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"¡Se fugaron “Las Chichi” de Córdoba!": a 45 años de la fuga de mujeres en el Buen Pastor

Hace exactamente 45 años, a las ocho en punto de la noche, comenzaba el operativo de fuga más grande de la historia carcelaria cordobesa.

Lunes 25 de mayo | 14:32

Fueron 26 presas políticas las que se fugaron, del “Buen Pastor”, la cárcel de mujeres ubicada en barrio Nueva Córdoba, que hacía las veces de puente entre el D2 (Centro de Detención Clandestino, hoy sitio de la memoria), y las demás cárceles legales y clandestinas que funcionaron desde 1975 hasta principios de la década de los ochenta.

El predio de lo que fue la cárcel, hoy convertida en un lugar de paseo de lujo gastronómico, cultural y recreativo con aguas danzantes, fue construido entre 1897 y 1906 para la orden de las hermanas “Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor de Angers” y destinada a ser un correccional de mujeres y menores, que funcionó co-gestionado con el Servicio Penitenciario de Córdoba durante casi un siglo. Bajo la intervención de Lacabanne en la provincia, y durante la dictadura militar, se mantenían cautivas a las “comunes” y a las “políticas”.

Para conocer la “cocina” de la fuga, conversamos hace unos años con Cristina Salvarezza, ex militante del PRT y hoy militante de la organización de ex presos políticos, apasionada e incansable luchadora.

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El operativo fue organizado por el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), Montoneros y militantes del FAL (Frente Armado de Liberación). La acción se daba en el marco de un recrudecimiento de la represión, había desaparecidos y se encontraban bajo una provincia intervenida por el Brigadier Raúl Lacabanne tras el Navarrazo, el 7 de septiembre de 1974.

Cuenta Cristina: “Perón había intervenido la provincia, Obregón Cano estaba preso, en septiembre (NDR: de 1974) lo habían matado a Atilio López, los sindicatos estaban intervenidos, Navarro, luego Isabel Perón con Lacabanne y el régimen carcelario también fue cambiando y se ponía más duro, y nosotros (NdR: los militantes del PRT) sabíamos que sacaban a compañeras y las mataban”.

Es por eso que emprendieron el operativo, para salvar la vida a las mujeres detenidas y tener un objetivo más estratégico de mejorar el ánimo de las masas bajo ese contexto represivo. “Se hacía para preservar la vida y el compromiso de seguir afuera la lucha”. Agustín Tosco, militante lucifuercista y protagonistas de la gesta del Cordobazo, en palabras de Cristina, estuvo vinculado a esta acción: “Tosco va a una reunión del PRT y pregunta, “¿no tienen alguna acción que levante el ánimo de las masas?”, “¡Sí! ¡Estamos preparando la fuga!”. Tosco contesta: “¡Larguen eso, encima mujeres!”. Y continúa contándonos Cristina, “Se arma todo el aparato para apurar eso y el 24 de mayo nos fugamos 26 presas políticas, con una gran acogida de la población, un festejo enorme”.

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Y concluye que la acción sirvió para lo que se la habían propuesto: “Gracias a Tosco, como mujer, como compañera estoy libre también por su opinión y cierto que después de la fuga mejoró el ánimo en las fábricas, que es una de las patas más importantes”.

Cristina nos comentó que cuando ella llega al Buen Pastor, sus compañeras ya tenían pensado el plan de fuga. Los militantes que realizaban la logística se encontraban en el exterior del edificio, la fuga se registró a las 20.30 horas, momentos en que la iglesia de los Capuchinos daba inicio a una ceremonia de casamiento, situación que favorecía la confusión ante la gran cantidad de gente y el bullicio. Usarían un camión para enganchar los guinches y tirar la reja de la ventana hasta arrancarla y liberarlas, todo pasó desapercibido.

Algunas se subieron a una camioneta, otras a un transporte público que andaba por el lugar, y otras al camión. Después de la fuga, muchas no volvieron a verse y todas pasaron a la clandestinidad. Después, 9 fueron “desaparecidas” y otras volvieron a ser detenidas.
La logística de la fuga también implicó el estallido de bombas de estruendo en esquinas estratégicas de la ciudad. Hicieron resonar las bombas en la esquina de Obispo Trejo e Hipólito Yrigoyen, y en la esquina de Cañada y Bv. San Juan. También se arrojaron luces de bengala y se levantaron barricadas, para desorientar a la policía, mientras las 26 presas se daban a la fuga.

Cristina Salvarezza había tenido una detención previa a esta experiencia de la fuga, había sido el día de la Masacre de Trelew, en la Facultad de Arquitectura. También la detuvieron en 1972, por ser parte de los comités de barrio Talleres, que como arquitectas y militantes, buscaban regularizar la situación de las viviendas de los vecinos del barrio. Pero hacia 1975, la detienen siendo identificada plenamente con la militancia, recibiendo torturas que luego afectaron su salud.

Cristina continúa el relato y nos dice: “En ese momento, me acuerdo, había salido un grupo de cuarteto que se llamaba “Las Chichi de Córdoba”, el día de la fuga el diariero nos golpeaba las paredes y nos ponía para que escuchemos el grupo de cuarteto y al día siguiente cuando anunciaba la fuga él pregonaba: “¡Se fugaron Las Chichi de Córdoba!”.

Y continúa su relato: “La cárcel no es solamente pasar por un lugar, es un lugar que se convierte en un frente más de lucha, éramos como 70 presas políticas, y ahí se pensaba todo, qué relación teníamos con nuestra familia, con el servicio penitenciario interno, con las presas sociales, los trabajos productivos que hacíamos y luego con nosotras mismas, compañeras como Sonia Blesa cumplían un rol en nuestra formación, fue una escuela ahí adentro y la aprovechamos al máximo”.

Hoy el Buen Pastor es un “un complejo cultural, turístico, recreativo y de contemplación”, según anuncia la web del Gobierno cordobés. Pero pocos conocen que bajo la fuente de aguas danzantes se encontraban hace tiempo las celdas de castigo del penal de mujeres, al cuidado de las monjas del lugar. Allí también, durante la última dictadura, nacieron niños que aún no fueron encontrados. Después de mucho andar, la organización de ex presas logró que en la pared donde estaba la ventana por la que escaparon, se colocara una reja semejante a la que tenían cuando estaban detenidas, como símbolo de memoria, y colocaron baldosas en homenaje a las compañeras 9 desaparecidas. Ellas siguen en lucha contra la impunidad de ayer y hoy.







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