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Editorial.Sindicatos y movimientos sociales: resistencia o integración

¿Entrar en las listas de los partidos patronales para pelear mejor? Con pocos lugares en las listas se mantiene la deriva de integración al Estado de los referentes sindicales y de los movimientos sociales oficialistas en momentos de un fuerte ajuste.

Leo AméndolaAlerta Spoiler Noticiero | Delegado en ATE-Trabajo

Martes 27 de julio | 14:07
🖋️ EDITORIAL | Sindicatos y movimientos sociales: ¿resistencia o integración? - YouTube

En un podcast en el que intercambian M. Esperanza Casullo y Andrés Malamud hablan sobre políticos que no son profesionales que entran en la política desde afuera cómo outsiders.

Comparan lo que se da en otros países del mundo donde los outsiders llegan a la política directamente con sus sellos por fuera de los partidos tradicionales con lo que pasa en Argentina donde directamente estas incorporaciones se dan a través de los principales partidos.

Ahora está gente como Manes o Tetáz. En otros momentos de la historia nacional hubo futbolistas, deportistas o celebrities.

Es una forma de integración de figuras que aparecen quizá para oxigenar un poco, o de cierta renovación de caras, no de contenidos ni de programas.

Junto a los outsiders hay una integración por la vía electoral que tiene mucha mas tradición e historia y cuyo vehículo ha sido el peronismo: la de los sectores que vienen desde el sindicalismo buscando instalar la idea de que por esa vía se reforzarán las demandas de los trabajadores.

Sobre el tema específico recomiendo la nota de Lucho Aguilar en LIDque tiene una radiografía del peso de los sindicatos en las listas.

En el último tiempo se incorporaron a esta lógica también el planteo o la búsqueda de un espacio en las listas los referentes de los movimientos sociales.

Primero hay que aclarar algo. En particular este cierre no fue muy bueno para los sectores del sindicalismo dentro del Frente de Todos.

Hubo otras prioridades: radicales cómo santoro en la CABA, políticas con carrera dentro de la administración del estado cómo Tolosa Paz, puestos para camporistas fieles. Incluso ministros como Daniel Arroyo que va a jugar en las legislativas.

En el fervor del cierre y de la lapicera, la CGT y la CTA salieron mal. Son de los grandes aparatos, los quienes salieron menos beneficiados de la repartija.

Este reclamo vino también del flanco de los movimientos sociales que en el transcurso de los últimos 20 años, progresivamente desarrollaron un camino de integración al estado y sus partidos.

Aun con integración de por medio, el lugar que conquistaron en las listas motivó a Juan Grabois a plantear que en las listas del FdT “falta representación de los sectores populares”.

Hay varios posteos de referentes del espacio de Patria Grande (que pretenden ubicarse como una suerte de pata popular) en el armado del FdT que dan cuenta de la “hostilidad de la rosca”, que muestran cierto descontento. Todos sus descargos terminan en una aceptación de las reglas del juego.

Y vuelve el argumento repetido hasta el cansancio: que del otro lado está la derecha, el neoliberalismo, la ortodoxia. Cuestión que no es menos cierta que el ajuste que se está aplicando durante esta gestión del Frente de Todos sobre los que menos tienen.

De todas formas, tanto para los sindicatos como los movimientos sociales hubo algunos lugares reservados en las listas y seguramente se valoró en ese reparto una contraparte fundamental: haber sacado de la calle el reclamo popular, evitar el desborde, contener lo que bien dirigida podría ser una bronca imparable contra los ajustadores. Todo bajo la premisa de que “peor es nada”, que hay que saber calibrar el momento, que es lo que da la relación de fuerzas.

Los referente de llamada “economía popular” cuyo vocero de más alcance quizás sea Juan Grabois de la CTEP, quedaron con unos pocos lugares que incluyen a Daniel Menéndez de Barrios de Pie que consiguió un lugar en las listas luego de la fusión del Movimiento Evita con Barios de Pie, o Cecilia Barros, responsable del Frente de Mujeres del Movimiento Evita en la ciudad o Daniela Castro, directora de Políticas de Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires e integrante del colectivo travesti-trans.

Desde el mundo sindical los que salieron mejor parados fueron el bancario de origen radical Palazzo, Siley y Hugo Yasky estos dos últimos que deben renovar sus bancas. Walter correa del Cuero sin chances de entrar. Y Maia Daer, hija del secretario general de la CGT, de 36 años y abogada.

En el terreno sindical también hubo un toma y daca muy importante entre el gobierno y los dirigentes sindicales.

2019, 2020 y 2021 fueron en lo esencial de la negociación en frío, de la justificación del ajuste por la herencia y por la pandemia, que para los movimientos sociales incluyó la aceptación sin pelea de un aumento del SMVM que condena a quienes viven de ese salario una vida por debajo de la línea de pobreza.

La modificación de la fórmula previsional por la cual el estado argentino se está ahorrando $50.000 a expensas de los jubilados, es uno de los ejemplos más gráficos del último tiempo.

En esa ley hubo acompañamiento de todos los referentes de sindicatos o movimientos sociales del frente de todos: Yasky, Moyano, Siley, Alderete de la CCC o Fagioli de Patria Grande.

Es un caso que puede servir como ejemplo de que la definición política y la adhesión a un proyecto se impone por sobre las particularidades del “sector” desde el cual se incorporan.

Si en algún momento el historiador Daniel James definió al peronismo con una fórmula de dos términos al plantear la idea de “resistencia e integración”, el rol que ocupan los referentes sindicales y sociales en los armados peronistas desde hace un tiempo, impone el segundo término de la fórmula sobre el primero.

Ante todo habla de un problema de origen que es la orientación social (para quien se gobierna) y del el programa de estas fuerzas. Que hay que leerlo entre líneas en discursos con más símbolos que propuestas y definiciones de acción.

Las listas del FIT-U en todo el país, están llenas de trabajadores y trabajadoras. Que son referentes de sus propias peleas, pero sobre todo que defienden ideas y un programa, es decir, medidas concretas y una hoja de ruta sobre cómo conquistarlas, que pone en el centro la actividad y la militancia independiente de los trabajadores ante los patrones y sus partidos.




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