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Red Internacional

Poco serio. Sin hacerse cargo de nada, Alberto culpó de la inflación a la “psicología” de los almaceneros

Tras festejar la votación del presupuesto de ajuste a pedido del FMI, el Presidente dio una entrevista donde demostró su voluntad de beneficiar a las corporaciones. También habló del impuesto a las ganancias y del futuro electoral del Frente de Todos. Muchas autojustificaciones y ni una palabra sobre las promesas incumplidas desde 2019.

Miércoles 26 de octubre | 13:18

Habían pasado pocas horas de la votación en la Cámara de Diputados donde el kirchnerismo y el resto del Frente de Todos, acompañados por parte de Juntos por el Cambio, dieron media sanción a la ley de Presupuesto 2023 que fija institucionalmente el brutal ajuste dictado por el FMI. Con ese festejo aliviado por conseguir el aval del Poder Legislativo a las políticas económicas planeadas por Sergio Massa, el presidente Alberto Fernández se sentó en los estudios de El Destape y conversó durante casi una hora con Roberto Navarro.

En la entrevista dialogaron sobre datos económicos, salarios, inflación, impuesto a las ganancias, jueces, la derecha de Juntos por el Cambio y las perspectivas electorales del Frente de Todos de cara a un año en el que el Gobierno terminará su mandato y hay serias dudas sobre su capacidad de reelección.

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Pum para arriba

Arrancaron compartiendo los “buenos números” que arrojan algunas estadísticas de la macroeconomía argentina de los últimos meses, comparándolos con los conseguidos por el macrismo, como queriendo dar una buena noticia en un contexto donde las mayorías populares sufren día a día el ajuste a pedido del FMI. Algo que se acaba de profundizar con la votación del Presupuesto 2023.

“Yo marco esto para darle aliento a todos, a la gente, a los argentinos. Vamos a terminar cuatro años de gobierno, dos con pandemia y uno con guerra, y vamos a haber crecido tres años consecutivos el PBI”, dijo el Presidente.

Navarro le preguntó si piensa si “la gente siente eso”. Fernández dijo “no” y enseguida agregó que “la gente está muy afectada” porque en su gobierno “se recuperaron empleos con salarios más deprimidos que los existían en 2015”. Enseguida el periodista (que intenta expresar parte de los cuestionamientos que vienen teniendo las bases del Frente de Todos) le planteó que quizás, más allá de las paritarias, estaría bien una “intervención” estatal sobre los salarios, decretando algún “aumento” de emergencia. Alberto se puso incómodo.

“Es una discusión esa, es un debate, no te puedo decir que no te quepa razón o... lo que sí te digo es que eso es romper la lógica de la paritaria, se desarticula toda la escala salarial de una actividad y esa es la gran oposición de los gremios... No es tan simple, no es tan simple”, respondió. Lógicamente, sabe que (al menos hasta el momento) gran parte de los dirigentes sindicales de peso acompañan el plan patronal de reducción salarial en base a la inflación, tan convenientes para los empresarios con los que históricamente tranzan de espaldas a las trabajadoras y los trabajadores.

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Para salir por la tangente, el mandatario remató: “De lo que no cabe ninguna duda es que tenemos que abocarnos a distribuir de otro modo el ingreso”. Lo cual, a horas de haberse votado el presupuesto de ajuste, suena más a un chiste que a buenas intenciones.

Como si no fuera el máximo responsable de ejecutar las políticas que orientan la economía del país y, en consecuencia, generan esa mejor o peor “distribución”, Fernández reconoció que bajo su gestión “hay una serie de sectores que tuvieron ganancias extraordinarias, por la pandemia como los laboratorios, y por la guerra como alimentos y energía”. Y aclaró que el Gobierno, para supuestamente apostar a una mejor distribución de la riqueza, no quiere “gravar toda la ganancia, sino esa que excede al promedio que venían ganando”.

El Presidente dice que ya habló con el ministro de Economía, Sergio Massa, para reimpulsar el proyecto de impuesto a la renta extraordinaria. Pero la experiencia demuestra que cuando el peronismo hace eso (como con el “aporte” por única vez de las grandes fortunas aplicado en diciembre de 2020), siempre termina beneficiando a otros sectores del poder económico que, por esas cosas del destino, no tuvieron “ganancias extraordinarias”.

Lo que oculta Fernández es que las grandes empresas (las que se beneficiaron con la pandemia y la guerra y las que no) llevan años aumentando los precios de sus productos de forma criminal sin ningún tipo de freno (mucho menos de reversión de esas medidas) por parte del Estado al que él mismo representa como presidente. Un poco chanta, ¿no?

Inflación

“Ése es el gran problema que tenemos”, dijo el Presidente sobre el aumento constante de los precios que ahorcan los bolsillos populares. Y volvió a insistir en su retórica “redistribucionista”, aunque ante todo aclaró que “hay una inflación en todo el mundo que repercute en Argentina, eso es así”.

Otra vez, como si fuera un mero analista, dijo que hay “un tema psicológico” con la inflación. “La Argentina tiene 400.000 puntos de venta de alimentos, desde supermercados a almacenes o quioscos. El señor que tiene un quiosco lee en un diario que va a subir la luz y empieza a aumentar cada chocolatín por las dudas”. ¿En serio Alberto que la culpa del aumento exponencial de los alimentos la tienen los miles de quiosqueros y almaceneros de barrio? ¿Y Arcor? ¿Y Ledesma? ¿Y Bunge? ¿Y Cargill? ¿Y los pulpos aceiteros? ¿Y Molinos Río de la Plata? ¿Y Edenor, Edesur y todas las distribuidoras de energía? ¿E YPF, Shell y el resto de las productoras y comercializadoras de combustibles?

“Ahí estamos trabajando con Sergio, en ver de buscar acuerdos de productos, medianamente duraderos, para anclar el problema”, agregó. “Un acuerdo que lo cumplan y que se pueda cumplir”, insistió. Nuevamente la experiencia concreta de las últimas décadas le pega de frente al Presidente. Si la idea es hablarles “con el corazón” a los capitalistas voraces que desprecian a los pobres, es obvio que le responderán “con el bolsillo” (desbordante de fortunas conseguidas a base de más y más lucro).

“Para nosotros lo que la gente tiene que tener en claro es que la inflación es un problema muy serio, muy grave, que afecta a los sectores más desprotegidos, que son los que viven de un salario”, remató Fernández. ¡Pero eso la “gente” ya lo sabe, señor! Sobre todo los sectores de la clase trabajadora más precarizada y flexibilizada. No hace falta que usted, sentado cómodamente en un estudio de televisión, se lo recuerde.

“Acuerdos” con los magnates que aumentan los precios indiscriminadamente. Combate a la “psicología” del quiosquero que hace malabares para remarcar lo menos posible porque si no no vende. Y una supuesta “preocupación” por el tema, a ver si la cosa mejora en el futuro. Las únicas “medidas” del Frente de Todos contra la inflación. Todo dicho.

Impuesto a las ganancias

Alberto también hizo referencia a la votación en Diputados del Presupuesto 2023. ¿A la batería de artículos que profundizarán el año que viene el ajuste a pedido del FMI sobre los ingresos y la vida de millones de laburantes? No. Sólo habló del rechazo al artículo que obligaba a pagar el impuesto a las ganancias a “todos los integrantes del Poder Judicial”, es decir a los jueces de la Corte Suprema y también a las trabajadoras y los trabajadores de esa área del Estado.

“La oposición, cada vez que uno toca este tema, dice ‘esto es un ataque a la Justicia’. Nada que ver. Es una cuestión de estricta justicia, porque hay que entender que muchos jueces en Argentina no pagan ganancias y los empleados judiciales, que no son jueces y por lo tanto no son alcanzados por el artículo constitucional de la intangibilidad de los sueldos, tampoco pagan ganancias”, se queja el Presidente.

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Queda claro que para él, para Massa (autor del proyecto de presupuesto) y para gran parte del Gobierno los salarios de los trabajadores son “ganancia”. En lugar de proponer eliminar ese impuesto regresivo para parte de la clase trabajadora, el Frente de Todos propone que no quede nadie sin pagarlo. Eso sí, de una transformación de fondo del sistema judicial, incluyendo los enormes privilegios de casta de jueces y fiscales (que van mucho más allá de las exenciones impositivas), ni una palabra.

Como denunciaron los diputados del Frente de Izquierda en la sesión de este martes y miércoles, el proyecto del oficialismo igualaba a jueces con empleados judiciales. Algo insostenible si lo que se pretende es defender los intereses de la clase trabajadora y combatir en serio los privilegios de la casta judicial. Por eso el FITU votó en contra, ya que no era intención del Frente de Todos diferenciar entre unos y otros, atacando de hecho a las y los laburantes.

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Grieta

“El problema es que cuando nosotros nos dividimos permitimos que gane Macri”, dijo Fernández cuando le preguntaron por la reaparición pública del expresidente (con presentación de libro incluida). Cuestionando las propuestas más reaccionarias del líder de Juntos por el Cambio (reformas laboral, previsional e impositiva), buscó hablarle al propio Frente de Todos, hoy cruzado por una interna feroz que plantea demasiados interrogantes para su futuro político.

“Tenemos que concentrar todos nuestros esfuerzos en llamar la atención sobre lo que Macri dice cuando dice estar harto de los progres”, insiste el Presidente. Irónicamente, para diferenciarse de la derecha opositora él mismo se puso del lado de los “progres”, defendiendo algunas políticas igualitaristas (y callando otras, como la represión reciente a la comunidad mapuche de Villa Mascardi). Pero en su propio gobierno hay muchos funcionarios reaccionarios puestos por él en altísimos cargos, desde el mismo Massa hasta Juan Manzur, Aníbal Fernández, Kelly Olmos o Sergio Berni en la provincia de Buenos Aires. O su exsecretario de “asuntos estratégicos” Gustavo Beliz.

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En ese sentido, de cara a las próximas elecciones presidenciales, además de insistir con la polarización discursiva con sus adversarios de la llamada “grieta”, Fernández se refirió al futuro del Frente de Todos en el gobierno. “Yo lo que quiero es que seamos capaces de hacer un debate democrático interno, sin exclusiones y respetándonos”, afirmó en clara alusión al kirchnerismo y otros sectores del oficialismo que lo vienen cascoteando desde hace rato (pese a cierto “freno” en los últimos meses tras la huida de Martín Guzmán y su reemplazo por Massa).

“Lo que más preservo es la unidad del Frente de Todos y entiendo todas las diferencias internas que tenemos. Yo tengo que estar concentrado en arreglar el ingreso y resolver la inflación, pero dejemos de tratarnos mal entre nosotros”, pidió casi rogando. E intentó evadir una definición sobre si “PASO sí o PASO no”, aunque defendió las primarias como “un gran instrumento para calificar a los candidatos”.

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“Si Cristina quiere ir a una PASO, ¿vos irías a una PASO con Cristina?”, le preguntó Navarro. “No lo sé, no estoy pensando en eso”, dijo poco creíblemente Fernández. Y parafraseando a la propia CFK de 2019, afirmó que “si para ganar me tengo que excluir, yo me excluyo”.

Finalmente, tras darle cierta “épica” a su gestión (con la pandemia y la guerra en Ucrania como factores que impidieron “hacer otra cosa”), dijo que “la Argentina tiene un futuro formidable por delante y la discusión es cómo construimos ese futuro”. Lo dice el mismo presidente que horas antes festejó aliviado la votación de un nuevo saqueo a las riquezas nacionales y a los ingresos populares en el Congreso, gracias a los votos de todas las corrientes del Frente de Todos y a una buena parte el Juntos por el Cambio.


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