Cultura

EL TELESCOPIO

Sobre vuelos imaginarios y plazas que hablan

Una vista panorámica de La Plata nos cuenta sobre sus plazas y sus colores, la historia, la lucha y las manchas oscuras que combatir

Viernes 2 de agosto | 01:18

El otro día estuve imaginando como se vería la ciudad de La Plata con la vista panorámica de un avión. Pensé en el río, ahí muy cerca, y en las plazas.

Plaza Moreno, su perfección y coordinación trazada, entre verde y blanco. Las formas pintadas de Julio López y Johana Ramallo, en un grito contra la impunidad.

Pensé en plaza San Martín después. Centro político histórico de la ciudad. Cuando era piba pasaba caminando y veía las fotos blanco negro colgadas con leyendas.
Jugaba a inventar historias de vida de esos rostros ¿Que hacían? Ese mundo distinto ¿Cómo lo soñaban? ¿Cómo era cuando estaban?

Esa misma plaza en ciertas fechas se llena de banderas, cantos, fuerza, movilización y colores, colores del humo y de los pensamientos que brotan.
Otras veces, la misma plaza, un paisaje más cotidiano, aunque con aires de lucha, que por cierto siempre vuelven, o siempre se quedaron. Los pasos apurados, corridas al colectivo, los puestos de comida, los “manteros”.

La denominación mantero, en la jerga popular, habla del hecho de poner una manta sobre la vereda, para vender distintos productos. Así, en la calle. Habla, también, de alguna forma, del hecho de no poder adentro, de estar fuera.

Los últimos tiempos los manteros iban ocupando cada vez más los espacios de vereda de la plaza. Entre ellos, aquellos migrantes senegaleses que huyen de la miseria e intentan ayudar a quienes aún los esperan en la tierra en que crecieron.

También de un tiempito para acá, la práctica de tomar ropa usada de casa y llevarla, ha sido la más común, por la necesidad de ambas partes, la una por vender, la otra por comprar, con recursos mínimos.

Hace unos días una doña hablaba en la radio. Contaba que había estado yendo a la plaza. El periodista repreguntó ¿Por qué? ¿Con qué fin?
¿Con qué fin? Dijo ella: para poder comer. Ese es el fin. El hambre crece, y la necesidad también.

Duele no poder comer. Lo más elemental de lo elemental: comer, calor en invierno, dormir. Eso en este sistema hay quienes (pocos) lo viven de manera natural, pero están los otros muchos que luchan contra las determinaciones y las limitaciones todas para conseguirlo (“la fuerza de los fuertes”). Si, están los que sobreviven, lejos de disfrutar de una vida plena, como la doña de la entrevista. Comer es el fin.

Pero hace un tiempo ya el paisaje de la plaza cambió, e imagino que en ese paisaje panorámico del avión, se verían pequeñas manchas negras rodeándola.

Son las manchas oscuras de las fuerzas de seguridad, que empañan el paisaje de ese verde lleno de lucha y de convicciones, que imponen rechazo y bronca. Esas manchas oscuras expulsan las mantas, sustraen mercadería, reprimen, esposan, castigan.

Esas manchas negras, como metáfora de los signos oscuros de nuestra historia, como idea repudio, como el ímpetu de bronca y el grito contra la impunidad que nos regala la otra imagen, la de Julio López, la de Johana.

Vuelvo a mi avión imaginario, las manchas se van, y queda todo lo otro. Real, puede ser muy real.

“…no habrá ni guardianes ni vigilantes en las murallas. Y todas las fieras salvajes serán exterminadas…” Jack London







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