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Semana trágica: Una gesta de la clase obrera argentina

Reconocer nuestra historia es imprescindible para rescatar y honrar el sacrificio y la lucha de miles de compañeras y compañeros trabajadores que dieron sus vidas en pos de una sociedad libre, justa e igualitaria. Este 1 de Mayo, honremos nuestra memoria de clase sosteniendo en nuestro presente cada pelea del movimiento obrero.

Miércoles 1ro de mayo de 2019 | Edición del día

En Diciembre de 1918, la huelga de trabajadores metalúrgicos de los Talleres Vasena se extendió por más de 40 días, en el marco de una represión criminal que es recordada por su desenlace como la Semana Trágica.

Un episodio sangriento de la historia del movimiento obrero internacional, que es considerado un hito, no sólo por las justas exigencias de su inicio, sino también porque los trabajadores y sus familias no dudaron en enfrentarse a rompehuelgas, matones, la policía, el ejército y la Liga Patriótica, la fuerza parapolicial armada reclutada por la burguesía autóctona, en una clara muestra de autodefensa de clase que nos deja importantes enseñanzas para el presente.

Contexto internacional y nacional

El escenario internacional, mostraba una Europa inmersa en una profunda crisis emergida de la reciente finalización de la primera guerra mundial, el triunfo de la primer revolución obrera de la histora en Rusia, el levantamiento del movimiento Espartaco en Alemania, las huelgas obreras en Italia, España y Francia, todos elementos emancipadores de la clase trabajadora y definidos en una franca lucha hacia la liberación internacional del pueblo trabajador.

En Latinoamérica la finalización de la guerra civil en México, el levantamiento antiimperialista de Augusto Sandino en Nicaragua y la consolidación de las ideas comunistas, anarquistas y socialistas revolucionarias en el ingente movimiento obrero latinoamericano, presagiaban los hechos que se avecinaban. Por su parte, Argentina salía de una depresión, a raíz de la creciente demanda internacional de materias primas. En 1918 creció la ocupación y comenzó el desarrollo de la industria nacional, que trajo aparejada una nueva ola inmigratoria y la consolidación de las Federaciones Obreras cada vez más nutridas y definidas por las ideas llegadas desde la convulsionada Europa.

Los ideales de libertad e igualdad prosperaron en el ámbito local con fuerza y constituyeron una de las más reconocidas organizaciones obreras combativas del mundo. Con la consolidación de la revolución obrera rusa, que dio fin a la histórica tiranía zarista y puso en pie el primer estado dirigido por los trabajadores en el planeta, de la mano del partido bolchevique de Lenin y Trotsky, por estas tierras tomaba forma la idea de que el nacimiento de una sociedad libre, sin opresores ni oprimidos estaba al alcance de la mano.

En este contexto asume el gobierno nacional el radical Hipólito Irigoyen, quien llevó adelante lo que se definió como una gestión “nacional y popular”. Debemos decir que durante el gobierno “nacional y popular” de Irigoyen tuvieron lugar las represiones a las huelgas campesinas de la Patagonia y la de los metalúrgicos de los Talleres Vasena, que en ésta oportunidad nos ocupa. Las dos matanzas más importantes de la historia de la clase trabajadora en la Argentina, arrojan miles de muertos, en pleno gobierno constitucional. Ambos crímenes serían recordados como

La Patagonia Rebelde y La Semana Trágica respectivamente.
Hasta el momento nunca se llevaron adelante juicios contra los responsables y el radicalismo, actual integrante de la alianza CAMBIEMOS, se negó sistemáticamente a tratar el tema, a pesar de los reclamos fehacientes realizados por diferentes sectores y personalidades, entre los que es preciso mencionar al recientemente fallecido historiador y activista anarquista Osvaldo Bayer.

Ilustraciones: Rodolfo Fucile

Antecedentes y cronología

El 2 de diciembre de 1918 los trabajadores metalúrgicos de los Talleres Pedro Vasena e Hijos, presidida por Alfredo Vasena, pero con mayoría de capitales británicos y sede en Londres, iniciaron una huelga exigiendo:
-Reducción de la jornada laboral de 11Hs. A 8Hs.
-Aumento de jornales.
-Vigencia del descanso dominical.

  •  Reconocimiento de las horas extras.
  •  Readmisión de los huelguistas despedidos.
    La empresa era la más grande metalúrgica del país, contaba con fábricas en las ciudades de Buenos Aires y Rosario, más de 2500 trabajadores y varios centenares de trabajadoras ocupadas en un lavadero de lana; se caracterizaba por sostener condiciones de insalubridad rayanas con la esclavitud, jornadas extremas y pagas muy por debajo de las establecidas para el sector. Todo esto en una marcada política antisindical, de neto corte opresivo a tono con el modelo burgués capitalista.

    La mayoría de los trabajadores estaban representados por la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos, adherida a la FORA del V Congreso ( Federación Obrera Regional Argentina ), que se declaraba anarquista, encolumnada hacia la construcción de una sociedad libre de toda manifestación de poder e internacionalista.

    El sindicato era liderado por el anarquista Juan Zapetini. Los hermanos Vasena empecinados en quebrar la huelga acuden a la Asociación del Trabajo, organización encargada de proporcionar a las patronales carneros rompehuelgas. Su máximo dirigente era Joaquín Anchorena, también presidente de la Sociedad Rural.
    Es preciso brindar un párrafo a la familia Anchorena, que fue muchas veces recompensada por los gobiernos “nacionales y populares” como el de Juan Domingo Perón, quien en su primer mandato como presidente de la Nación, le otorgó por 100 años el usufructo de la actual isla Victoria, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, junto con las aguas y las tierras costeras. Es la misma familia Anchorena la que tenía una torre en una de sus estancias en Uruguay, que cuando se encendía podía ser vista desde la ciudad de Buenos Aires y se usaba para dar aviso sobre la realización de bacanales que duraban incluso semanas. Por orden de los herederos de este ilustre apellido fue censurado, detenido y torturado Atahualpa Yupanqui, cuando le dedicó los versos, “…las penas son de nosotros Las vaquitas son de Anchorena…” Que debió reemplazar por, “…las vaquitas son ajenas…”.

    La huelga fue acompañada por una comprometida acción solidaria de vecinos y comerciantes. Ante la llegada de los rompehuelgas, los huelguistas montaron piquetes que impedían el paso de los carros que transportaban materiales desde los depósitos hasta la fábrica. La Liga Patriótica envió matones armados que protagonizaron los primeros enfrentamientos.

    El 13 de diciembre el gobierno nacional ordenó a las fuerzas policiales custodiar los envíos de insumos y de carneros rompehuelgas. A la llegada a las barricadas proletarias se produjeron disparos de los efectivos.
    El 18 de diciembre Ramón Vasena hirió a un vecino al disparar contra una de las barricadas, para ese entonces varios huelguistas habían sido alcanzados por las balas burguesas y las de las fuerzas de seguridad puestas a su servicio.

    El 24 fue incendiado el coche del jefe de policía, ya se contaba la primera muerte, un rompehuelgas que murió ahogado, y el 31 de diciembre muere el trabajador Domingo Castro alcanzado por balas policiales.
    Durante los días siguientes se sucedieron diversas escaramuzas que arrojaron heridos en ambos bandos, hasta que el 3 de enero de 1919 muere un cabo de la policía, en cuyo sepelio los altos mandos de la fuerza juran vengar la muerte de su camarada, atribuyendo la responsabilidad de esa muerte a la benevolencia del presidente Irigoyen para con los huelguistas.

    El 7 de enero comenzó la masacre. Se produce contra el local sindical con francotiradores armados con fusiles. Los heridos de bala son más de 30, y 5 vecinos mueren abatidos por las balas de la impune y salvaje burguesía, pero ninguno de ellos era huelguista. A esta altura de los acontecimientos la patronal no había aceptado reunirse con los dirigentes sindicales.

    Al día siguiente numerosos sindicatos adhieren al conflicto y paralelamente Alfredo Vasena accede a un acuerdo a espaldas de los delegados de la fábrica, quienes exigen:

  •  Ser recibidos por la patronal.
  •  Aumento superior al 12%.
  •  Jornada de 8Hs. -Equiparación salarial entre secciones y géneros. -No obligatoriedad de las horas extras.
  •  Para las horas extraordinarias pago adicional del 50% en días hábiles y del 100% en feriados y domingos.
  •  Reincorporación inmediata de los trabajadores despedidos.
  •  Liberación de todos los detenidos durante la huelga.

    Ante la negativa de la patronal las diversas corrientes sindicales se solidarizan con los huelguistas y se dicta la huelga general.

    El 9 de enero se producen enfrentamientos entre los matones y los miles de trabajadores que marchan acompañando los restos de los caídos al cementerio de la chacharita. El reducido grupo de manifestantes que logra llegar a la necrópolis, escucha estoicamente los discursos en homenaje a los trabajadores asesinados, cuando es emboscado por francotiradores de la policía y el ejército. Esta jornada fatal dejará un saldo de más de 50 muertos entre los que se cuenta también mujeres y niños.

    Irigoyen designa gobernador militar al general Dellepiane, quien apronta dos ametralladoras pesadas para defender la fábrica, las que abren fuego contra los manifestantes indiscriminadamente. Para ese entonces nadie sabe a ciencia cierta la cantidad de proletarios asesinados.

    El diario burgués mitrista La Nación titulará al día siguiente que se trata de un complot bolchevique que es preciso sofocar a cualquier costo. Ante la muestra de solidaridad de clase del movimiento obrero, La Protesta, diario anarquista que en esos momentos rivalizaba con los principales medios burgueses con una tirada de 15000 ejemplares, tituló; “ La revolución está en las manos de la clase obrera “.
    El día 10 de enero 2000 marinos se suman a las fuerzas del general Dellepiane, al momento en que los trabajadores avanzan a tomar la fábrica Vasena es atacado el sindicato y se produce otra muerte proletaria. Se activa una crisis entre las centrales sindicales, mientras unos pretenden concentrar el esfuerzo en los metalúrgicos de los Talleres Vasena, la FORA del V Congreso llama a la huelga general revolucionaria y eleva sus exigencias, entre las que demandan de manera incondicional la liberación de todos los detenidos en las jornadas de protesta y el indulto para el activista anarquista Simón Radowiski, matador del coronel Falcón. En esos momentos, en el centro naval, se lleva adelante una reunión liderada por los contraalmirantes Eduardo O Connor y Manuel Domet García, quienes arengan a los jóvenes cajetillas a instaurar el orden de la patria, les entregan armas y los instan a escarmentar a rusos y catalanes.

    Pocos días después, el 19 de ese mes, se conformaría legalmente la “ Liga Patriótica “, organización que jugó un rol protagónico en las represiones obreras de esa época y constituyó una verdadera fuerza parapolicial apañada por sus mentores.
    La noche del 10 de enero los jóvenes defensores del orden tendrán su bautismo de fuego, realizando un verdadero pogrom, que será el primero en Latinoamérica, en los barrios de Once y villa Crespo. Estos autoproclamados soldados nacionalistas, atacan diarios anarquistas, sedes sindicales y centros de reuniones de huelguistas, golpeando, deteniendo y torturando a cientos de vecinos. Durante esa noche se golpeó además salvajemente a todo judío que era aprendido. Es preciso destacar que dichas acciones fueron realizadas bajo la custodia y protección de las fuerzas policiales.

    El 11 de enero Irigoyen convoca a los huelguistas y a la patronal para llegar a un acuerdo. Con la FORA V Congreso en la clandestinidad, a la convocatoria acude en representación de los obreros el sindicalista revolucionario Sebastián Marota, secretario general de la FORA IX Congreso, por los Talleres Vasena concurre su presidente Alfredo Vasena, acompañado por el embajador británico .
    El gobierno exige a los sindicalistas el levantamiento de las medidas de fuerza e impone al empresario las demandas de los obreros, mientras se compromete a liberar a los detenidos por las protestas, con excepción del anarquista Simón Radowiscky. Mientras el acuerdo es refrendado los obreros anarquistas atacan comisarías y sedes de correo.

    El 12 de enero el sindicato de metalúrgicos ratifica la huelga de los Talleres Vasena, por no haber participado de la negociación, a su vez la FORA V Congreso, desde la clandestinidad, desconoce el acuerdo y anuncia la continuidad de las medidas de fuerza hasta la liberación de todos los detenidos por causas sociales, incluido Simón Radowiscky.

    El 13 de enero los delegados de la fábrica, acompañados por el sindicalista Sapetini, son recibidos por el Ministro del Interior, quien oficia de mediador. Los Vasena aceptan las exigencias de los obreros y se levanta la medida, con el compromiso de retomar las actividades el día 20 de ese mes, una vez reparados los daños en la fábrica, pero efectuando los pagos de jornales correspondientes desde el 14 de enero. Simultáneamente los activistas nacionalistas, acompañados por la policía, allanan viviendas particulares en busca de bolcheviques, anarquistas y judíos, continuando con las golpizas, destrozos y torturas con brutal impunidad. El ejército toma y clausura el sindicato ferroviario y detiene a sus líderes. Asume el control de los medios de transporte, aunque se producen ataques y sabotajes que tornan imposible su normal funcionamiento. La ciudad continúa inmersa en un profundo caos y el barrio de Avellaneda se mantiene organizado bajo gestión obrera.
    En los días siguientes se producen los enfrentamientos más cruentos, las instalaciones del diario La Protesta son ocupadas por el ejército y destruidas todas sus maquinarias, desde la prensa burguesa y el partido conservador se aclama por un fuerte escarmiento.

    El saldo de la masacre

    La histórica postura sobre esta matanza fue negacionista, por parte no solo del gobierno de Irigoyen, sino también por todos los que lo sucedieron, los cuales coincidieron en desplegar una política que garantizó silencio e impunidad a los responsables políticos, civiles y militares, criminales que hasta el presente no han sido juzgados.

    Según los mendaces datos oficiales esta sangrienta represión del Estado, culminó con inverosímiles 70 muertos, ratifican esta cifra el historiador Félix Luna y el comisario Romarif. Otras fuentes aportan datos disímiles:

  •  Jacinto Odonell, socialista, asegura que las víctimas ascienden a 700.
  •  Horacio silva, anarquista, manifiesta que los muertos fueron 800.
  •  La Nación, publica que cayeron 100 manifestantes y los días de avanzada roja tuvieron además un saldo de 2000 heridos.
  •  Embajada de Francia, informa oficialmente a su país que los fallecidos son 800 y que los heridos ascienden a 4000.
  •  Embajada de Estados Unidos, precisa el número de víctimas en 1356.

    A 100 años, el legado de los obreros de Vasena

    Más allá de los diversos aportes brindados sobre la cantidad de crímenes ocurridos en esos días, debemos decir que si bien las reivindicaciones conseguidas por nuestra clase fueron trascendentales, el saldo para el movimiento obrero fue trágico.
    Debemos reconocer durante estas acciones un detallado despliegue del más crudo terrorismo de Estado, una sistemática labor que incluyó represión, secuestro y desaparición de personas, tortura y asesinato de un número sin precisar de hombres, mujeres y niños, desarmados , enfrentados ante la insensible burocracia civil y militar del Estado, puesta al servicio de la burguesía autóctona y al sistema capitalista imperial.

    Los que nos reconocemos como militantes de la causa de los oprimidos, tenemos la responsabilidad de rescatar del olvido estos hechos y construir un dinámico espacio de memoria, verdad y justicia, asumiendo el compromiso de defender este patrimonio y difundirlo bajo la consigna de que un pueblo sin memoria está condenado a sufrir una y otra vez la opresión del sistema capitalista.
    Identificar y juzgar a los responsables directos, el presidente constitucional Hipólito Irigoyen, quien ordenó al general Dellepiane, durante la semana trágica y al Coronel Varela, durante la Huelga campesina de la Patagonia, finalizar con ambas rebeliones obreras a cualquier costo, aún como hemos dicho, la vida de miles de inocentes, así como los responsables civiles y militares que nacionales y extranjeros que propiciaron ayer y hasta hoy las condiciones económicas, sociales y culturales necesarias para llevar adelante estos crímenes.

    La estrategia sindicalista se mostró contraria al desarrollo de las tendencias más combativas y espontáneas que están en curso en las masas obreras. En vez de desarrollar la huelga general en el sentido de una huelga general política, basada en los reclamos más sentidos de los trabajadores, este ala buscó contenerla y limitarla a los reclamos parciales de los obreros de Vasena. En estos tumultuosos días los capitalistas frente al peligro de la revolución desataron la represión con el Ejército y las bandas fascistas en el centro de la escena. Las direcciones sindicalistas y reformistas del movimiento obrero no estuvieron a la altura del ataque reaccionario de las clases dominantes, imponiendo el retroceso de la vanguardia obrera.

    A partir de esta criminal orgía de sangre se instaurará en Argentina una política de terrorismo de Estado, que será desplegada para sofocar cada una de las insurgencias obreras posteriores, que incluirá como hemos visto un proceso de aniquilamiento sistemático de personas aplicado con los medios de la burocracia estatal y con el desarrollo, bajo el amparo del Estado, de organizaciones clandestinas paramilitares como la mencionada Liga Patriótica en esos días o la más reciente Alianza Argentina Anticomunista ( Triple A ) conformada en pleno gobierno constitucional de Juan Perón.

    El terrorismo de Estado tuvo su instancia más siniestra durante la última tiranía civil-militar-eclesiástica, extendida desde el 24 de marzo de 1976 hasta finales de 1983, extendiendo su criminal telaraña hasta la actualidad, cuando en plena democracia, han producido casos como los de Julio Lópes, Daniel Losano y los más recientes Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

    En la actualidad nuestros reclamos de clase, como el aumento de emergencia para tener un salario igual a la canasta familiar actualizado automáticamente por la inflación; la anulación de los tarifazos; contra los despidos; por el reparto de las horas entre ocupados y desocupados; ocupación bajo gestión obrera de toda fábrica que cierre o despida masivamente; el pase a planta y convenio de los millones de precarizados, empezando por la juventud y la mujer trabajadora; unidad y apoyo a los reclamos de los movimientos sociales y de trabajadores desocupados, bien se parecen a los que levantaban nuestros hermanos trabajadores de 1919.

    Luego de 100 años, los trabajadores, jóvenes, mujeres, levantamos orgullosos las banderas de los heroicos obreros de Vasena, en la lucha por sacarnos de encima el lastre de la explotación y opresión capitalista. Hoy además, peleamos por la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda, para que no avancen en la reforma laboral y previsional al que el orden imperialista nos quiere someter. Debemos exigir la nacionalización de la banca y monopolio del comercio exterior para poner fin al saqueo que se remonta ya a más de un siglo al servicio de un puñado de ricos.







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