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Red Internacional

Asia.A 100 días del golpe en Myanmar la resistencia sigue en las calles

Este 11 de mayo se cumplen 100 días del golpe militar en Myanmar. Con más de 770 muertos por la represión, las acciones en las ciudades continúan y crecen las tensiones con las minorías étnicas oprimidas.

Juan Andrés Gallardo@juanagallardo1

Martes 11 de mayo | 11:05

El 1 de febrero el Ejercito birmano ejecutó un golpe de Estado contra el Gobierno de Aung San Suu Kyi de la Liga Nacional para la Democracia (LND). La respuesta fue una ola de protestas en todo el país que los militares buscaron ahogar en sangre. Este 11 de mayo, cien días después del golpe, los militares siguen sin controlar un país sumergido en huelgas, manifestaciones, enfrentamientos con las guerrillas de minorías étnicas y el aislamiento internacional de la junta militar.

El Ejército justificó el levantamiento por un supuesto fraude sobre el que no había ninguna prueba y que en realidad escondía el estrepitoso fracaso del partido militar en las elecciones en las que resultó ganadora la LND de Aung San Suu Kyi, como ya lo había hecho en 2015.

El Tatmadaw, como se conoce al Ejército birmano que acumula cuotas enormes de poder político y económico, esperaba que fuera un "golpe limpio" bajo la promesa de nuevas elecciones en un año. Sin embargo, su accionar ha derivado olas de huelgas y protestas con un rechazo generalizado de la población a la junta militar y una economía que bordea el colapso.

¿Qué es el Gobierno de Unidad Nacional?

Mientras que en las calles las movilizaciones se mantuvieron, aunque con distintos grados de adhesión, y con un fuerte componente de jóvenes, estudiantes y trabajadores precarios y de la industria como las obreras textiles, la oposición política del partido de Aung San Suu Kyi, fue buscando acuerdos para establecer una suerte de "Gobierno paralelo", bajo el nombre de Gobierno de Unidad Nacional, para llevar las movilizaciones de las calles hacia una negociación por arriba (sea con organismos internacionales, como ante una eventual junta militar debilitada).

Sin embargo, este Gobierno de Unidad Nacional fue declarado como organización terrorista por la junta militar, mostrando que aún no están dispuestos a sentarse a negociar. La misma suerte corrieron otras instituciones impulsadas por la LND como el "Parlamento democrático", llamado Comité de Representantes de la Asamblea de la Unión (CRPH, sigla en inglés).

El CRPH fue formado poco después del golpe, y el pasado 16 de marzo anunció el llamado Gobierno de Unidad Nacional, integrado por políticos cercanos a Suu Kyi, activistas y representantes de las minorías étnicas.

Tras meses de represión por parte de los militares golpistas, el "Gobierno democrático" anunció el pasado miércoles la creación de la Fuerza de Defensa Popular, una milicia civil que según sus objetivos fue "ideada para defender a sus seguidores".

Los representantes ligados al LND indicaron que la Fuerza de Defensa Popular es el paso previo hacia la creación de un Ejército federal que espera poder formar con ayuda de las guerrillas de las minorías étnicas.

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Hasta ahora este último acuerdo no existe en la realidad. Es que si bien las guerrillas de las minorías étnicas enfrentan constantemente el asedio de la junta militar y se arriesgan a que bombardeen sus pueblos, todavía recuerdan que bajo el Gobierno anterior del LND, y de Suu Kyi, también fueron perseguidos, reprimidos y asesinados, en particular las minorías musulmanas.

La lucha sigue

Cumplidos cien días, la junta militar ha asesinado a al menos 775 civiles, incluidos 43 menores, y mantienen detenidas a más de 3.700 personas, incluida a Suu Kyi y al presidente depuesto, Win Myint, según el recuento de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP).

Por eso, más allá de las instituciones presentadas por la oposición política como el "Gobierno de Unidad" o el "Parlamento democrático", la lucha sigue estando en las calles donde la resistencia al golpe y la brutalidad de la junta actúan en forma permanente.

Precisamente, este martes se cumple un mes desde una de las peores masacres desde el golpe ocurrida en la ciudad de Bago, donde los uniformados atacaron con armas militares a los manifestantes, causando al menos 83 muertos en solo un día.

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Trabajadores de la salud, la educación, obreras textiles y de otras industrias, junto a jóvenes estudiantes siguen estando en la primera línea de la lucha. Aunque la intensidad de las protestas ha bajado, tanto producto de la brutal represión, como por la falta de una dirección y organizaciones independientes de la trampa del diálogo de la oposición política, las movilizaciones se mantienen con diferentes niveles y periodicidad.

Desde las primeras semanas del golpe, la resistencia en las calles fue levantando una serie de demandas que iban más allá de la caída de la junta militar para que vuelva la LND de Suu Kyi. De hecho, la LND había gobernado el período previo con una plataforma política y económica neoliberal de apertura a las inversiones imperialistas y atacando las condiciones laborales, precarizando aún más el trabajo. En particular el de los jóvenes, que son hoy uno de los principales actores de las protestas.

Los manifestantes quieren mucho más que la vuelta del LND, piden una reforma estructural que acabe con la última constitución que da a los militares poderes absolutos que incluyen el control de varias de las empresas centrales de la economía de Myanmar, una piso asegurado de bancas en el Parlamento, como así también de ministros en el gabinete de cualquier gobierno electo.

Es por esto que la respuesta de los militares fue tan brutal. Las manifestaciones atacaban y siguen atacando el enorme poder que han venido acumulando. Las huelgas, manifestaciones y enfrentamientos son una amenaza a sus privilegios. Pero al mismo tiempo la bronca acumulada y la experiencia de estos meses de lucha tampoco hacen viable el retorno tranquilo de un Gobierno del LND, ni de sus políticas neoliberales. Un Gobierno de este tipo sería completamente débil y comenzaría su mandato totalmente cuestionado y presionado por el ritmo de la calle y sus demandas, como así también con las de las minorías étnicas que vienen jugando un rol desatacado en los enfrentamientos con el Ejército y la junta golpista.

A cien días del golpe, la fuerza de las movilizaciones en Myanmar sigue estando en las calles. El apoyo y la solidaridad internacional se hacen fundamentales.

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