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Se estrenó Rocanrol cowboys, un viaje al salvaje mundo de los Ratones Paranoicos

El documental sobre la banda que fundó la patria stone ya se encuentra disponible en Netflix. Un recorrido sobre el ascenso, el ocaso y el resurgir de una banda que caminó por la cornisa del rock & roll.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Lunes 11 de enero | 00:00

Luego de la polémica por "Rompan Todo", Netflix estrenó en su plataforma un nuevo documental sobre rock. Se trata de “Rocanrol cowboys”, que recorre la historia de los Ratones Paranoicos de manera cronológica, con las imágenes de archivo y la honestidad de los testimonios en off como su fuerte.

El documental de 77 minutos fue guionado y dirigido por Plástico (Alejandro Ruax y Ramiro Martínez). Aunque en los créditos figuran las discográficas Sony y Pop Art, el guión no toma un carácter edulcorado de una hagiografía autorizada. Los protagonistas —centralmente Juan Sebastián Gutiérrez, más conocido como Juanse, en la voz, Pablo “Sarco” Cano en la guitarra, Pablo Memi en el bajo y Roy Quiroga en la batería— no esquivan las zonas grises y oscuras. Las ambiciones, los excesos e incluso las acusaciones de traición son puestas sobre la mesa aunque lo central sigue siendo la historia de una banda que reinventó una forma de hacer rock en Argentina.

El célebre Andrew Loong Oldham, histórico mánager y productor de los Rolling Stones, participa con su testimonio, siguiendo la costumbre de sus relatos en los vinilos de las Majestades Satánicas, y su visión aporta una perspectiva global, además del título del documental. Aunque el leitmotiv del documental está resumido en el fragmento de una entrevista televisiva a un joven Juanse: “Nosotros no somos de ninguna época. Nosotros hacemos algo que es totalmente… que está atemporalizado a partir del día que se creó, que es el rock and roll. Es un estilo de vida, es una forma de vivir”.

Primeros tiempos. Cuando el sonido y la perfomance estaban más ligados a Lou Reed, New York Dolls y Sex Pistols.

De los pubs a llenar River con los Stones

La cronología se inicia con esos adolescentes de Villa Devoto que se obsesionaron con la idea de formar una banda de rock & roll y comenzaban con sus recitales en el circuito de pubs porteño a finales de los 80. Lejos estaba todavía el sonido y el imaginario de los Stones, y los Ratones tenían una mezcla propia de Pescado Rabioso, Riff, New York Dolls y los Sex Pistols (basta escuchar ‘Enlace’, como representativo de sus primeros tiempos). Esto lo confirma su primer productor, Gustavo Gauvry, quien dice: “Ellos en cuanto a la música eran bastante punks, lo de ellos era crudo, trágico y amargado”. Gauvry desde su estudio Del Cielito Records produjo un demo y los primeros tres discos de la banda, en un momento donde las discográficas rechazaban a los Ratones Paranoicos al priorizar bandas más encuadradas en el pop.

Disco a disco, el sonido que remite fue a los Rolling Stones fue puliéndose, mientras crecía la convocatoria de los Ratones, siendo clave el hit ‘Rock del gato’. Sobre esa popularidad se fundó la patria stone, que abrió el camino para Viejas Locas y otras tantas bandas. Para esa evolución fue clave la producción de Andrew Loong Oldham para los discos “Fieras Lunáticas” (1991) y “Hecho en Memphis” (1993), de donde salen los hits ‘Rock del pedazo’ y ‘Vicio’. En "Hecho en Memphis" también se dan el lujo de tocar con Mick Taylor, uno de los guitarristas de los Stones. En ese pasaje sirve como temporizador un pastiche entre MTV, las Ferraris menemistas, las tapas de revista, la cocaína y el vértigo que rodea a la industria del rock.

Un recital de Keith Richards en 1992 con su banda fue clave para comprobar la stonemania, que el sonido de los Ratones les llegue a las Majestades Satánicas y que finalmente se decidan a visitar Argentina. La cita de honor fue el 12 de febrero de 1995 en un estadio de River colmado, donde los Ratones Paranoicos fueron más que la banda soporte. Aquí el material de archivo vuelve a ser fundamental para transmitir la trascendencia del evento, incluyendo una secuencia de fotos donde se ve la célebre imagen de Ron Wood encendiendo un cigarrillo a Juanse aunque este ya tenía otro en la mano.

Camarines. Ron Wood y Juanse en la trastienda de la primera vez de los Rolling Stones en Argentina, durante 1995.

El ocaso y la resurrección

El ascenso meteórico de la banda es resumido por Roy al plantear que “del umbral de Gauvry al techo de los Stones no había nada”. Mientras la banda lidiaba con su propia ley de la gravedad, en 1997 Pablo Memi abandonó la banda saturado. En su lugar ingresó Fabián “el zorrito” Quintiero mientras se consolidaba los excesos de Juanse, tanto en el consumo de drogas como líder autoritario de la banda. De todas maneras la llegada del Zorrito fue aire fresco y la banda continúo en el nuevo siglo, con los éxitos ‘Para siempre’ y ‘Sigue girando’.

En 2007 Quintiero dejó la banda y Memi volvió a las cuatro cuerdas pero la banda no tendrá mucho más tiempo tocando, ya que en 2011 se produjo la separación o el alejamiento de Juanse, según quién cuente la historia. Aquí surgen las acusaciones y los repartos de culpas, en medio de un parate de seis años que sirve para introducir la resurrección de Juanse de la mano de la religión. Las imágenes de Juanse junto al Papa Francisco y su arenga pastoral antes de tocar el ‘Rock del gato’ es lisérgica y un tanto patética, planteando las contradicciones de un presente que busca recuperar lo alcanzado en el pasado.

"Roncanrol cowboys" no escapa a las omisiones, como la denuncia por abuso sexual agravado por las que se imputó a Juanse y a otros músicos de su proyecto solista en julio de 2014. Durante una gira en Jujuy, una joven denunció un hecho de abuso que ocurrió en la combi de la banda. Un año después, el cantante realizó una "defensa" en términos nefastos: "¡Obvio que fue una cama! No fue en Mónaco, fue en Jujuy, ¿entendés? La mina más alta es como esta parrilla... Esta parrilla es más linda, y no hablo de belleza, sino del estado en el que estaban todos. Con la mujer que tengo, no voy a ir a Jujuy a encerrarme con un mamarracho. Ojo, no tengo diferenciación racial”. Escudado en su viraje religioso, Juanse se apoyó en los nexos con la Iglesia para salir de ese escándalo sin mayores consecuencias.

El documental cierra con el regreso en 2017 en un Hipódromo de Palermo explotadísimo. Las negociaciones entre los egos —dinero mediante, nadie lo oculta— fueron delicadas pero se logró apaciguar heridas que todavía parecen abiertas. El contraste final de ese regreso entre multitudes con la atmósfera de intimidad y tensión en un ensayo muestran a una banda que carga y sobrevive con su pasado.







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