Géneros y Sexualidades

ZONA NORTE DEL GRAN BUENOS AIRES

Sin bajar los brazos: la realidad de las obreras

Dialogamos con obreras de Kromberg & Schubert, Procter & Gamble y World Color. La realidad de las trabajadoras en las fábricas del Parque Industrial de Pilar.

Lila Cejas

Ex trabajadora de la autopartista Kromberg

Miércoles 14 de septiembre de 2016 | Edición del día

Entrevistadas por La Izquierda Diario, obreras de las fábricas Kromberg & Schubert, Procter & Gamble y World Color, nos contaron sobre la realidad que viven de las trabajadoras en las fábricas del Parque Industrial de Pilar, ubicado en la zona norte del Gran Buenos Aires. Con más de 20 mil trabajadoras y trabajadores, este parque industrial es el más grande de Argentina: en Latinoamérica, sólo lo supera en tamaño el parque industrial de San Pablo, Brasil.

Durante la entrevista, todas coincidieron en que en cada lugar de trabajo se refleja la misma problemática, no importa el rubro. Enfermedades laborales, acoso, discriminación: todo esto es moneda corriente para las mujeres trabajadoras que están empleadas allí.

"Seguimos organizándonos, para defender nuestros derechos"

Procter & Gamble, también conocida como P&G, es una multinacional estadounidense que produce bienes de consumo, que incluyen desde comida para perros hasta artículos de limpieza y productos de belleza y cuidado personal. Con presencia en más de 160 países, produce y distribuye para firmas mundialmente conocidas, como Gillette, Ariel, Tampax y más de 300 marcas. Según su página web en Argentina, “cuatro mil millones de veces al día, las marcas de P&G mejoran la vida de la gente de todo el mundo”. Sin embargo, su alto nivel de producción y sus ganancias multimillonarias tienen un secreto.

Florencia, ex trabajadora de esta empresa, nos contaba que “la situación en Procter & Gamble es aterradora para las mujeres. Con discriminación constante de la patronal, la quita de derechos para las mujeres, me hicieron renunciar. A mí me castigaron cuando tuve que iniciar el período de lactancia. Me mantenían en la línea de producción que le convenía a la empresa para castigarme por haber quedado embarazada al mes de efectivizarme y por discutir con el gerente. Cuando volví de mi licencia, me cambiaron de sector”.

Florencia también cuenta que “era muy frustrante cuando nuestros hijos se enfermaban: al hacer turnos rotativos a la noche, se complicaba más; y por más que el convenio nos amparaba con días de enfermedad por hijo, los días eran descontados con el consentimiento de los delegados. Yo me pedí tres días, no consecutivos, por una enfermedad crónica de mi hijo. Era el mes de junio y me dijeron que hacía abuso de este derecho, también pusieron de excusa esto mismo para no darme la categoría que me correspondía. El gerente también decía que mis jefes pedirían mi ascenso, que tanto me merecía, si tenían sexo conmigo. Para las mujeres embarazadas había extensos turnos nocturnos sin ningún tipo de consideración. Tareas de trabajo pesados que tanto a las pocas mujeres que estábamos en la línea, como a los compañeros varones, nos dejaron graves lesiones”.

Hoy en día la situación no ha cambiado para las trabajadoras de la fábrica: según denuncian, cada vez oprimen más a las pocas mujeres que quedaron tras la llamada política de “reestructuración” de la empresa, que inició en 2015 con miles de despidos y un aumento escandaloso de los ritmos de producción, al mismo tiempo que se precarizan las condiciones de trabajo, poniendo en riesgo la salud y la integridad de sus trabajadores. “Quieren que dejemos de luchar y lo poco que conseguimos en su momento nos lo quieren quitar, y así cada vez quieren imponer menos derechos para nosotras. Por eso seguimos organizándonos, para defender nuestros derechos”.

“Pelear para que esa realidad no le siga sucediendo a ninguna compañera”

En la autopartista Kromberg & Schubert las cosas no parecen ser muy distintas para las trabajadoras. Esta multinacional alemana, que fabrica mazos de cables para la industria automotriz, cuenta con un plantel de 400 trabajadoras y trabajadores, el 80% son mujeres, muchas madres sostén de hogar. La política de despidos, que se inició bajo el gobierno de Cristina Fernández, se renovó tras el veto del presidente Mauricio Macri a la “ley antidespidos”, argumentando una baja de producción.

Dejando en la calle a 56 obreras, buscaron deshacerse las mujeres que padecen enfermedades profesionales, que estaban embarazadas, eran activistas o incluso eran miembros de la Lista Violeta, opositora a la conducción del sindicato plástico.

Solange Ávila, despedida de esta empresa y en lucha por su reincorporación, nos contaba que “la realidad de las obreras de Kromberg es terrible, si bien contamos con una gran experiencia de lucha y tuvimos varios triunfos, como por ejemplo que se reconozcan los días por hijos enfermos. Antes de que estalle el conflicto por los despidos en 2013, todo era diferente. En mi caso me encontraba con mi hijo internado en terapia intensiva debido a una bacteria en su sangre y la empresa me obligó a tomarme una licencia sin goce de sueldo. Esos meses fueron duros, pero pude sobrellevarlos gracias a la solidaridad de mis compañeros, que sabiendo mi situación hicieron una colecta, la cual fue de gran ayuda. Por eso para mí, fue un triunfo personal haber ayudado y pelear para que esa realidad no les siga sucediendo a ninguna compañera más”.

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Solange también destacó que “los altos ritmos de producción nos llevan a las obreras a sufrir y padecer de diferentes enfermedades laborales, como tendinitis, hernias de disco, rectificación de la cervical, túnel carpiano, como es mi caso, operada de ambas manos”.

Solange también cuenta que “en Kromberg, con una planta con un 80% de mujeres, somos las que llevamos adelante el trabajo más pesado y desgastador. Somos sometidas a una terrible opresión que nos impide avanzar a mejores puestos y categorías, las cuales están disponibles sólo para los hombres: una clara discriminación de la patronal hacia nosotras las mujeres. A mí me despidieron por discriminación ideológica, persecución gremial y por el hecho de haber conseguido una recalificación de puesto, una conquista que nunca se logró en los 18 años que está la planta en Argentina. Por eso hoy, convencida por todo lo que pasé, sigo peleando por mi reincorporación para volver y seguir organizándome con mis compañeras, no sólo para mantener sino también para conquistar todos nuestros derechos y reivindicaciones".

“Cuando la patronal se fue, tomamos la fábrica y nos pusimos al frente”

Sandra trabaja en la gráfica World Color que, tras el anuncio de cierre por parte de la empresa, se convirtió en la primera gestión obrera en el Parque Industrial de Pilar. Ella también nos habló de las importantes luchas que protagonizan sin bajar los brazos las trabajadoras de la zona norte del Gran Buenos Aires.

“Antes de la organización, si bien había precarización en todos los sectores, había compañeras que no teníamos categorías o que sabíamos manejar máquinas. No nos daban las categorías por el solo hecho de ser mujeres. Teníamos que aguantar a los jefes de turno que nos hacían caras y nos insultaban. No nos pagaban licencias por hijo enfermo y si las contratadas faltábamos por ese motivo, nos echaban. La encargada decidía quién entraba y quién no” contó Sandra, quien agregó que “después nos organizamos, hicimos echar a un gerente por que nos maltrataba. Logramos el pago de guarderías y por hijo enfermo. Cuando la patronal se fue, las compañeras tomamos la fábrica, nos pusimos al frente y salimos a difundir nuestra situación y a hacer fondo de lucha para seguir peleando por nuestros puestos de trabajo”.

En el Encuentro Nacional de Mujeres, por los derechos de todas las trabajadoras

A estas mujeres trabajadoras las une la lucha contra la prepotencia de los empresarios, que amasan fortunas a costa de su explotación, igual que sucede con sus compañeros varones. Sin embargo, sólo por ser mujeres, ellas sufren particularmente la discriminación laboral, el acoso de gerentes y patrones, la doble jornada -en el trabajo y en la casa- y los peores salarios y condiciones de trabajo. Todas ellas, además, trabajan o trabajaron en el Parque Industrial de Pilar (PIP), el más grande de Argentina, que cuenta con más de 200 fábricas, muchas de ellas multinacionales. Y todas ellas, como mujeres y como trabajadoras, han decidido organizarse junto a sus compañeros para conquistar cada uno de sus derechos.

Bien claro tienen que nadie les va a regalar nada, que hay que armar Comisiones de Mujeres en los barrios, en los lugares de trabajo, que hay que movilizarse, salir a las calles. No quieren que las silencien en las líneas de producción, ni en ningún lado, y levantan esa voz que habla por miles de mujeres obreras que sufren la opresión, no sólo en sus hogares, sino también en las fábricas. Por eso el 8, 9 y 10 de octubre viajan con la agrupación de mujeres Pan y Rosas y el Frente de Izquierda a Rosario, a participar del XXXI° Encuentro Nacional de Mujeres.

Así lo planteaban en la charla que mantuvieron con La Izquierda Diario. "Voy al Encuentro a contarles a todas las mujeres que piensan que esto es normal, que hay que callarse por miedo a perder el trabajo o que te tomen de punto, que todas juntas vamos a poder contra esto. La única solución es que entre nosotras luchemos por nuestros derechos, nadie mejor que nosotras para pelear por nosotras mismas", dice Flor.

Sandra agrega que "hay que ir al Encuentro para pedir aborto legal, seguro y gratuito, para que no haya más mujeres trabajadoras y pobres muertas por abortos clandestinos, para no tener otra Belén ni otra Carla. Por el cupo laboral trans, y para compartir nuestras experiencias como obreras y demostrar que las mujeres organizadas podemos lograr todo lo que queremos".

Solange dice: "voy al Encuentro de Mujeres por que es una gran oportunidad para compartir toda nuestra experiencia cómo trabajadoras, y sobre todo por que voy a enriquecerme con el intercambio con otras mujeres que pasan lo mismo o peor que nosotras, escuchando y aprendiendo cómo se organizan para buscar una salida. El Encuentro es un ejemplo de lo que podemos hacer las mujeres si nos organizamos. No hay otra, hay que salir a las calles porque nadie nos va a regalar nada. Hay que arrancarle al Estado cada uno de nuestros derechos".

Al servicio de la organización de miles de trabajadoras, están abiertas las páginas de La Izquierda Diario.







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