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Red Internacional

Literatura.Sexo, represión y guerra: las Ciencias morales de los años de plomo

Ganador del premio Herralde de Novela en 2007, Martín Kohan se convirtió en uno de los grandes escritores contemporáneos por esta historia ambientada en el Colegio Nacional de Buenos Aires, con la Guerra de Malvinas como telón de fondo.

Viernes 2 de abril | 00:00

Durante la convulsionada década del ‘70 en Argentina, la militancia era parte del canon común de la época. Lejos de ser grupos aislados, eran numerosas las personas que se comprometían con una causa y le ponían el cuerpo hasta el final con el objetivo de tratar de transformar el mundo en el que vivían. Los estudiantes secundarios no fueron la excepción y el Colegio Nacional de Buenos Aires se convirtió en uno de los grandes focos de actividad política. Sin embargo, con el comienzo de la última dictadura militar las persecuciones a los adolescentes se convirtieron en moneda corriente y las nuevas autoridades elaboraron listas negras de estudiantes que fueron secuestrados y desaparecidos.

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Es en este contexto en el que se ubica la novela de ficción de Martín Kohan, titulada Ciencias morales (2008), un momento en donde la primavera de la efervescencia política había dado paso a un ambiente opresor, represivo y completamente punitivo. El personaje que representa este clima es el señor Biasutto, jefe de preceptores, que se había granjeado de cierta reputación favorable dentro de la institución por haber tomado parte en la elaboración de las mencionadas listas. Entre otras cuestiones, ese es uno de los motivos por los que María Teresa, una reciente preceptora que ingresó a trabajar al Colegio a mediados del verano de 1982, lo admira.

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La historia que narra Martín Kohan la toma a ella como protagonista. María Teresa es una joven de 20 años que tiene una gran mezcla de ingenuidad y también de ignorancia sobre la situación que la rodea. Consiguió trabajo en la institución en febrero tras ser entrevistada por Biasutto y se apresta de forma diligente a cumplir sus funciones como preceptora bajo las estrictas normas y reglamentos destinados a los alumnos. Vive con su madre y con su hermano, que desde el comienzo manda cartas y postales a su familia porque parece estar confinado en alguna dependencia militar. A medida que se desarrolla el relato, las noticias del hermano empiezan a llegar de lugares cada vez más remotos hasta escribirles desde Comodoro Rivadavia, Chubut.

“El punto justo exigía una mirada a la que nada le pasase inadvertido, pero que pudiese pasar, ella misma, inadvertida”, refiere la protagonista en relación a su entrevista de trabajo y será el punto de inicio para el desarrollo de la trama. Por una sospecha, María Teresa comienza a esconderse en uno de los cubículos del baño de los varones para espiar y poder atrapar in fraganti al alumno que ella supone que fuma. De esta manera, progresivamente casi va abandonando el resto de sus tareas por la excitación que le produce ocultarse y ver sin ser vista. La respuesta es casi física cuando empieza a tomar por costumbre orinar en ese lugar, tan prohibido por ser ella una mujer como culposo por estar haciendo algo que no debería. Su intención no es otra que lograr ganarse la aprobación del señor Biasutto, pero los resultados de sus averiguaciones y sus consecuencias le darán un giro completo a su propia realidad.

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Como el punto de vista de la narración es el de Marita, la realidad, que parece querer colarse con cada vez mayor fuerza dentro del colegio y de su propia vida, se narra por omisión. De esta manera, Kohan realiza un correlato tomando como excusa la vida y las normas del propio Colegio para poner de relieve la situación represiva que atravesaba el país; normas que comenzarán a resquebrajarse (al igual que sucedía con el gobierno dictatorial, jaqueado ya por movilizaciones) de la mano de la correctisima María Teresa.

Con algunas modificaciones, la novela fue llevada al cine en 2010 bajo el nombre “La mirada invisible”, en una producción argentina-francesa-española dirigida por Diego Lerman y protagonizada por Julieta Zylberberg. Las actuaciones son correctas pero quizás no logran transmitir lo que Kohan refleja de forma magistral en su libro, ya que Ciencias morales produce en el lector una sensación palpable de oscuridad y opresión. La atmósfera fría, gris y cotidiana se manifiesta en cada página del libro junto con la monotonía de la vida de la protagonista, que va adquiriendo mayores colores a medida que va rompiendo sus propias reglas y comienza a verse a sí misma de otra manera.

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Extramuros del Colegio, la propia vida del país también comienza a latir y un ejemplo de ello es la referencia implícita en la historia al paro de la CGT de mayo de 1982, que llega al colegio en forma de eco y cuya única respuesta se manifiesta con una vía alternativa de salida de los alumnos de sus clases. Todo lo que no atañe al colegio Kohan lo mantiene en su lugar, por fuera, pero al igual que María Teresa, no puede evitar mencionar las ínfimas pero significativas modificaciones dentro del itinerario cotidiano al que también los propios trabajadores tratarán de quebrar en las calles en reclamo por el final total y absoluto de una realidad que ya tenía sus días contados. La guerra de Malvinas, que se filtra en la narración a través de las cartas del hermano, se entiende entonces, alusivamente, como la respuesta aventurera de esa dictadura al cuestionamiento creciente que había en las calles.




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