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Red Internacional

El reciente anuncio del proyecto de trasvase de parte del caudal del Carrenleufú hacia el Genoa para paliar la bajante del Senguer, aparece como una panacea que puede convertirse en calamidad. Las especulaciones sobre el impacto político de la medida, no dan cuenta del riesgo que ésta implica.

Ulises CrauchukCorresponsal Comarca Andina | @ulisescrauchuk

Lunes 14 de marzo | 12:19

Cada 3 de Noviembre desde la sanción de la ley 547 en 2014, la provincia de Chubut vive un feriado conmemorativo de la supuesta jura del Cacique Tehuelche Casimiro Biguá y sus caciques aliados al pabellón nacional en 1869.
Decimos "supuesta" porque el relato de aquel hecho es parte de la historia contada por el aventurero inglés George Musters, que nada entendía del idioma originario en que se realizó aquel encuentro.

Cómo aquel mito fundacional del Estado argentino en la Patagonia, hoy se reflota otro mito, el del trasvase de parte del caudal del río Carrenleufú hacia el Genoa, principal afluente del Senguer que alimenta al Lago Musters, como solución a la grave y crónica crisis hídrica que que vive la provincia y que ya costó la desaparición del lago Colhue Huapi.

El proyecto data de principios del siglo XX y ha experimentado diferentes momentos de efervescencia. Que haya sido el intendente de Comodoro Rivadavia, Juan Pablo Luque, quien reflotara este proyecto en el cónclave con diputados e intendentes en la localidad de Gobernador Costa el pasado jueves no es casual.

La ciudad petrolera vive con preocupación la bajante histórica del lago Musters que la abastece de agua, y para las aspiraciones de Luque de llegar a Fontana 50 en 2023, resulta prioritario presentarse como garante de resolver esta situación.

En junio pasado, el titular del Instituto Provincial del Agua (IPA) Nicolas Cittadini, se reunía con funcionarios de Nación para pedir la puesta en marcha del proyecto de "aprovechamiento hidroeléctrico de la Cuenca del Río Carrenleufú" a cuya realización está asociado el proyecto de trasvase con una excavación de alrededor de cinco kilómetros de largo al cauce del Río Genoa. Su antecesor en recursos hídricos del IPA, Gustavo Bulacio, decía en 2016 que el proyecto carecía de dos elementos centrales: un comité binacional de cuenca, ya que el Carrenleufú desboca en el Pacífico chileno con el nombre de Río Palena, y un estudio serio de los caudales del río que "desde 1937 se intenta y no se logra".

El proyecto ha cosechado rechazos desde que fuera elaborado en la década del 70. Se trata de una represa de 40 metros de alto y 140 de ancho que generaría un embalse para el abastecimiento de dos turbinas generadoras con potencia instalada de 100 MW. Su "bajo costo" y alta rentabilidad, han despertado interés de empresas como ALUAR que en marzo de 2016 presentó un proyecto para su construcción y el traslado de la energía a la represa Futaleufú para su inyección al sistema interconectado. A cambio, ALUAR pedís la prórroga de la licitación de Futaleufú pronta a vencer.

Ahora, Luque promete agilizar el proyecto de la mano del diálogo con el Ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, junto a intendentes de la región y diputados provinciales.

Mauro Millán, Longko de la Comunidad Pillán Mahuiza, cercana a Corcovado, dice "claramente desde la Lof tenemos una desición tomada desde lo filosófico, ideológico, político y espiritual: cualquier proyecto que altere en río Carrenleufú enfrentará la resistencia de la comunidad, pero también de muchos vecinos de Corcovado. Son proyectos que no tienen viabilidad, no tienen consenso." Más allá de la ubicación física de la represa, Millán denuncia que parte de las tierras de la comunidad y de otros crianceros serían inundados por la construcción del dique, pero la alteración del caudal tendría un impacto inmediato en la región.

La presencia de pueblos originarios en la región del valle del Genoa se remonta al menos a 1500 años. Según las excavaciones realizadas en 2014 en la estancia Fabiana Elizabeth, la zona era una zona de tránsito que conectaba el sur de Neuquén con la zona sur de Chubut. Una serie de aguadas que aseguraban las pasturas para grandes grupos de guanacos constituían un recurso vital. Hoy esas mismas tierras fértiles están amenazadas de convertirse en un desierto.

Ya en 2016 distintas agrupaciones ruralistas de la provincia advertían sobre la disminución cada vez más pronunciada del cauce del Genoa. Lorenzo Cadpari, productor agropecuario de Gobernador Costa habló con este medio de la grave situación.
"Hemos perdido la mitad del ganado por la sequía" dice. Junto a su hermano administran la Estancia El Cóndor. "Teníamos un valle y de repente tenemos arena" dice, "veíamos lejanas las imágenes del ’Colhue Huapi."

Otros productores han hecho abuso del recurso afectando a infinidad de productores. El mismo jueves que Luque visitó Costa, se conocía la elevación a juicio contra el propietario de la Estancia Don Fructuoso por la construcción de canales, tajamares y obstrucción a fin de utilizar el agua en su establecimiento en 2018. A causa de ello modificó el curso del Río Genoa, afectando a la población río abajo.

"Tanto a él como a otros productores el IPA los autorizó a hacer esa famosa espina de pescado que es hacer un canal y una serie de derivaciones para riego" dice Lorenzo. Las características del suelo hacen que la absorción del agua impida su retorno al cauce. Esto sucede por la utilización del riego por inundación de los terrenos, algo que podría superarse con la aplicación de tecnologías adecuadas, pero la salinización al paso por los campos hacen que se vuelva inservible y amenaza las tierras subterráneas.

"El agua es de mala calidad. Al haber menos agua, aumenta la cantidad de sales y calcáreas, y eso rompe las canillas, las cañerías y bombas. Hacia el lado de Chacay (en la meseta) me hablan de que llevan el agua para las chivas en tambores. La gente se enferma de los riñones por tomar agua mala."

"Vamos a terminar vendiendo arena. De pasar de tener agua de una manera regular a no tener nada de agua es terrible". Río arriba, pueden apreciarse las diferencias que la construcción de tajamares y diques en los establecimientos, "están llenos de agua" dice Lorenzo. Para él, la presencia del IPA es necesaria en la zona, así como su rol de control del uso de un recurso fundamental. Pero considera que el trasvase puede aportar una solución junto a una serie de perforaciones que aporten agua a los productores.

Cómo tantos otros proyectos en danza, como el azud del Lago Fontana, la construcción este canal de trasvase, es una respuesta inmediata a un problema estructural que no se resolverá, y que incluso amenaza alterar el ambiente y la vida de los habitantes de manera irreversible. La preocupación parece estar más en seguir exprimiendo el recurso, sin dar cuenta de la profundidad del cambio climático en curso, que constituye el trasfondo de la disminución de nevadas en la cordillera.

Las medidas tendientes a reducir las emisiones de CO2 chocan con los intereses de empresas y gobiernos de asegurar los márgenes de ganancia, como evidencia el interés de ALUAR en el proyecto La Elena. Lejos de dar respuestas de fondo, atacando los intereses de terratenientes y petroleras que acaparan el uso del agua ante la crisis hídrica imperante, la preocupación de las autoridades es mostrar falsas soluciones que no harán sino agravar la situación. "El agua vale más que todo" remata Lorenzo.




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