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Sergio Fittipaldi, el dirigente sindical que banca los despidos de sus trabajadoras

Un grupo de trabajadoras de limpieza de la ciudad de Córdoba, están sufriendo despidos persecutorios por parte de las empresas, en clara convivencia con Sergio Fittipaldi, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Limpieza y Servicios Afines de Córdoba (Soelsac). También es el líder de las 62 Organizaciones peronistas en Córdoba. Te contamos en detalle quién es

Domingo 25 de octubre | 12:11

Es sabido que entre los personeros de las cúpulas sindicales burocratizadas más abiertamente pro-empresarias hay prácticas que son patrimonio común: dirigentes que se dedican a hacer sus propios negocios, la imposición del poder mediante el uso patotas, la cercanía con los gobiernos de turno, la persecución a quienes buscan organizarse democráticamente.

Pero hay casos, además, en que las trayectorias de esos personeros son en esencia y apariencia la expresión más acabada del régimen que representan.

Ese es sin dudas el de Sergio Fittipaldi, Secretario General del Sindicato de Obreros y Empleados de Limpieza y Servicios Afines de Córdoba (Soelsac) y líder de las 62 Organizaciones peronistas, brazo sindical del PJ de Córdoba.

Este cómplice histórico de la informalidad laboral en el sector y actual instigador de los despidos persecutorios a trabajadoras de limpieza por reclamar un salario digno, es expresión de lo más rancio de la burocracia sindical de la provincia. Aquí, un breve repaso por su trayectoria.

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De barrabrava a hacer negocios con el fútbol

Después de integrar las filas de La Fiel, la barrabrava de Talleres que contara entre sus fundadores a los hermanos Mestre, el ascenso sindical de Fittipaldi estuvo ligado al padrinazgo de Mauricio Saillen del SURRBAC. Desde 2005 pertenece a la conducción del SOELSAC, primero como su Secretario Gremial y luego como su Secretario General.

Desde allí usó su posición sindical para diversificar inversiones sponsoreando primero y luego llegando a la Presidencia del Club Argentino Peñarol de barrio Argüello, que encabeza desde el año 2015. En Peñarol su gestión está caracterizada por una mayor profesionalización sustentada en un volumen de inversiones inédito en la historia del club.

Es común que los dirigentes sindicales gestionen los clubes de fútbol como empresas para expandir sus negocios, por un lado, y para la construcción de espacios propios de poder (de ahí las estrechas relaciones entre patotas sindicales y barrabravas).

Ahora bien ¿De dónde sacó Fittipaldi, dirigente de un sindicato cuyo promedio salarial está en 20 mil pesos, los fondos para el financiamiento del club? Quizás haya sido de los negociados comunes entre empresas y las distintas gestiones de Unión por Córdoba, que lo tuvieron como un aliado incondicional a lo largo de los años.

Públicamente Fittipaldi dijo expresiones como “no vivimos del aporte de los afiliados sino de las empresas”. A confesión de parte….

Garante de la precarización laboral

La privatización, vía empresas que tercerizan, de las áreas de limpieza en los edificios públicos avanzó y se consolidó en estas décadas como parte del proceso más general de ajuste estatal que encabezó Unión por Córdoba desde 1999 con la llamada “modernización del Estado”, que incluyó la tercerización de servicios que anteriormente estaban en la órbita estatal.

Para la limpieza de escuelas, hospitales y las distintas dependencias públicas el Estado pasó a contratar empresas que mantienen a sus trabajadoras y trabajadores bajo distintas formas de precarización laboral como la contratación, la tercerización y el trabajo no registrado.

Es común entre las empresas del rubro la práctica fraudulenta de despedir y recontratar los mismos empleados cada vez que cambian de razón social como forma de licuar el proporcional por antigüedad de los trabajadores. Como si todo fuese poco, el rubro está controlado por grupos empresarios con vínculos estrechísimos con el peronismo gobernante. Como señala una investigación del periodista Sergio Carreras, desde hace 20 años el grupo empresario Guba SA (antes denominado Compañía Argentina de Limpieza, fundado por un núcleo de dirigentes del PJ), se hizo con el negocio de la limpieza de los edificios públicos a través de convenios con el Gobierno de Unión por Córdoba, por entonces bajo la gestión de De La Sota.

Los estrechos vínculos con el delasotismo le permitieron a este grupo empresario no sólo quedarse con el 60 % de los contratos de limpieza con instituciones del Estado en licitaciones dudosas, cuyos resultados eran conocidos de antemano, sino también ramificarse a la recolección de residuos de la mano de COTRECO. Lo que implicó grandes negocios para las empresas y el Estado (que de ese modo se aseguró a lo largo de décadas la reducción de la planta estatal) se tradujo en un proceso de creciente pérdida de derechos y pésimas condiciones laborales para los trabajadores del sector.

Además de padecer las distintas formas de contratación fraudulentas reciben un salario bajísimo, que hoy oscila entre 10 y 20 mil pesos. Fittipaldi fue la pata sindical que actuó como garante de esta estructura de precarización y salarios de hambre.

Actualmente, se calcula que son aproximadamente 23 mil los trabajadores encuadrados en la actividad de limpieza. Sobre las condiciones de los trabajadores del sector Fittipaldi dijo en una entrevista reciente “Cuando empecé en el 2005 el 70 % de lo que había en ese momento era trabajo informal, trabajo en negro. Hoy te puedo decir que el 90 % es trabajo genuino, legal y tenemos un 10 % que aparecen empresas que contratan gente, los tienen en negro y desaparecen. Esas empresas no duran en la actividad nada, hoy tenemos una actividad fuerte gremial y le damos pelea al trabajo en negro.”

Primero digamos una cuestión: las formas de precarización del trabajo que vulneran derechos de los trabajadores como la tercerización y la subcontratación son legales.

En eso consistieron justamente las distintas reformas laborales que de los 90 hasta acá ningún gobierno revirtió y que convalidan las conducciones sindicales. Rubros como el de limpieza fueron integralmente reconvertidos bajo formas de empleo precarias en dos formas centrales: empresas de trabajo temporal, cuya función es la de contratar trabajadores que se desempeñarán en otras empresas por un período de tiempo determinado; y la existencia de contratistas bajo la modalidad outsourcing, es decir empresas que ejecutan una determinada obra o servicio para otra empresa, dentro o fuera de esta, pero con sus propios trabajadores e implementos.

Las contratistas tienden a su vez a transferir la realización de ciertas fases o tareas a otras empresas, conformándose redes de subcontratación que implican formas de flexibilizar y precarizar el trabajo. Es justamente el modelo de trabajo que defiende Fittipaldi, y que sólo tiene para exhibir como “éxito” uno de los convenios más flexibilizadores y con el promedio salarial más bajo del sector privado. Pero además de todo esto, como lo sabe cualquiera que se haya desempeñado en el sector, allí abunda el trabajo que directamente carece de cualquier registración, es decir, en negro.

Son miles los trabajadores de limpieza que están en esta condición, siendo los más expuestos a quedarse sin trabajo apenas lo deciden sus empleadores. En este contexto, resulta de mínimo hipócrita que hasta la actualidad la conducción del sindicato mantenga un convenio con la UNC para “capacitar en seguridad laboral” a los trabajadores de limpieza, cuando justamente la conducción permite condiciones laborales que los exponen a todo tipo de riesgos.

Al servicio del Gobierno provincial

Decíamos al comienzo que el ascenso sindical de Fittipaldi se produjo gracias a su alianza con Mauricio Saillen del Surrbac. En 2011, Fittipaldi apoyó la creación de la CGT “Nacional y Popular” Rodríguez Peña encabezada por Saillen, un reagrupamiento sindical kirchnerista que se diferenció de la CGT oficialista, por entonces conducida por Omar Dragún y José Pihen, más abiertamente delasotista.

Su acercamiento con Saillen contó con el auspicio del abogado Ricardo Moreno, secretario político de las 62 organizaciones peronistas y muy cercano al Gobierno provincial, en el que actualmente se desempeña como asesor de gabinete del Ministerio de Coordinación. Ricardo Moreno, conocido entre otras cosas por ejercer la defensa de policías en casos de gatillo fácil (como el asesinato de un vendedor ambulante con diagnóstico de ezquizofrenia a manos de un agente de la policía de Córdoba) fue el histórico abogado de Saillen, y terminó abandonando a su representado cuando éste cayó preso con una causa por asociación ilícita y lavado de activos. ¿Una “entregada” de sus hasta ayer amigos que le “soltaron la mano”? Es posible. Lo cierto es que Fittipaldi se alejó de todo perfil kirchnerista y hoy compite al interior del sindicalismo cordobés por ver quién logra mostrarse más cercano y obsecuente con Schiaretti.

Las 62 organizaciones, fracción sindical que lidera, se promociona como la más schiarettista y viene buscando desplazar a Pihen de la conducción de la CGT. Con este fin, en las elecciones del año pasado para definir la conducción de la central, Fittipaldi compitió como candidato postulado por las 62.

En aquel momento, consultado por cómo debía ser la próxima CGT, dijo en una entrevista “Esta CGT que se viene para empezar tiene que tener consenso con el gobierno provincial. En el caso particular mío, lo tengo, tengo muy buena relación con el Gobierno. El Gobierno de Córdoba ha hecho muy buen trabajo, lo veo al viajar a otras provincias porque Córdoba no sintió el cimbronazo de esta situación que hoy está viviendo el país.” En una provincia que hace años está entre los primeros puestos de informalidad laboral, desocupación y pobreza, el desafío de la central obrera para Fittipaldi es ser aún más obsecuente con el Gobierno provincial responsable de esa situación.

Tarea para la que, hay que admitirlo, debe esforzarse ya que cuenta con una importante competencia: no olvidemos que Pihen y la CGT brillaron por su ausencia ante el ajuste jubilatorio que Schiaretti lanzó a inicios de la cuarentena. Y eso por no hablar de hacer algo frente a la crisis social que se profundiza cada vez más con caída del salario, desocupación y crecimiento de la desigualdad, donde los sindicatos brillan por su ausencia.

Blando con el Gobierno y las empresas, duro contra quienes se organizan

“La organización gangsteril; el macartismo (“Son trotskistas”); la negociación de la impunidad en cada uno de los niveles del régimen (…); y sobre todo la identidad del grupo atacado: compuesto por auténticos militantes de base”. Estas palabras, usadas hace décadas por Rodolfo Walsh en su ¿Quién mató a Rosendo? para describir a la burocracia sindical vandorista, parecieran hablar de Fittipaldi. Hace meses trabajadoras y trabajadores de limpieza vienen autoconvocandose exigiendo aumento salarial y mejores condiciones de trabajo.

En un contexto de fuerte retraso salarial y donde los trabajadores se vieron expuestos al contagio sin los insumos necesarios, la gota que rebalsó el vaso fue el anuncio hecho en septiembre pasado por la conducción del sindicato de que había cerrado una paritaria del 53 %. Una forma engañosa de presentar un acuerdo que en términos reales era del 12,5 % hasta enero del 2021.

El descontento entre las trabajadoras y trabajadores abrió camino a la organización, buscando evadir no sólo la persecución empresarial sino también la sindical. A pesar de los intentos de amedrentamiento (que incluyeron amenazas mafiosas abiertas de Fittipaldi a la izquierda, tras lo cual fue vandalizado el local del PO), las movilizaciones de autoconvocados se mantuvieron semana tras semana en el centro de la ciudad.

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Según advierten los trabajadores, la conducción del sindicato envió gente a sacar fotos a los manifestantes para perseguirlos, tras lo cual fueron despidos 4 trabajadores, entre ellos la principal referente de los autoconvocados. Es por esto que las trabajadoras y trabajadores vienen denunciando el carácter persecutorio de los despidos, mientras la conducción del sindicato, de más está decirlo, brilla por su ausencia en el pedido de reincorporación que vienen haciendo.

Frente a la entrega de esta conducción sindical patotera, aliada del Gobierno y las empresas, las trabajadores y trabajadores de limpieza en lucha vienen recibiendo el apoyo de múltiples sectores que también se organizan desde abajo frente al abandono de las conducciones sindicales. Docentes suplentes que vienen exigiendo la apertura de convocatorias, trabajadoras del PAICor que luchan por la continuidad laboral, jóvenes trabajadores de Call centers, gastronomía, deliverys, entre tantos otros. En esa coordinación de luchas, en esa unidad democrática desde abajo está la fuerza para enfrentar a las conducciones sindicales entregadoras de las que Fittipaldi es un fiel exponente.







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