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Red Internacional

La lucha en la Escuela de Derecho Ponciano Arriaga (EDPA), ahora sede Cuauhtémoc de las UBBJ, anticipó los reclamos por derechos laborales en este gobierno. Sus lecciones son fundamentales para la defensa del sector educativo.

Miércoles 15 de septiembre | Edición del día

El sector educativo ha sido golpeado mediante precarización laboral y un magro presupuesto, despertando luchas de trabajadores respaldados por los estudiantes. En los últimos meses, una centena de docentes de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ) fueron despedidos, situación que tiene como antecedente la lucha de la Escuela de Derecho Ponciano Arriaga (EDPA).

El 17 de febrero de 2020, la comunidad de la ahora sede Cuauhtémoc de las UBBJ, organizada en asamblea, decidió iniciar un paro. Las razones se fueron acumulando y se resumen en la precarización laboral y educativa, que comenzó a crecer como una bola de nieve ante la falta de pagos, la incertidumbre de la contratación laboral, la desigualdad en las contrataciones, o de plano la no renovación, en despidos velados de trabajadores administrativos y en la posterior desaparición de sus puestos de trabajo, y un largo etcétera. Lo cual provocó que el descontento de estudiantes y docentes estallara.

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¿Qué lecciones se rescatan de la lucha de la EDPA?

Si bien esta lucha fue primordialmente estudiantil, partió de la solidaridad con las y los trabajadores, lo cual mostró el enorme potencial de la unidad de la comunidad universitaria en la defensa de la educación pública y condiciones laborales dignas. Las y los estudiantes observaron que la precarización laboral implicaba la precarización educativa, es por ello que levantaron la lucha en defensa de la educación pública. Se armaron asambleas tripartitas, en las que se fueron incorporando docentes y se abrieron a trabajadores para dialogar y contrarrestar la antidemocracia de la organización institucional de las universidades.

Esta lucha también estuvo rodeada de solidaridad externa y era recíproca, estudiantes y docentes acudieron a los conflictos que siguen vigentes como el del Sutnotimex, prestaron sus instalaciones a la Asamblea de Profesores de Asignatura de la UACM en Lucha, así como a otras luchas.

El cerco mediático no impidió que se denunciara públicamente esta situación en los espacios propios de las luchas y los movimientos. A través de medios periodísticos y en sus conferencias mañaneras se interrogó a Andrés Manuel López Obrador sobre la situación; sin embargo, lejos de establecer un diálogo con los estudiantes, el presidente dio todo su respaldo a la autoritaria Raquel Sosa, titular del Organismo Coordinador de las UBBJ e ignoró las demandas de la comunidad.

Mientras que las y los docentes presentaron escritos ante el presidente de la República, sin obtener una solución a sus problemas, pues a pesar de que se le hizo del conocimiento la situación imperante de precarización docente, los escritos se remitieron para su atención a la misma Sosa.

Aunque el movimiento asumió métodos de lucha como el paro, estudiantes y docentes comenzaron a presentar escritos y quejas ante diversas instituciones como la Secretaría de Educación Pública, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, entre otras. Al final, la vía legal no rindió frutos, al no estar respaldada por la fuerza de un gran movimiento que fuera más allá de la institución para no quedar aislado, como finalmente sucedió.

Apostando al desgaste del paro que duró meses y pregonando la división entre estudiantes, las autoridades mantuvieron una línea de no acordar una mesa de resolución y criminalizó a la comunidad universitaria en lucha, pese a la movilización y combatividad. Fue así que, con la promesa de Sosa de solicitar documentación para el seguro facultativo de estudiantes, el 25 de julio se entregaron las instalaciones, sin que se ganaran condiciones dignas de trabajo y estudio.

Raquel Sosa se dedicó a atacar sistemáticamente a alumnos y docentes con calumnias; por ejemplo, chantajeó a las y los profesores, diciéndoles que no habría derechos laborales hasta que terminara el paro. Pero terminó despidiendo a todos los docentes de esta sede, quienes pese a demandar laboralmente su reconocimiento como trabajadores y su reinstalación, al día de hoy siguen sin obtener respuesta.

Con plena confianza… pero en nuestras propias fuerzas

La lucha de la EDPA fue una alerta de lo que se venía, ya que la política de precarización sigue aplicándose actualmente, pues son docentes quienes sostienen con su salario las clases, siguen sin contar con seguridad social en plena pandemia y en general sin derechos laborales, además de que continúan los despidos y recortes salariales. Por ello queda demostrado que la solución de los problemas estructurales de la educación en las UBBJ no vendrá de las autoridades educativas, ni del gobierno de la 4T, cuya política de cerrazón y negativa de solución se ha repetido en varios conflictos universitarios.

La lucha de la EDPA sentó un precedente muy progresivo pues se planteó la unidad de los estudiantes con los docentes y trabajadores, en defensa de la educación pública y de los derechos laborales. Dejó claro que para imponer nuestras exigencias no basta la vía legal, pues se requiere retomar los métodos de lucha de nuestra clase como las marchas, los paros y las huelgas, así como la articulación del sector educativo que viene resintiendo los despidos como en las UBBJ, la UACM, la UNAM, el IEMS y otras instituciones; los intentos antidemocráticos de reforma en el Instituto Politécnico Nacional y la imposición de clases presenciales. Solo así podremos conquistar nuestras demandas.

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