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Red Internacional

Desde hace algunas semanas la pandemia muestra el lado de la salud privada que pocos conocen: las pésimas condiciones de trabajo y salario de sus trabajadores que se profundizaron con la llegada del coronavirus. A la par las empresas de salud vuelven a ganar de la mano del gobierno de Fernández.

Natalia Aguilera Enfermera Hospital San Martín | Miembro de la Corriente de Izquierda por la Salud Pública.

Sábado 31 de julio | 20:50

Varios hechos se sucedieron en estos días vinculados a la salud privada que son una demostración de cuál son las prioridades del gobierno nacional.
Tras haberse convocado una medida de fuerza para el 29 de julio dada la situación que atraviesa el sector (sus trabajadores vienen cuestionando centralmente el retraso de las paritarias y la precarización que existe entre las y los trabajadores del sector privado), el gobierno dictó la conciliación obligatoria y, sin chistar, el gremio acató la medida.

A la par, los empresarios de la salud, que venían reclamando aumentar el arancel de las prepagas, lograron su cometido: según se publicó en el Boletín Oficial, tendrán un 41,6 % de aumento en 4 cuotas acumulativas. Y entre cuatro paredes para evitar que la bronca y el reclamo de los trabajadores llegue a la calle, cerraron un acuerdo paritario del 45% en cuatro cuotas.

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En este sentido el 45 % que cerró Sanidad inconsultamente hacia sus trabajadores, no sería del todo cierto, ya que el aumento terminaría de ser pagado en el 2022. Hablamos de un sector con salarios muy bajos, mucho trabajo y con pérdida de poder adquisitivo en los últimos años que esta paritaria no permite recuperar.

Amigos del gobierno de los Fernández, los dirigentes de la CGT, representado hoy por Daer vienen poniendo por delante sus acuerdos con el gobierno y no atendiendo las demandas de sus trabajadores, negociando a espaldas y pactando con las empresas que amasaron fortunas en la pandemia.

Quienes están en la primera línea a pesar del desgaste, los bajos salarios, corriendo de un laburo al otro, sin vacaciones ni licencias, son los trabajadores que vienen dándose distintas instancias de organización en espacios democráticos y de base. Donde vienen desarrollándose con cautela y precaución por las represalias que puedan surgir, pero perdiendo los miedos impuestos por esa burocracia que persiste durante años, en contra de los derechos de sus afiliados y sus pacientes.

En estas peleas no están solos, hay una gran parte de la comunidad que asiste ve y siente el deterioro del sistema privado. Mientras las cuotas de las obras sociales aumentan eso no traduce en la atención, mucho menos en las condiciones para sus trabajadores.

Como vienen reflejando algunos trabajadores al respecto: “A pesar del acuerdo bochornoso para quienes estamos al frente de la pandemia, sabemos que son acuerdos por arriba porque los trabajadores nos estamos organizando por abajo. Porque vemos que de esta salimos luchando unidos”.

Es necesario una organización desde las bases, para recuperar los espacios e instituciones democráticas que permita dar vuelta todas las prioridades. Que permita recuperar nuestros sindicatos para que sean independientes de los gobiernos, democráticos y de lucha por todos los derechos de sus trabajadores y por una atención de calidad para sus usuarios que también vienen sufriendo el ajuste de los gobiernos.




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