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Red Internacional

El ministro de Kicillof, encubridor del gatillo fácil y de la desaparición de Facundo Castro durante el ASPO de 2020, usa de excusa el avance del covid-19 para su programa represivo. Ni una idea para evitar que más gente caiga en la pobreza y para reforzar al máximo el sistema de salud.

Viernes 23 de abril | 13:04

El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, expresó este viernes a través de Twitter su propuesta de implementar nuevamente “una cuarentena total, estricta con todos realmente adentro”. Según él, “profundizar” las medidas en ese sentido le permitirá al Gobierno “mejorar los controles y que la gente no se muera de covid”.

Basándose en datos de la realidad, Berni dijo que “el sistema sanitario está colapsado y no tenemos margen. La economía y todo lo demás se revierte, la vida es irrecuperabe” (sic).

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En otro tuit agrega que, como el jueves “la pandemia marcó una nueva cifra alarmante” y “537 compatriotas fallecieron por covid”, él opina que se debe “ir a una cuarentena de verdad. Un día de inicio, un día de final y donde todo está cerrado, absolutamente todo”. Transcribía así lo que había dicho anoche en los estudios de La Nación + junto a Jonatan Viale.

No debería pasar inadvertida la definición de Berni respecto a que “la economía y todo lo demás se revierte” mientras propone un cierre total de las ciudades con toda la población retenida en sus domicilios.

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Parece que para el ministro no hay hoy en Argentina 19 millones de personas pobres (el 42 % de la población), que la inflación no carcome los bajos salarios de la clase trabajadora y que las millones de personas que trabajan en la informalidad absoluta tienen “espaldas” de sobra para dejar de buscar el sustento diario.

Y más cínico aún, parece que para Berni no es su propio Gobierno el que deja a esos millones de personas a la deriva a nivel económico, sanitario y social, precarizando cada vez más las condiciones de existencia de los sectores populares en un contexto sanitario más que grave pero donde las medidas de fondo para paliar de raíz las consecuencias de la pandemia brillan por su ausencia.

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Pero si todo eso no fuera poco, Berni quiere reproducir la cuarentena represiva que ya se vivió el año pasado, con infinidad de casos de violencia estatal a manos de las diferentes policías del país, incluyendo el papel “destacado” de la Policía Bonaerense que él mismo conduce.

Vale mencionar, entre muchísimos casos, el de la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo Astudillo Castro, donde el ministro de Kicillof jugó un papel central en el encubrimiento de la Policía que conduce, principal sospechosa de ese crimen.

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La “cuarentena total” que hoy Berni propone, avalado por el gobernador Axel Kicillof y por su jefa política y vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene como sustento el empoderamiento feroz de decenas de miles de uniformados que hacen lo que quieren en las barriadas populares, con su saldo inevitable de heridos, muertos, desaparecidos y encarcelados con causas armadas.

De todos modos queda claro que, como dice el refrán popular, “la culpa no es del chancho sino del que le da de comer”. Y ahí, el “progresismo” peronista no hace otra cosa que darle aire (y poder) a uno de los funcionarios más derechistas que las administraciones kirchneristas han sabido conseguir. Después, cuando las calles empiezan a ensangrentarse por los supuestos “excesos” de la Bonaerense y otras bandas legales de represión, se rasgan las vestiduras como si nada tuvieran que ver en esos desenlaces.




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