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Red Internacional

Trabajo en casas particulares, ello me ha llevado a conocer el grado de opresión, desigualdad e injusticia que este sistema ofrece a quienes nos empleamos en el servicio doméstico. Pero también a conocer que solo la organización y la lucha puede sacarnos de este lugar.

Viernes 10 de abril de 2020 | 01:55

He trabajado desde muy chica y por diferentes razones, pocas veces en relación de dependencia. Si me preguntan: "..alguna vez paraste..? la respuesta que más me representa es " si..un par de veces...". A lo largo de mi vida realicé innumerables trabajos, cada uno con características particulares.

Hoy, con 62 años, me dedico a trabajar en casas particulares y ello me ha llevado a conocer más a fondo el grado de opresión, desigualdad e injusticia que este sistema ofrece a las mujeres que nos empleamos en el servicio doméstico. Donde 7 de cada 10 trabajamos en negro, sin obra social, sin vacaciones pagas, sin licencias por enfermedad, sin aportes jubilatorios.

También me ha llevado a vivir la segregación que, por color de piel o por nacionalidad, ejercen patrones y patronas. En mi caso, por mi color de piel, de pelo y de nacionalidad me diferencian de “las negritas”, como les gusta llamar, por sus rasgos físicos, a muchas trabajadoras. No ser "negrita" me permite conseguir mejor remuneración por la hora de trabajo, respeto de horarios o no ser vigilada por medio de cámaras de seguridad que avisan cuando vas al baño o si tomas un vaso de agua. Derechos mínimos que, como yo, todas debemos tener sin diferencias.

Contra la explotación, pero también contra la opresión

Puedo seguir nombrando un sin número de injusticias, humillaciones y opresiones pero prefiero hablar un toque de "ellas" las que soportaron todo hasta que decidieron no hacerlo más.

No solo me refiero a las mujeres que trabajamos en casas particulares sino a las miles y miles de laburantes que se organizaron en contra de la explotación y la opresión de las patronales.

Mujeres que se organizan, forman comisiones, se reúnen en asambleas y van por sus derechos, en contra de la precarización laboral y también contra la violencia de género.

Solo por citar algunas:

La comisión de las " leonas" de PepsiCo que en el año 2017 enfrentaron los despidos y resistieron la represión de María Eugenia Vidal; las mujeres de Kraft que impulsaron en el año 2019 un importante paro en el turno tarde en solidaridad a una trabajadora que sufría violencia de género.

Las trabajadoras del Hospital Posadas que se organizaron para enfrentar despidos, vaciamiento de servicios y persecución ideológica y hoy están en la primera línea de lucha contra la pandemia.

Las empleadas domésticas del Nordelta que se rebelaron frente a la discriminación y el maltrato de sus patrones, la mayoría funcionarios políticos y empresarios que viven en ese lujoso barrio. Una de sus demandas era por el transporte para ir a trabajar, ya que los propietarios del barrio no querían que ellas utilizaran el mismo transporte público por que tenían "olor". A esta lucha se unieron, trabajadores de otros rubros, docentes y estudiantes hasta que consiguieron poder ingresar al barrio en transporte.

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Quedate en casa para algunas, para otras no

Un párrafo aparte merece el vídeo que hizo viral Catherine Fullop dónde expone a su empleada doméstica "quedándose en su casa" a partir de la cuarentena dispuesta por el gobierno para hacer frente a la pandemia provocada por el COVID-19, que rige hasta el día de la fecha. Hasta incluso hace alusión al Presidente y como obliga a evadir la cuarentena obligatoria, pero no fuimos merecedoras de un mínimo anuncio por parte de ningún funcionario del gobierno en nuestra defensa ante estos casos, porque evidentemente nuestros derechos no son nuestra prioridad.

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A partir del vídeo comienzan a llover denuncias de empleadas que, bajo amenazas de perder su trabajo, eran obligadas a asistir a los lugares de trabajo en detrimento de su salud y con una alta posibilidad de contagio y el riesgo de contagiar a su familia.

En el país hay más de 1,2 millones de personas que trabajan en hogares de familia, en su gran mayoría son mujeres, 3 de cada 10 están registradas lo que demuestra que somos uno de los sectores con mayor porcentaje de trabajo en negro, carentes de obra social y remuneraciones muy bajas. Los grandes períodos de desocupación, el trabajo en negro o en la informalidad dificulta a la hora de jubilarse ya que la mayoría no alcanza a juntar los años de aportes que necesitan incluso en las jubilaciones por moratoria.

Mientras tanto hoy en día la gran mayoría de nosotras no cobramos el sueldo. Para las patronales, aun sin saber quienes vamos a acceder al Ingreso Familiar de Emergencia, no es necesario pagarnos ningún ingreso ya que debemos exigir que nos den el subsidio. Como si los 10.000 pesos nos alcanzaran cuando muchas son el principal y/o único sustento de la familia.

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Solo la organización y la lucha puede sacarnos de este lugar, las mujeres trabajadoras sabemos que nunca nadie nos regaló nada y que lo que conseguimos lo hicimos a través de grandes luchas junto a referentes que nos acompañan codo a codo dándonos la posibilidad que nadie nos da, que nuestra voz se escuche y que nuestras denuncias no sean archivada y dejadas en el olvido.

Los trabajadores y trabajadoras vienen mostrando una verdadera salida a la pandemia como en Zanon, Madygraf, la Textil Neuquen, junto a los desocupados y los estudiantes; tambien como los docentes en Mendoza y en Buenos Aires exigiendo a los sindicatos que nos defiendan y se pongan al servicio de los sectores populares y no de los empresarios como vienen haciendo hace años.

Sólo si avanzamos en organizarnos desde abajo es que podremos impulsar medidas y acciones para que esta vez la crisis no caiga sobre nuestras espaldas sino sobre los empresarios que son los verdaderos responsables de esta crisis.

Hoy a través de La Izquierda Diario muchas de nosotras tenemos dónde referenciarnos y hacer escuchar nuestros reclamos, como trabajadoras pero también como mujeres.


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