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Red Internacional

Testimonio. Ser maestra y militante en la dictadura: “estábamos muy marcadas”

A 46 años del golpe genocida de 1976, entrevistamos a Aida Conil, docente jubilada y militante de la agrupación “9 de Abril” en Mendoza, co-fundadora del Sindicato Unido de los Trabajadores de la Educación, quien era activista política en los 70 y que sobrevivió a la dictadura cívico-militar-eclesiástica más cruda de la historia de nuestro país.

Jueves 24 de marzo | 16:23
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Aida nació en 1940 en Mendoza, estudió Filosofía y luego Literatura durante el régimen militar. En los 70´ comenzó su actividad política en congresos universitarios, posteriormente en las escuelas donde trabajaba y en el SUTE, siendo protagonista en su organización, sobre todo, de docentes de secundaria. Vivió el Mendozazo en abril de 1972, recuerda cómo la casa de gobierno fue apedreada y se mantuvo con los vidrios y ventanas rotas durante días. En este proceso las maestras, junto a las movilizaciones de obreros y uniones vecinales del Gran Mendoza tomaron las calles, enfrentaron al ejército en combates callejeros y barricadas, derrocando al interventor de la provincia, Francisco Gabrielli.

Participa también de algunos pre congresos de la CTERA, la central sindical de trabajadoras y trabajadores de la educación que se conformaría en 1973. Tiene contacto con varios grupos marxistas, trotskistas, guevaristas, que por entonces eran un gran número, y que, en los congresos, en palabras de Aida: “discutían no sólo con argumentos pedagógicos, si no políticos, sobre la necesidad de una educación verdaderamente para el pueblo”. Aida también cuestiona el rol de la burocracia sindical de esa época que entregaba al régimen listas negras de militantes de izquierda que terminaron siendo detenidas, detenidos y luego desaparecidos.

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En el año 1973 participó de movilizaciones para exigir justicia por la masacre de Trelew a la que se sumaron muchos jóvenes y estudiantes. En ese tiempo establece relación con militantes del PRT y del ERP, que llegaban a Mendoza. Tenía diferencias políticas con ellos dando calurosos debates sobre su táctica y estrategía y comenta que por eso nunca fue orgánica.

Recuerda que cuando se produjo el golpe en marzo del 76, ella era madre soltera y tenía un hijo de meses, debía trabajar para mantenerse, por lo que le resulta muy difícil exiliarse. Entra como docente suplente en el Colegio Nacional Agustín Alvarez donde continúa su militancia y “cada día que salía a trabajar, no sabía si iba a volver con vida, pero las cartas estaban arrojadas, era el riesgo que asumía y sentía que no tenía que acobardarme, sino usar mi cuerpo como arma de defensa para no sentir miedo” comenta durante la entrevista a La Izquierda Diario.

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Junto a sus compañerxs docentes forma parte activa de las movilizaciones y paros que se realizaban por entonces hacia el final de la dictadura. Estas manifestaciones en plaza independencia terminaban, lógicamente, siendo reprimidas, pero ella y los demás no cesaban de luchar. En la entrevista nombra a sus grandes amigxs, Lucy Nadin y Oscar “el negrito” Quevedo, docentes y militantes del ERP, quienes fueron capturados en Buenos Aires y desaparecidos. Aida creía que estaban en Francia y les escribía cartas que no tenían respuesta. Ella los recuerda en esta charla y este 24 de marzo marcha en su memoria, en la de las docentes mendocinas desaparecidas durante la dictadura y la de los 30 mil compañerxs, contra la impunidad de ayer y hoy.


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