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Red Internacional

PASO 2021.Santoro y un cierre de campaña elogiando el balcón que pactó la obediencia debida con los genocidas

Un final coherente con una campaña en la que el candidato del Frente de Todos reivindicó a Berni, dijo estar a favor de las Taser y hasta le hizo guiños a Patricia Bullrich. El radical reivindicó aquel pacto con el peronismo que garantizó las leyes de impunidad que exigían los carapintadas, y que en el 2003 con la movilización se logró anular y comenzar el juicio a los genocidas.

Martes 7 de septiembre | 17:24
Foto: Télam // Osvaldo Fanton

La lista que encabeza en Capital Federal Leandro Santoro, tuvo este martes su acto de cierre en el microestadio de Ferro. También participaron Gisela Marziotta, segunda en la lista y los precandidatos a legisladores porteños Alejandro Amor y Victoria Montenegro.

El discurso de cierre de Santoro fue coherente con toda su campaña: es decir, buscó dialogar con los votantes desencantados de Juntos por el Cambio, como ya lo venía haciendo en las últimas semanas.

"Nosotros decíamos desde el radicalismo con Raúl Alfonsín, -que saben que fue el más peronista de los radicales-, que había complicidad de primos hermanos" (con el peronismo), "que teníamos cosas en común y diferencias y que cuando quemaban las papas funcionábamos como una familia. Así lo vimos en el balcón de Semana Santa, donde Antonio Cafiero y Raúl Alfonsín defendieron la democracia".

La reivindicación es de aquel famoso discurso donde el entonces presidente dijo "La casa está en orden, felices pascuas", buscaba graficar una idea que recorrió toda la jornada en Ferro: la idea de la unidad nacional.

Recordemos el hecho al que hizo referencia Santoro. En la Semana Santa de 1987, en pleno auge de los movimientos de Derechos Humanos, que exigían juicio y castigo a los genocidas, se produjo el primero de cuatro levantamientos de los llamados "carapintadas". Militares, muchos de ellos partícipes del genocidio, que exigían impunidad por el terrorismo de Estado de la dictadura.

En ese momento, movilizaciones masivas repudiaron la acción y demostraron, tanto en Campo de Mayo (donde se produjo el levantamiento) como en Plaza de Mayo, que las masas en Argentina no estaban dispuestas a permitir ningún intento de golpe.

Sin Embargo, Alfonsín fue a negociar con los genocidas y, junto con todo el arco político capitalista (e incluso algunos partidos de la izquierda como el Partido Comunista o el Partido Intransigente), firmaron un “Acta de Compromiso Democrático” que terminó aceptando como condición para frenar el levantamiento, la votación en el Congreso de las leyes de la impunidad.

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Unidos para el ajuste

Santoro en su discurso también elogió a Alberto Fernández por haber pactado con los buitres en el 2020, convalidando una deuda que es una sangría de recursos para el país: “Lo primero que hicimos fue renegociar una deuda externa odiosa con mercados que vinieron a hacer ganancias con Macri, permitieron entradas y salidas de capitales especulativos, ganaron millones de dólares”. La deuda se pagó y se sigue pagando, y a pesar de que Santoro dijo en su discurso de campaña que la plata de esa renegociación fue a salud y a planes sociales, en el presupuesto votado en el Congreso para 2021 no estuvieron contemplados los gastos por la pandemia ni tampoco el mínimo IFE.

También reivindicó en su discurso el principio del peronismo de querer terminar con “las viejas antinomias” de clase, porque no cree que haya “clases sociales contrapuestas”. En el mismo sentido planteó: “Nos ponen del lado de los que quieren atacar a la propiedad privada, pero nosotros defendemos la propiedad privada y la pública. Y construimos un presupuesto que trató de proteger a todos: rescatamos a trabajadores y a empresarios”.

A los grandes empresarios seguro que si, como se vio cada vez que tuvieron en estos dos años un conflicto en el horizonte y terminaron cediendo a las exigencias patronales (Vicentín tal vez sea el ejemplo más recordado), mientras millones de trabajadores perdían sus empleos y se veían cada vez más sumergidos en la crisis social y económica.

El de Santoro un discurso muy marcado por la reivindicación de la “unidad” entre peronistas y radicales, y finalizó convocando a todos sus militantes a “ganar el voto de quienes no piensan como nosotros”, interpelando a ser más “tolerantes y plurales”.

Quedó claro que es "con todos", tanto que durante toda la campaña le fueron copiando el discurso a la derecha y hasta a la ultraderecha. Primero había sido su "cambio de posición" sobre el uso de las Taser, diciendo que "podrían salvar vidas". Después se escucharon sus elogios al manodurista Sergio Berni, responsable del accionar de la Bonaerense del gatillo fácil durante toda la pandemia. Más tarde vino su definición a favor de bajar la edad de imputabilidad, un clásico derechista que desde hace años busca criminalizar a los pibes más pobres de los barrios para justificar la persecución y el amedrentamiento policial.

Por último, este martes Santoro le hizo un guiño a los seguidores de Patricia Bullrich, halagando los "códigos políticos" de la exministra, responsable impune hasta el día de hoy de la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Es un discurso que cierra una campaña pero que va un poco más allá del domingo y empieza a plantear en qué escenario piensa el Gobierno para después de las elecciones, cuando salga a negociar con el FMI. Allí necesitará la más amplia unidad con todos los sectores políticos para firmar un acuerdo que sin lugar a dudas va a implicar más ataques para las mayorías populares.

Es por ese y no por otro motivo que el discurso de Santoro terminó apelando a la unidad nacional: "Tienen que venir todos con sus banderas: los radicales con sus banderas, los peronistas con sus banderas, la izquierda con sus banderas rojas también pero un poquito más bajas, porque hay que llevar la celeste y blanca arriba de todo".

Pero aunque lo proponga en nombre de "la celeste y blanca", el pedido que le hace a la izquierda Santoro es para entregar los recursos nacionales. No llama la atención que a Cambiemos no le diga que baje sus banderas amarillas. Sabe bien dónde va a tener el problema, con la única fuerza política que no va a negociar un nuevo saqueo del Fondo ni la entrega de los recursos naturales para el extractivismo y las megagranjas. Por eso es tan importante que esa voz se fortalezca este domingo en las urnas. Porque esas banderas no se bajan.

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