Política

Seis meses de gendarmes caranchos en Rosario

No existe persona en Argentina, probablemente, que no haya emitido una exclamación indignada sobre el ya muy tristemente célebre “gendarme carancho”. No es para menos: ante millones de trabajadores, una fuerza de seguridad como la Gendarmería, al mando de un funcionario kirchnerista como Berni, aparece encabezando un hecho brutal y arbitrario contra un manifestante. Sin embargo, cabe preguntarse: este modo de actuar por parte de la Gendarmería, ¿es una excepción?

Miércoles 10 de septiembre de 2014 | Edición del día

A 6 meses de la Gendarmeria Carancho en Rosario - YouTube

De ningún modo. Se trata de un verdadero “modus operandi” de esta fuerza represiva, mimada por el kirchnerismo y reclamada por gobernadores como Bonfatti.

Hace exactamente seis meses, la tarde rosarina cambió su fisonomía habitual. De repente, varios helicópteros sobrevolaron los aires lanzando haces de poderosa luz. En todos los puntos cardinales de la ciudad podían observarse retenes y concentraciones verdes (de gendarmes) y color caqui, de prefectos. Un operativo militar enorme, el más grande de la historia nacional, coordinado por el militar karapintada Berni y por el gobernador “socialista” Antonio Bonfatti, ocupaba las calles de la ciudad. Tres mil efectivos modificaban la rutina de la ciudad, con la excusa ya un poco chistosa del “combate al narcotráfico”.

El operativo, en sus efectos prácticos, fue un fracaso: como denunció un documento suscrito por la APDH, el MEDH y el CEPRODH, entre otras organizaciones, “en 83 búnkeres allanados detuvieron a sólo 26 personas (10 de ellos menores) e incautaron apenas $ 50.000 y poca droga. Además, la mayoría de los cabecillas de las principales bandas narco-criminales siguen libres y sus redes, en plenas funciones hasta el momento”.

No podía esperarse otra cosa de este operativo: aunque las tropas de Gendarmería hicieron hincapié en los búnkers atendidos en su mayoría por menores de 16 años, el negocio del narcotráfico se controla desde otros lugares, desde las oficinas de estudios jurídicos, desde lujosas casas en countries y torres, y, sobre todo, desde las comisarías. Santa Fe es la provincia donde el discurso derechista que pide “más policía”, salió más golpeado. Aquí, donde el ex comisario mayor de la Policía Santafesina puesto (y defendido) por Hermes Binner fue detenido por narcotráfico, reclamar más policía es solicitar más narcotráfico, mayor cantidad de casos de trata, mayor número de asesinatos. Porque en eso consta, nada más y nada menos, el rol de la policía: en organizar el crimen. Por eso fracasa, una y otra vez, el discurso de la mano dura.

La ocupación del territorio, para el pueblo trabajador. La liberación, para las multinacionales

Fracasado el operativo, se revelaron a la fuerza los verdaderos motivos de la militarización de la ciudad: lo que se llamó “ocupación del territorio”. Este motivo, una verdadera jactancia de convertir a Rosario en un cuartel a cielo abierto, fue festejada por un amplio coro político, que fue desde la izquierda kirchnerista hasta agrupaciones llamadas independientes, como el Frente de la Ciudad Futuro, que recibieron a los gendarmes poco menos que como un ejército liberador. Pero los gendarmes son caranchos hoy, y lo eran hace seis meses.

Poco a poco, el discurso instalado desde los medios de que la Gendarmería es distinta, de que en los barrios la reciben con vítores, fue cediendo paso al relato de lo que verdaderamente pasa: los pibes son perseguidos, el que tiene gorrita es golpeado por posesión de cara, jóvenes trans denuncian casos de abusos homo-transfóbicos.

La virtual ocupación de los barrios más populares de la zona sur, el oeste y el norte de la ciudad, que permitía una hipócrita alegría en sectores de la clase media, fue convirtiéndose en una saturación también del centro, del “casco comercial y turístico”, con sus correspondientes detenciones, golpizas y humillaciones públicas. Los helicópteros sobrevolando y apuntando con sus reflectores distintos puntos de la ciudad, dieron a Rosario una imagen de película futurista negra. Solo faltaba Robocob. Y vaya a saber uno si no está en los planes del “socialista carancho” Bonfatti o del milico Berni, traerlo.

La ocupación del territorio es un eufemismo para no hablar de las miles de formas del control social sobre los barrios populares y el pueblo trabajador. Estamos, en última instancia, en la ciudad del Rosariazo y en la provincia del Villazo, por lo que no está de más, para los poderosos, ir saturando preventivamente de fuerzas de seguridad esta región otrora insurrecta.

No por nada, toda la política provincial, de la mano de Bonfatti, Binner y el peronismo, está militarizada: la policía provincial, esa que a los ojos de todos es la que organiza el tráfico de drogas, protege (o asesina, según corresponda) a los cabecillas, es la segunda prioridad presupuestaria, más que salud. Aun así Rosario, a la vera de esa policía, cuadriplica la tasa de homicidios a nivel nacional.

Mientras tanto las multinacionales gozan del verdadero “control del territorio” que es manejar a piacere los puertos, es decir, el egreso e ingreso de todo, derecho que cualquier gobierno mínimamente soberano defendería para la Nación. En una provincia donde Cargill despacha alrededor de 20 millones de dólares en exportaciones por día en plataformas controladas por esta y otras multinacionales, las fuerzas de seguridad controlan el territorio de los que sufren ese despojo.

Denunciar la presencia de la Gendarmería en Rosario no es una mera defensa de las libertades democráticas, algo de por sí justo y necesario. No. Es también una necesaria denuncia política del tipo de provincia que defiende el Frente Progresista de Binner y Bonfatti, como así también los K: una provincia que sea una cárcel cotidiana para millones que sufren el trabajo precario y las más lamentables condiciones de vida, y un “reino de las plenas libertades” para empresarios, narcos, sojeros y fuerzas represivas.







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