Cultura

TRIBUNA ABIERTA

Segundo Rosariazo: El análisis del Dr. Horacio Zamboni

Muchas han sido las formas de negar la presencia de los trabajadores en la historia argentina. Desde borrar toda referencia a ellos en las historias oficiales hasta la destrucción de los documentos, periódicos, y otros materiales que las distintas organizaciones sindicales han producido y lo siguen haciendo.

Sábado 17 de septiembre de 2016 | Edición del día

Como parte de la lucha ideológica, contra los postulados de las clases dominantes de Rosario, que pretenden ocultar las luchas obreras y populares de la ciudad, seguimos insistiendo en recordar año tras año, cada aniversario del Segundo Rosariazo.

Leonidas "Noni" Ceruti

Además, desde hace años nos hemos propuesto: No olvidar, Rescatar y Difundir las grandes gestas obreras de la ciudad y el país. Unir aquellas luchas con las de hoy, con la voluntad de continuar día a día, luchando contra las injusticias de esta sociedad, producidas por los explotadores de siempre.

Hace muchos años, la historiadora Beba Balvé, señaló que el “Segundo Rosariazo o proletario, sigue siendo el hecho maldito de la ciudad. De eso no se habla, no se recuerda, pareciera que el fuego antidictatorial continuara quemando”.

Diario Clarín del 17/9/69

Y en ocasión del 27 Aniversario, en 1996, desde el Centro de Estudios “Agustín Tosco”, se organizó una mesa debate en la que participaron el Dr. Horacio Zamboni y Ángel Porcus.

La intervención del Dr. Zamboni, fue esclarecedora del significado y lo que aconteció durante el II Rosariazo o Rosariazo Proletario, y es la siguiente:
“En primer lugar, pido disculpas al compañero Porcus, por no haberlo conocido, hace 22 años que no lo veía, y se mantiene muy joven y no pensé que estuviera aquí en Rosario. Me alegra mucho verlo.

En segundo lugar, me parece muy importante algunas de las cosas que ha planteado el compañero, ya que desmitifica algunas cosas, y traen un poco de luz a la historia, reconociendo que el destacamento obrero de Villa Constitución, no participó de los sucesos del año 69, los compañeros no estaban adheridos a la huelga, para plantearlo crudamente: carnerearon.

Y es importante porque demuestra que el estado de ánimo en determinadas circunstancias, hacen que en determinados sectores y en determinados momentos jugaron un rol, que no es irreversible y puede transformarse rápidamente. Y si la pasividad de hoy, no es la condena de ningún sector de la clase, porque esta clase, más tarde o más temprano, en determinadas circunstancias, sino que en determinado momento va a reaccionar, y el pensamiento colectivo y el coraje colectivo, lo van a trasformar como transformaron a los compañeros de Villa Constitución, dos o tres años después, van a transformarse en vanguardia de la clase obrera en la Argentina.

Creo que esto sirve para hacer justicia y también para juzgar las posibilidades que tienen a futuro, el hecho de que hoy no se reaccione no es la condena a la falta de reacción de mañana ni de pasado.

Volviendo estrictamente al tema que nos convoca, es una lástima que no estén algunos de los compañeros como Quaglairo y tantos otros que jugaron un papel fundamental en esas jornadas, y sobre todo en la recordación de algunos hechos. En esos años, yo estaba trabajando en lo que hoy llaman el cordón industrial, que en aquella época era la zona industrial. Estuve en los inicios de la huelga en San Lorenzo, y recién llegamos avanzada la tarde a Rosario, porque hubo que dejar los vehículos en el control, ya que prácticamente no se podía avanzar por las barricadas.

En San Lorenzo los hechos son un poco distintos en cuanto al contenido de lucha callejera con respecto a Rosario. El cordón industrial, tenía características especiales de grandes fábricas donde el accionar contundente de los destacamentos de esas fábricas resolvía muy rápidamente estas cuestiones o se trabajaba o se iba de fábrica y se acababa todo. A pesar de todo, también hubo represión, se realizó un acto en la puerta de Molinos Río de la Plata, que fue reprimido por la policía y un intento de allanar el sindicato de aceiteros que no prosperó, porque no se lo permitimos a la policía.

A partir de ahí, los compañeros que vivían en Rosario, volvieron como se podía, porque no había transporte público y nos encontramos frente a una ciudad que estaba literalmente de paro, era literalmente una imagen de una guerra, las columnas de humo, lugares incendiados, barricadas por avenidas y calles. Y en todos lados, un sentimiento muy claro, que se percibía en el ambiente, que era que se había conquistado la libertad, eso era lo primero que se percibió, y se notaba. Las gentes en las barricadas gozaban la libertad y defendían la libertad frente a los avances de unidades móviles, por lo menos en la zona norte, que era la zona donde yo vivía. Y hoy leyendo algunos análisis técnicos de los combates, que había órdenes de no entrar en combate cuerpo a cuerpo, ya que iban, levantaban las barricadas y automática-mente volvían a levantarse otras. Eso durante 30 horas.

Bueno, estos hechos uds. los han visto, creo que vale la pena felicitar la idea de estas imágenes, a las cuales habría que agregarles bastante más, para tener noción de lo que fue aquello. Creo que lo importante es la reflexión además del recuerdo.
Yo diría que lo primero que habría que señalar, es el homenaje merecido. Es que el movimiento obrero, la clase obrera, ese día en Rosario, con su accionar, sin saberlo, pero sin arriesgarse porque lo presentía, y lo tenía más o menos en claro, porque ya habíamos enterrado al pie Blanco, que en esos días se estaba condenando a muerte a más de 15.000 dirigentes medios obreros, por las cúpulas militares y los sectores económicos dominantes de la economía argentina. Ese día fueron condenados a muerte y ejecutados algunos antes, pero en masa a partir del Golpe de marzo del 76. Esa es mi interpretación.

Todos esos obreros peronistas, socialistas, comunistas, que habían salido a exigir sus derechos sobre los cuales no había mucho acuerdo porque había diferencias y hasta falta de precisión, más otra gente que los acompañaba.

No puedo dejar de recordar que la barricada de Génova y Avenida Alberdi, estaba dirigida por el que ahora es el jefe de los bombos de Menem, el Tula, era un bombista en proyección, todos sabían que era bombista de la hinchada de Rosario Central, y todo el mundo se preguntaba qué estaba haciendo en esa barricada. Estaba empezando su carrera política. Porque en esto no estaba solo el proletariado, había de todo.

Pero qué es lo que pasaba en Argentina y el mundo, porque ese Rosariazo, Cordobazo, y lo que sucedió en la Argentina, no puede ser interpretado, sin ver lo que estaba sucediendo en el mundo. Había sucedido el mayo francés, un año antes y faltan dos años, antes de que en agosto del 71, en EEUU, Nixon, declarara al mundo, que lo habían estafado a través del billete dólar, que no iba a entregar nunca más el oro que tenían y tiene los EEUU, alma-cenados en Fort Knox, porque no le convenía a los intereses de su economía, cuando declararon la inconvertibilidad del dólar.

La crisis del sistema capitalista a nivel internacional, también se expresaba en la Argentina. Una crisis, que ahora todos se refieren como una crisis del estado benefactor o el Estado intervencionista, o el Estado regulacionista, los muy sofisticados de la Facultad de Humanidades, de Sociología.

Este Estado ya tenía problemas aquí, y estaban a la orden del día. ¿Y cuál era el principal problema que tenía esta sociedad? Yo creo que hay que decirlo, asumirlo con mucha claridad, que se expresó muy claramente y hay que decirlo: estaba proscripto el peronismo, una democracia fraudulenta, donde la mayoría obrera que era peronista, estaba proscripta, no podía votar, y de a ratos tampoco podía ir a los sindicatos porque los intervenían, los metían presos y a veces los fusilaban.

El error político, de esa clase dominante, es que a la mayoría absoluta de la clase obrera la tenía proscripta, por levantar las banderas de un estado que no era socialista, estaba claro era justicialista, era la tercera posición, era intervencionista, pero a los ojos de esa reacción, y en esto podemos decir que tipos como Álvaro Alsogaray estaban avanzados en años sobre Reagan, Thatcher, que había que liquidarlos, como los están liquidando ahora, con la jornada de ocho horas, los sindicatos, las huelgas, las convenciones colectivas, toda aquella legislación que había redondeado Perón, porque hay que reconocer que es la parte del derecho colectivo de los años 30, del derecho colectivo, de las huelgas, etc.. No la anterior, de los orígenes heroicos del movimiento obrero de socialistas y sobre todo en nuestro país de los anarcosindicalistas, que son los que conquistan las jornadas de trabajo, se impone el derecho a la sindicalización, se organizan las huelgas e incluso se levantan en armas durante la Semana Trágica en 1919.

Habían dado un nuevo golpe militar y por supuesto imponían intereses económicos, que tienen un hilo conductor todavía con los que están en este momento dominando, aunque no son exactamente los mismos, sí algunos protagonistas como el desgraciado de Krieger Vasena, que se lo ha vuelto a ver en estos días apoyando a otro ministro de economía, como apoyó a todos los ministros de economía que hubo antes.

El caso es que frente a la negación de determinados derechos políticos, hubo una reacción donde ya no sólo actuaron los obreros peronistas, sino que aparece en 1969 una pluralidad política ideológica importante, porque siempre la hubo en estos hechos tanto en Rosario como Córdoba, en Buenos Aires se amenazó, pero no apareció nunca, todavía estamos esperando el Porteñazo, amenazan de vez en cuando y yo creo que no se va a dar hasta el final del tiempo político de este sistema.

A partir de septiembre de 1969, la Argentina ya no vuelve a ser la misma, ya nada fue igual. Onganía tenía los días contados y hubo discusiones dentro del propio gobierno, del poder militar, para desactivar la lucha, en donde si no se hacían concesiones se marchaba inevitablemente a una insurrección violenta, encabezada esta vez sí por la clase obrera.

Porque la diferencia entre el I y II Rosariazo, fue el papel, protagonismo que tiene la clase obrera organizada sindicalmente, que en septiembre sale con una huelga con columnas importantes de algunos sindicatos con acciones muy claras de tipo logístico - militar, que arrastran al resto de la sociedad, y a diferencia del Rosariazo de mayo, donde el papel protagónico fue del movimiento estudiantil, con una importante colaboración de sectores obreros identificados individualmente y no organizados sindicalmente.

Lo otro destacable, es que continuó el combate callejero, desde el punto de vista táctico, se abandona el centro de la ciudad al poder militar y la gente se recluye en sus barrios, se combate en los barrios junto al vecino, junto al amigo. Y acá sí hay una segunda característica, que esto es absolutamente popular.

En el arranque fue sindical, y en la zona industrial fundamentalmente fabril, como se va a demostrar tres o cuatro años después con ocupaciones de fábricas, como en Duperial y Verbano, y la más importante de todas en PASA en 1974 con el control y gestión de la producción durante 28 días, en un récord sin precedentes. La clase obrera, arrastra al resto de la población, donde participan las amas de casa, los desocupados, los jóvenes y hasta los bombistas de la hinchada de Central, como el Tula, que no se le conocía y probablemente no se le conozca nómina salarial fabril alguna.

Todo el mundo salió a combatir y con una violencia, que quedó en claro en los titulares de los diarios, que es el termómetro de una bronca muy grande, que se había gestado por la prepotencia del poder militar y por la larga proscripción del peronismo, e incluso sectores obreros de izquierda, que siguen siendo minoritarios, cumplen un importante papel protagonismo. A partir de septiembre del 69, se comienzan a definir distintas líneas políticas y se abre una etapa, que yo diría que termina en el año 72.

Yo no puedo ser objetivo sobre esta etapa, fui protagonista de aquellos hechos, de lo que sucedió. A pesar de que hay muchos compañeros muertos, y yo no participo de la idea de ese refrán que aprendí en el Perú, “que no hay muerto malo”, porque a pesar de que hubo muchos muertos, hay que asumir los errores. Y como lo dije en aquel momento, lo digo ahora, porque hay quienes confundieron la hora de las armas, con lo que decía Marx, en la Crítica de la Filosofía del Derecho, de que “es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas”, y nos empujaron a un combate desigual y que terminó en el Golpe de 1976.

Y nos privaron de la posibilidad de lograr una nueva forma organizativa de la clase obrera, que se había insinuado no sólo en este Rosariazo, se había insinuado en Cipolleti, pero con más precisión y pureza proletaria en Malargue, o en Anymana. Fue frustrada esa posibilidad, por el desplazamiento de estas masas, -y lo digo ahora porque lo dije en aquel momento-, por vanguardias iluminadas que sustituyeron el accionar de las masas por el accionar armado de grupos celulares, que se auto atribuyeron la función de vanguardia de la clase obrera.

Esto nos costó mucho y todavía lo estamos pagando, los que somos sobrevivientes, pero creo que de una vez por todas, en homenaje a aquellos que no están, hay que abrir muy claramente un debate, porque esta discusión existió en aquel momento y hubo quienes dijimos: NO.

Es esta clase obrera, que se expresó en General Roca, en Córdoba, en Rosario, en las asambleas industriales, la que tiene que encontrar su destino en asambleas abiertas, no en asambleas donde se convoca a los trabajadores, para que aparezcan diez tipos con metralletas, como sucedió en la asamblea obrera, donde se discutía si se levantaba la planta de Molinos en San Lorenzo. Esto no significa no reconocer el heroísmo y las buenas intenciones que puedan haber tenido todos, aunque no fueron todos, porque hubo sectores que deben ser discutidos.

Los Rosariazos, el Cordobazo, fueron protagonizados por masas, por masas que tenían una consigna que era común pero que tenía contenidos distintos, que era “ni golpe ni elección, revolución”, se quería una transformación radical de esta sociedad. Y el debate no continuó, porque fue frustrado, porque fue interrumpido por la guerra militar, por el accionar de grupos armados. Lo he planteado muy claramente, porque es un entripado que lo tengo desde el 69.

Y creo que es justicia que pongamos sobre la mesa esta discusión, porque esta discusión es fundamental, para encontrar el rumbo que hoy hemos perdido.

La crisis del 69 nos sorprendió a todos, como nos sorprendió a todos el Cordobazo y los Rosariazos, pero de la misma manera que nos agarraron a todos pescando en aquella época, nos agarraron ahora Reagan, Thatcher y Menem y nos derogaron todos los derechos sociales, todas las leyes obreras que Perón había establecido, como dice la marcha peronista, y las que habían conquistado los anarquistas, porque ya no hay más jornada de ocho horas. Nos equivocamos, nos volvimos a equivocar por un error de análisis, porque creíamos no sólo acá, sino en Gran Bretaña y en toda la Europa continental que las organizaciones sindicales eran invencibles en este punto.

¿Quién iba a tocar los Convenios Colectivos de Trabajo? Si apenas vino el II Rosariazo, convocaron a paritarias y por eso se levantó la huelga del 2 de octubre. Apenas cabeceó el movimiento obrero, pegó el Rosariazo, el Cordobazo, y cuando se levantaron las barricadas, convocaron a paritarias.

“Paritarias Ya”, estaba todo pintado, hubo paritarias, cayo K. Vasena, se siguieron reajustando los sueldos, y en los hechos las organizaciones sindicales conquistaron su legalidad, preso más, preso menos, alguna represión más, alguna represión menos, los sindicatos funcionaron.

Pero pasó el tiempo, sin esos 15.000 compañeros que fueron muertos o desaparecidos, y sin una represión volvimos a perder acompañados por el resto de la clase obrera internacional, prácticamente todo.

Creo que lo vale la pena recordar, además de la fraternidad, de la alegría de esos días que ayudan a templar el espíritu y a mantener viva la esperanza, pero no la esperanza basada en la fe, sino la esperanza basada en la conciencia crítica de esta sociedad, que sabemos que debe ser cambiada y que eso no es sólo un problema de reflexión, sino que es un problema de acción.

Creo que viendo lo que pasó, sobre todo en las imágenes, podemos entender que si es necesario para defender sus derechos, sus derechos mínimos, ni siquiera aquella imagen general de la Revolución, es que debemos volver a conmover, no solo a esta sociedad, sino al mundo entero, como lo conmovimos en el año 69. Nada más”. (¡¡Aplausos!!)

(*) Este discurso figura en el libro Horacio Zamboni. Teoría y Práctica de un Revolucionario, p. 556. Libro donde recopilé todos sus escritos, sus conferencias, sus cursos de formación, sus reportajes, y fue publicado por el SOEAR (Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros Rosario).







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