 a pasar a la clandestinidad. Perdés gente en ese paso. Es tan difícil… o sea yo pasé, a mí no me costó. Pero por ejemplo, había un compañero que tenía un hijo. Ya en la región se empezaba a saber que si caías con tu hijo te lo agarraban y la pasabas mal. Entonces él dijo “yo la verdad, no sé si me tocan a mi hijo si no hablo”. Pidió que lo separen del Partido y se empezó a alejar. Fue honesto y como era de la dirección dijo “sepárenme”.

  •  ¿Cuándo caíste?

    Yo me fui de la Capital a la provincia en diciembre del 75 a militar en la universidad. Me agarraron en junio del 76.

  •  ¿Cómo caíste?

    Hay dos versiones. Una, un pibe que conocíamos como activista de Veterinaria. Resulta que era buchón del Ejército. Años después me crucé con la novia en la Capital y me dice, “¿no te diste cuenta que el tipo trabajaba con los milicos?” y yo le digo “no, qué querés… y vos no te avivaste de decirme antes…?” ja… Me llamó la atención esa mañana, cuando nos juntamos antes de ir a una charla, que el tipo cayó con una revista política y con botines de fútbol. La cita era en un parque…pero botines de fútbol… después saqué las conclusiones. Marcaban todo lo que pisaba, no eran como los de ahora, tenían tapones de metal. Le dije "con esa revista no te llevo ni a palos" y se la hice dejar en un árbol. Lo hice caminar como 15 cuadras hasta la casa a la que íbamos. Esa es una posibilidad.

    La posibilidad más cierta es que al lado de la casa donde hicimos la charla vivía un capataz de una automotriz muy importante. El Ejército cayó a las 11 de la mañana y nos llevaron a las 6 de la tarde, dieron vuelta la casa y no encontraron nada. Yo daba la charla, la había preparado la noche anterior, no llevé ni siquiera un apunte, era todo de memoria. La propaganda de los milicos en ese momento era feroz, si veías mucha gente joven… qué sé yo, sospechabas y llamabas al Ejército. Y parece que este tipo llamó.

    ***

    Serían los primeros días de junio de 1976. Hacía algunos días que estaba "desaparecido" en el Campo, que funcionaba desde un año antes. Era una escuela de Gendarmería donde estábamos hacinados en colchonetas mugrientas con manchas y olores de todo tipo, tirados en el suelo. El Ejército venía los miércoles y sábados a interrogar y torturar. El resto de los días nos "cuidaban" los aspirantes a gendarmes. Su papel era verduguearte cuando te llevaban al baño o te daban de comer o te sacaban a tomar sol. Cuidaban que no te levantaras las vendas de los ojos. Una noche ya era muy entrada la noche y se empezó a escuchar un leve murmullo que se transformó en un canto potente: “Aprendimos a quererte desde la histórica… desde la histórica altura…donde el sol de tu bravura…le puso un cerco a la muerte". En medio de la peor dictadura retumbaba un grito de resistencia, se le cantaba al Comandante, aprovechando seguramente que la mayoría de los aspirantes que nos cuidaban en la cuadra estarían durmiendo. De más está decir que en minutos vinieron algunos a los gritos y a los puños.

    ***

  •  Estuviste detenido más de 300 días.

    375, poco en relación a otros...

  •  ¿Cómo se hace para pasar esa experiencia?

    Tiene una sola explicación. Normalmente en las charlas nunca me vas a escuchar hablar de la tortura. Por eso estoy contento. Por lo general las corrientes de izquierda tuvieron un comportamiento de resisitr a la tortura, no hablar, aunque algunas no tanto. El problema son las convicciones, si vos estás convencido te pueden sacar todo pero las ideas no, eso te fortalece, no es físico el problema. Después de la primera tortura, la segunda es todo en cámara lenta. Es como si pasara en otra dimensión, sentís menos, porque estás insensible. Igual yo tampoco fui tan torturado. Es peor la tortura psicológica. La pasé peor en la cárcel que en el campo de concentración, porque en la cárcel vi morir más gente.

  •  Vos estuviste detenido en el Campo y después…

    En la cárcel, en un penal.

  •  Ahí te blanquearon como detenido.

    No, yo para el Partido seguí desaparecido 3 o 4 meses más. Si tenías un familiar cerca, iba hasta la ventanilla y decía Juancito Pérez y te dejaba ropa, jabón, dentífrico, desodorante. Si te lo aceptaban, la familia se quedaba tranquila porque sabía que estabas ahí, era la única forma de averiguar. Yo no tenía eso, no era de ahí. Hasta que tomé contacto con otro compañero del Partido que estaba preso desde antes en otro pabellón y tenía línea afuera. Pudimos hablar con las manos y le dije “avisá”. Los presos políticos no teníamos comunicación con el exterior, se armaba a través de los presos comunes que te sacaban un papelito en la visita de algún familiar.

    Sobrevivís por las convicciones. Hay gente que se quiebra en la cárcel. Yo vi pocos, en la cárcel te hablo. En el Campo no podés medir mucho, es otro ambiente. Vivís en el ambiente del quejido, no podés hacer mucho porque estás atado, vendado. No sabés de dónde viene el golpe. En la cárcel, pese a que estás encerrado, tenés un poco más de comunicación. Ves.

    ***

    Cuando nos sacaron del Campo nos subieron a un camión todo cerrado, con conscriptos del Ejército pisándonos la espalda, vendados, boca abajo y con las manos atadas. En un momento escuchamos que el que manejaba le decía al otro "otra vez estamos en esta esquina". No conocían el camino a la cárcel y se habían perdido. Después de unas vueltas se escucha el ruido de un portón que se abre y nos bajan. Nos llevan los penitenciarios a una sala y nos piden que nos saquemos las vendas. Con cierto temor me la saqué y me pidieron que abra los ojos. Después de tantos días la venda estaba pegada y los ojos también. Trataba de abrirlos y solo lograba abrir la boca. Me dijeron que me ayude con los dedos para despegarlos. Estaba lleno de lagañas. Lo hice y me encontré ante una pared de azulejos blancos. Me dijeron que me diera vuelta y enfrente había un civil sacándome fotos. Fue la primera sensación de libertad. Ver. Iba a poder esquivar golpes. Después de todo el protocolo nos dieron otra colchoneta re sucia, una frazada, un plato de aluminio, cuchara y tenedor. Nos subieron al pabellón 10. Pero esa es otra historia, como la de ese plato u otro, que cuando lavaba los de todo el pabellón terminó abriéndole la ceja a un militante de la juventud de otro partido que se decía revolucionario…el hecho no pasó a mayores, pero lo puso en caja. En 2010 supe que también era buchón del Ejército y entendí qué hacía en nuestro pabellón en vez de estar en el de su partido.

  •  ¿Por qué le tiraste el plato?

    Defendía el Acuerdo Nacional de Precios y Salarios.

    ***

    Yo seguí militando dentro de la cárcel. Estaba obligado. O sea ¿qué hacen los presos?… es una cosa que vas aprendiendo, militás distinto pero militás. Ahí conocí a cuadros de organizaciones revolucionarias que habían hecho enormes acciones, que estaban presos en celdas de al lado. Conocí a gente de todos los gremios, activistas. Habían sido actores de una semiinsurreción, unos años antes. Me la contaron ahí, todas sus conclusiones.

    Yo esperaba una dictadura que en un año se caía… año y medio…. tenía la fantasía como pendejo, de otro levantamiento para liberar presos políticos. Había pasado antes. Entonces pensás “yo me la aguanto, qué problema hay. Me sacan las masas”.

    Qué sé yo… debe ser linda la sensación de que te liberen las masas y no el Estado ¿me entendés? Bueno, es la fantasía que tenés para mantenerte también. Tenés que armar mecanismos de defensa, tenés que tratar, yo soy especialista. Me acostaba a dormir y dormía. Por más que lo hacías a los saltos porque podían venir a las 3 de la mañana a sacarte a bailar, yo trataba de dormir y lo lograba. Y después hacés amistades con gente de otras corrientes. Es tu vida.

    La existencia condiciona al ser. Vos ahí funcionás. A las 6 de la mañana vienen a tomar lista, a las 7 viene el pan con mate cocido, la mierda que te daban al mediodía, otro té a las 5 de la tarde y la cena que era otra mierda. Tenés otros parámetros, otro orden y si suena la reja, estás atento a qué celda le toca el castigo o a que te vengan a pegar o hacer bailar, pero sobrevivís así, si no te quebrás. Yo entré y salí militando. Y la otra ventaja que tengo, es que yo salí y siempre pude hablarlo, siempre encontré a quien contarle lo que me había pasado. Por supuesto que vas hablando lo que te va dando y lo que podés. Incluso cuando me fui a militar a otra zona, enseguida hice amistades jugando al fútbol. Me rodeé de relaciones y si me tenía que escapar, tenía para ir a dormir a la casa de un tipo normal que nadie sabía que conocía. Lo otro que aprendés en la dictadura, cuando estás pasando a la clandestinidad, es tener una casa a donde escapar que no conozca nadie. En realidad dos casas tenés que tener. Una es la que das cuando caés en cana. Yo daba la de mi vieja. Otra es la casa real donde te escondés y nunca das a nadie la dirección donde vivís.

    ***

    Te acostumbrás tanto a ser un partido clandestino que después no confiás en nadie. Te cuesta deschavarte y decir "ah soy del Partido", si hacía dos días me querían matar por decir eso. Yo calculo que hasta el 86, 87, 88, me quedaron taras, hábitos. Por ejemplo a las calles las caminé a contramano hasta 6 o 7 años entrada la democracia. Fue un hábito durante toda la dictadura, porque así escuchás lo que viene atrás y ves lo que viene adelante. Si viene el Ejército, tenés un segundo para meterte en algún lado y escaparte. A veces caminaba 3 o 4 cuadras de más. Yo ahora me enojo, las reuniones empiezan media hora después. En ese momento si no llegabas puntual te jugabas la vida vos y la vida del compañero. Eran sagradas las reuniones o las citas. Yo iba antes a pegar una vuelta a ver si en el bar veía cosas raras. Y otra cosa que se me fue, es que ahora puedo sentarme en cualquier lugar en un bar. Antes jamás me sentaba de espaldas a la puerta.

    ***

    Nilda estuvo 20 años sin hablar. El inicio de los juicios después de tanta lucha, la potenció y fue testigo clave. Charlábamos de la vida muchas veces. Estaba enferma y no se lo había contado a nadie. No sé qué juicio había y la tipa quería terminarlo. Después si se moría, se moría. Fumaba como una bestia, igual que yo. Un día estaba internada y me llama una compañera y me dice "che, dice Nilda si no le podés traer cigarrillos". Me gustó que me llamara. Fumaba a escondidas en el baño y las enfermeras dijeron que era mejor, se estaba muriendo... Cuando me llamó era porque nadie le quería llevar. Al otro día le alcancé dos puchos. Se los dejé en la mesa de luz. Nunca los pudo fumar. A la mañana siguiente fui y seguía consciente, pero ida. Me tuve que acercar con el oído, porque con un hilo de voz me decía "Flaco sacame de acá". Era como si estuviera reviviendo su tortura, se ve que volaba con eso. Yo me tenía que ir a trabajar. Le dije "quedate tranquila, que ahora vengo y yo te saco". Salgo, me fui y a la hora me llaman porque ya estaba en terapia.

    Cuento esta anécdota, no triste. No había diferencias políticas con ella o sí las había, millones, pero éramos del palo. Nos contábamos cosas como si hubiésemos nacido juntos, cosas íntimas por la confianza que te genera eso aunque esa persona no milite o milite en otra organización.

  •  Cuando te referís a del palo

    Gente que estuvimos en los campos.

  •  Sobrevivientes.

    Exacto, sobrevivientes. La tipa se masticó la enfermedad sola, fue una sorpresa para todos. Eso a mí me produjo satisfacción… aparte del dolor y la tristeza de haberla perdido. Era una tipa para sacarse el sombrero. De esos y esas hay un montón en la historia de los 70.

    ***

    En los 70 y hasta el 85, trabajé en varias fábricas grandes, metalúrgicas, alimenticias y automotrices. Lo que hacés en una agrupación en una fábrica es probar a las personas… ¿hasta dónde llegan? No sirve para la causa revolucionaria alguien que habla y habla en los vestuarios pero después no aparece en ningún lado, no hace nada. Yo no acerqué al Partido a nadie que no le conociera la casa. Para mí era muy importante que los tres o cuatro obreros con los que discutía en la fábrica me invitaran a sus cumpleaños. Iba a la casa y no me importaba que tuviera piso de tierra. Me hacía amigo y me quedaba a dormir. Y si estamos diciendo que puede venir algo, no igual, pero parecido, en algún momento puede pasar… Hasta ahora nos dominan con este tipo de gobierno, pero el sistema se cae en picada… la naturaleza nos está dando una mano bárbara. Vos tenés que saber quién es el otro, cómo vive. Y tampoco hace falta que viva en un rancho con piso de tierra para ser clasista.

    ¿Por qué es más difícil construir esa confianza ahora? Porque hay poca lucha de clases. Pero ha habido rebeliones por todos lados en el mundo y si los capitalistas siguen saqueando las condiciones de vida de las mayorías, puede generalizarse. Después de la dictadura hubo un solo compañero sancionado entre los 200 y pico de presos que tuvimos en el Partido por hablar ¿entendés? No aguantó. Tampoco mandó en cana a nadie porque nombró a gente que estaba en otra provincia. Igual fue sancionado, pero teníamos un Partido que sabías que el de al lado no te vendía. Eso generaba un espíritu común en las convicciones. Era más fácil pelear en esa situación contra la burocracia sindical, contra la los grupos de fachos, había lucha de clases. Si te convencías de las ideas después te ponían un milico adelante y te lo querías comer por el odio, te había matado camaradas.

    Con los sobrevivientes, seas de la corriente que seas, primero sos sobreviviente. En mayor o menor medida todos pasamos lo mismo. Es muy raro que veas a dos putearse, incluso en algún debate. Me encontré con uno en varias charlas, era del palo pero no había afinidad. Estábamos enfrentados políticamente. Se había vuelto funcionario de un Gobierno capitalista. En esta época ya no podía confiar en él, porque se había puesto del lado del Estado que nos reprimía a pedido de los mismos empresarios. Te hablo de la confianza que podés tener en la gente del palo que no se vendió. Incluso gente que sabemos que habló, pero obligada… Es un humano, pero siguió luchando, lo pudo hablar, se torturó sola muchas veces y lo purgó.

  •  Esa confianza está porque ustedes ya se jugaron la vida…

    Pero ustedes también se la van a tener que jugar. Y tienen la posibilidad de aprovechar nuestra experiencia para hacerla mejor y triunfar. Aunque es muy difícil transmitir el odio de clase y la experiencia transmitida no suplanta a la vivida. Hay que prepararse. La clave es no dejar de conspirar y tratar de organizarse por abajo. Cuando entrábamos en una fábrica lo primero que hacíamos en las recorridas era ver dónde estaba el tablero, la usina, analizábamos dónde la podíamos sabotear. Siempre intentábamos construir agrupaciones. Eso era conspirar. Hay que organizarse y hacerlo pero aprovechando la experiencia y todos los recursos de la tecnología para triunfar. Siempre, dentro de una fábrica, un ministerio, en el aula, entre repartidores. Prepararse para jugarse la vida, significa conspirar, siempre.

    Continuará




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