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Scioli en 678: un cuento chino

El show para disfrazar a Scioli de progre… ¿se hizo realidad? Luego del anuncio de fórmula Scioli-Zannini, el candidato a presidente del Frente para la Victoria, visitó 678 para convencer a los kirchneristas puros de que él es el candidato del proyecto.

Martes 23 de junio de 2015 | Edición del día

Fotografía: DyN

Anunciado con bombos y platillos, Daniel Scioli hizo su presentación en 678. Se esperaba un clima tenso, o por lo menos así lo esperaban los progres k. ¿Qué les preguntarían los panelistas que fotografiaron sonrientes la ocurrencia de Randazzo en Carta Abierta? Huérfanos de candidatos, este sector del kirchnerismo, debería por lo menos defender su dignidad, dar cuenta de su progresía ante quienes, millones de archivos mediante que pueden atestiguarlo, habían declarado su antipatía o directamente sus críticas.

Los panelistas, para esta ocasión tan solemne, hasta cambiaron sus vestimentas. La noche de gala de 678 se convertiría en la danza de los serviles, porque que Barragán arrancara el programa diciendo "usted sabe que hay sectores del FpV de votantes que tenemos ciertos reparos con usted. ¿Qué nos diría ya que estamos acá todos juntos?”

A partir de ahí, todo fue un show hecho a la medida del candidato. Los periodistas reptiles reptaron como estaba pautado. Todo estaba armado para que Scioli le hable al sector K que sabe que es un hijo del menemismo y un conservador profeso.

Las preguntas incluían incluso las respuestas que Scioli tenía que responder: derechos humanos, inclusión, asignación universal por hijo, enfrentamiento a las corporaciones. Como también los documentos de archivo que estuvieron cuidadosamente seleccionados a favor del candidato.

Scioli daba cuenta que él es en realidad la continuación de Néstor, y los panelistas junto a un Barragán rápidamente convencido asentían desde un respetuoso silencio o de un acompasado movimiento de cabeza.

El kirchnerismo "puro", como ellos mismos definieron, hizo de esta puesta en escena un bautismo de purismo a Scioli, o mejor dicho ellos se bautizaron de sciolistas.

El programa que había empezado con una adrenalina contenida y que despertó la atención de los espectadores, poco a poco fue empezando a bajar hasta convertirse en un largo spot de campaña. Las dudas o reparos que los panelistas pudieron mantener en el pasado se habían disipado por completo. Ahora estamos en presencia de abanderados sciolistas de la primera hora. El gobernador, pregunta tras pregunta, daba fe de ser el primer kirchnerista:

"La mejor respuesta a las suposiciones que se han querido instalar, es que mi único compromiso de honor es con el hombre que me dio la oportunidad de comenzar en el 2003, me eligió como vicepresidente, me apoyó dos veces como gobernador, me eligió como vicepresidente del PJ y con la Presidenta a partir de su decisión".

El faltazo de lujo se lo dio Sandra Russo, quien no sabría con qué cara mirar al candidato del proyecto, luego de haber participado y filmado el stand up de Randazzo en la asamblea de Carta Abierta.

Es entendible la pasión que Scioli despertó en los Barragán, Barone y compañía. Como miles de funcionarios del gobierno, ellos tienen algo más que defender que el rigor periodístico, cosa que por otra parte perdieron hace mucho rato. Ellos, como otros funcionarios, defienden las prebendas e ingresos que reciben por ser la voz oficial del kirchnerismo, no importa quién sea el jefe, llámese Cristina o Daniel. El programa que se jacta de ser "ideológico", termina su ciclo convirtiéndose en el nuevo vocero y defensor ideológico de Scioli.

El objetivo estaba cumplido: había que disfrazar a Scioli de progresista, y 678 hizo todo lo que estaba a su alcance para lograrlo.

El tema es si esta operación tan burda, esta parodia montada, tendrá la efectividad buscada. ¿Puede la "gente de a pie", como les gusta decir a los editorialistas de Página 12, tragarse semejante sapo?

Aunque 678 lo haya servido en bandeja en la TV Pública, y los "indomables" periodistas del "kirchnerismo puro" se hayan atragantado frente a las cámaras para decir qué bien sabe, no todos los que creyeron en un proyecto nacional y popular pueden aceptar sin más que el conservador Scioli los represente.

El show ya está montado y los argumentos dados para decir que Scioli es la mejor expresión del proyecto. A fin del mandato de Cristina, la verdadera cara del proyecto se llama Milani, la comparsa de intendentes bonaerenses, y el hijo del menemismo, el motonauta Daniel Scioli.







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