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Rosa Luxemburg durante la Revolución Alemana

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Rosa Luxemburg durante la Revolución Alemana

Ideas de Izquierda

El próximo martes se cumplen 103 años del comienzo de la Revolución Alemana, el 9 de noviembre de 1918. Presentamos aquí “¿Qué quiere la Liga Espartaco?”, un texto emblemático de Rosa Luxemburg escrito durante esos acontecimientos, traducido directamente del alemán, que forma parte de Socialismo o barbarie, la antología de sus textos publicada por Ediciones IPS-CEIP que ya se encuentra disponible a través de la página de la editorial y próximamente en librerías, cuyo prólogo puede leerse aquí. Es de destacar que, en esta antología, publicamos 80 páginas que contienen 13 documentos donde se encuentran discursos, artículos y tesis que Luxemburg escribió o pronunció durante la Revolución Alemana, hasta su asesinato el 15 de enero de 1919. Ninguna otra compilación de sus trabajos había presentado antes tan extensamente su obra durante estos acontecimientos revolucionarios, a pesar de que se trata de una figura que intervino activamente en los hechos. Recomendamos también, sobre el mismo tema: Pierre Broué, Revolución en Alemania, 1917-1923 Tomo 1, Ediciones IPS-CEIP, 2019.

Rosa Luxemburg escribió este texto como el programa adoptado por la Conferencia de la Liga Espartaco de diciembre de 1918. Pocos días más tarde fue presentado como propuesta de programa del Partido Comunista alemán (KPD) en su Congreso fundacional, donde fue adoptado en forma definitiva con algunos pequeños cambios. Ese texto final aprobado se encuentra en las actas del Congreso publicadas en Hermann Weber (ed.), Die Gründung der KPD. Protokoll und Materialen des Gründungparteitages der Kommunistischen Partei Deutschlands 1918/1919. Mit einer Einführung zur angeblichen Erstveröffentlichung durch die SED, Berlín, Dietz Verlag, 1993.

***

¿Qué quiere la Liga Espartaco?

Diciembre de 1918

I

El 9 de noviembre, los trabajadores y los soldados hicieron añicos el antiguo régimen de Alemania. En los campos de batalla de Francia la locura sangrienta de la dominación mundial del sable prusiano se derrumbó. La banda de criminales que incendió el mundo y llevó a Alemania a un mar de sangre ya no tenía nada más que decir. El pueblo, traicionado durante cuatro años, y que puesto al servicio de Moloch [1] había olvidado su deber, su sentido del honor y de humanidad, que se había dejado abusar por cada acto infame, despertó de su parálisis de cuatro años… antes del abismo.

El 9 de noviembre el proletariado alemán se levantó para quitarse el yugo de la vergüenza. Los Hohenzollern fueron expulsados y se eligieron consejos de trabajadores y soldados.

Pero los Hohenzollern nunca fueron más que los encargados de los negocios de la burguesía imperialista y de la clase terrateniente. El dominio de la clase burguesa, es el verdadero culpable de la guerra mundial; en Alemania como en Francia, en Rusia como en Inglaterra, en Europa como en América. Los capitalistas de todos los países: he allí los verdaderos instigadores de la matanza. Es el capital internacional, es decir, el insaciable Baal [2], a cuya garganta son arrojados millones y millones de humeantes víctimas humanas. La guerra mundial ha planteado a la sociedad la alternativa: o bien la continuación del capitalismo, nuevas guerras y la inminente caída en el caos y la anarquía, o bien la abolición de la explotación capitalista.

Con el desenlace de la guerra mundial, el dominio de la clase burguesa ha perdido su derecho a existir. Ya no es capaz de sacar a la sociedad del terrible colapso económico que la orgía imperialista ha dejado atrás.

Los medios de producción han sido destruidos a una escala inmensa. Una fuerza laboral de millones, de la mejor y más calificada estirpe de la clase obrera, fue asesinada. A los sobrevivientes les espera la risa maliciosa de la miseria del desempleo a su regreso a casa. El hambre y la enfermedad amenazan con destruir de raíz las fuerzas populares. Es inevitable la bancarrota financiera del Estado como resultado de la enorme carga de las deudas de guerra.

De toda esta sangrienta confusión y de este abismo profundo no hay socorro, ni salida, ni salvación que no sea el socialismo. Solo la revolución mundial del proletariado puede poner orden en este caos, puede proporcionar trabajo y pan para todos, puede poner fin a la carnicería de los pueblos, puede traer la paz, la libertad y la verdadera cultura a la humanidad oprimida. ¡Abajo el sistema del salario! Esa es la consigna del momento. En lugar del trabajo asalariado y del dominio de una clase, debe ocupar su lugar el trabajo colectivo. Los medios de trabajo deben dejar de ser el monopolio de una clase, deben convertirse en propiedad común de todos. ¡No más explotadores y explotados! Regulación de la producción y de la distribución de los productos según el interés de la comunidad. Abolición del modo de producción actual, de la explotación y del saqueo, así como del comercio vigente, que no es más que un fraude.

¡En lugar de patrones con sus esclavos asalariados, trabajadores libres asociados! ¡Que el trabajo no sea el suplicio de nadie y sea el deber de todos! Una existencia digna para cualquiera que cumpla su deber con la sociedad. ¡Y que el hambre ya no sea la maldición del trabajo, sino la pena del holgazán!

Solo en una sociedad así serán erradicados el odio entre naciones y la servidumbre. Solo cuando se materialice una sociedad así la Tierra ya no será ultrajada por el asesinato. Solo entonces se dirá: ¡Esta guerra ha sido la última! El socialismo es la única ancla de salvación para la humanidad en este momento. Sobre los muros que se derrumban de la sociedad capitalista, las palabras del Manifiesto Comunista brillan como un ardiente menetéquel [3]: ¡Socialismo o hundimiento en la barbarie! [4].

II

La realización del orden social socialista es la mayor tarea que se le ha asignado a una clase y a una revolución en la historia. Esta tarea requiere una transformación completa del Estado y la subversión total de los fundamentos económicos y sociales.

Ningún funcionario, comisión o parlamento pueden decretar esta transformación y esta subversión; solo puede ser iniciada y llevada a cabo por las propias masas.

Hasta ahora en todas las revoluciones ha sido una pequeña minoría del pueblo la que ha dirigido la lucha revolucionaria, la que le ha dado su propósito y su dirección, y la que ha utilizado a las masas solo como herramienta en pos de la victoria de sus propios intereses, los intereses de la minoría. La revolución socialista es la primera que solo puede alcanzar la victoria en pos de los intereses de la gran mayoría, y por medio de la gran mayoría del pueblo trabajador.

Las masas del proletariado no solo están llamadas a establecer las metas y la dirección para la revolución con plena consciencia. También ellos mismos, a través de su propia actividad, deben dar vida al socialismo paso a paso.

La esencia de la sociedad socialista es que las grandes masas trabajadoras deben dejar de ser una masa gobernada, y deben vivir y dirigir por sí mismas toda la vida política y económica con una autodeterminación consciente y libre.

Por lo tanto, desde las cumbres más altas del Estado hasta el municipio más pequeño, las masas proletarias deben sustituir los órganos tradicionales de la dominación de la clase burguesa, como las cámaras altas, parlamentos, consejos municipales, por sus propios órganos de clase, es decir, los Consejos de Obreros y Soldados, así como ocupar todos los puestos, supervisar todas las funciones y mensurar todas las necesidades del Estado en función de sus propios intereses de clase y sus tareas socialistas. Y su actividad puede llenar al Estado de espíritu socialista solo con la interacción constante y viva entre las masas populares y sus órganos, los Consejos de Obreros y Soldados.

La subversión de la economía, también, solo puede llevarse a cabo como un proceso apoyado por la acción proletaria de masas. Los meros decretos de altas autoridades revolucionarias sobre la socialización no son más que palabras vacías. Solo la clase obrera puede darle carnadura a esa palabra por medio de su propia acción. En una dura lucha contra el capital, poniéndole el pecho en cada fábrica, a través de la presión directa de las masas, a través de las huelgas, a través de la creación de sus órganos representativos permanentes, los trabajadores pueden tomar el control de la producción y finalmente la gestión real.

Las masas proletarias, que han sido máquinas muertas que el capitalista coloca en el proceso de producción, deben aprender a convertirse en líderes pensantes, libres y autoactivos. Deben adquirir el sentido de responsabilidad como miembros activos de la comunidad, única dueña de toda la riqueza social. Deben desarrollar la capacidad de ser diligentes sin el látigo patronal, lograr el más alto rendimiento sin el impulso capitalista, mantener la disciplina sin yugo y el orden sin dominación. El más alto idealismo en interés de lo colectivo, la más estricta autodisciplina, el verdadero civismo de las masas son la base moral de la sociedad socialista, así como la indiferencia, el egoísmo y la corrupción son la base moral de la sociedad capitalista.
Las masas trabajadoras pueden adquirir todas estas virtudes cívicas socialistas junto con los conocimientos y habilidades para la gestión de las empresas socialistas solo a través de su propia actividad y experiencia.

La socialización de la sociedad solo puede realizarse mediante la lucha tenaz e incansable de las masas trabajadoras en toda su amplitud, en todos los puntos donde se enfrentan cara a cara el trabajo con el capital, el pueblo con el dominio de la clase burguesa. La liberación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma.

III

En las revoluciones burguesas el derramamiento de sangre, el terror, el asesinato político eran el arma indispensable en manos de las clases en ascenso.

La revolución proletaria no necesita el terror para sus objetivos; odia y aborrece el asesinato de personas. No necesita estas armas porque no lucha contra individuos sino contra instituciones, porque no entra en combate albergando ilusiones ingenuas que, una vez frustradas, tenga que vengar en forma sangrienta. No es el intento desesperado de una minoría de utilizar la violencia para moldear el mundo según su ideal, sino la acción de la gran masa de millones de personas, llamadas a cumplir su misión histórica y a convertir la necesidad histórica en realidad.

Pero la revolución proletaria es también la sentencia de muerte para toda esclavitud y opresión. Por lo tanto, todos los capitalistas, los junkers, la pequeñoburguesía, los oficiales, todos los beneficiarios y parásitos de la explotación y del dominio de clase se levantan contra la revolución proletaria como alguien que libra una pelea de vida o muerte.

Es una gran ilusión creer que los capitalistas se someterán voluntariamente al veredicto socialista de un parlamento, de una asamblea nacional, renunciando tranquilamente a la propiedad, a sus ganancias, a las prerrogativas de la explotación. Todas las clases dominantes han luchado por sus prerrogativas hasta el final con la más dura energía. Los patricios romanos como los barones feudales medievales, los caballeros ingleses como los traficantes de esclavos americanos, los boyardos de Valaquia como los fabricantes de seda de Lyon; todos ellos han derramado ríos de sangre, han caminado sobre cadáveres, cometido asesinatos e iniciado incendios, han instigado la guerra civil y la traición en defensa de sus prerrogativas y su poder.

La clase capitalista imperialista, como último vástago de la clase explotadora, supera la brutalidad, el cinismo indisimulado, la infamia de todas sus predecesoras. Defenderá sus derechos sacrosantos, su lucro y su prerrogativa de explotación, con dientes y uñas, con esos métodos de impasible malevolencia que ha utilizado a lo largo de la historia de la política colonial y de la última guerra mundial. Pondrá en marcha el cielo y el infierno contra el proletariado. Movilizará al campesinado contra las ciudades, incitará a las capas atrasadas de los trabajadores contra la vanguardia socialista, instigará a la matanza de la mano de los oficiales, buscará paralizar toda medida socialista por mil medios de resistencia pasiva, pondrá el dogal de veinte Vendées [5] en el cuello de la revolución, llamará al enemigo externo, al hierro asesino de los Clemenceau, Lloyd George y Wilson como salvadores, convertirá al país en un montón humeante de escombros antes que abandonar voluntariamente el sistema de la esclavitud asalariada.

Hay que quebrar esta resistencia paso a paso con puño de hierro y una energía despiadada. La violencia de la contrarrevolución burguesa debe ser contrarrestada por la violencia revolucionaria del proletariado. A los ataques, intrigas y panfletos de la burguesía se les debe oponer la inflexible claridad de propósitos, la vigilancia y la siempre pronta actividad de las masas proletarias. A los peligros inminentes de la contrarrevolución debe enfrentárselos con el armamento del pueblo y el desarme de las clases dominantes. A las maniobras parlamentarias obstruccionistas de la burguesía hay que confrontarlas con la organización activa de las masas de trabajadores y soldados. A la omnipresencia y los mil medios de poder de la sociedad burguesa, el poder concentrado, acumulado de la clase obrera, elevado al más alto nivel. Todo el proletariado alemán cerrando filas, el del sur con el del norte, el urbano con el rural, los obreros con los soldados, la dirección espiritual viva de la revolución alemana con la Internacional, la extensión de la revolución alemana del proletariado son capaces de crear la única base de granito sobre la que puede erigirse el edificio del futuro.

La lucha por el socialismo es la guerra civil más violenta de la historia, y la revolución proletaria debe prepararse para esta guerra civil, debe aprender a usarla: para combatir y ganar.

Las masas trabajadoras, compactas, armadas de esa manera con todo el poder político para las tareas de la revolución; eso es la dictadura del proletariado y, por lo tanto, la verdadera democracia. No se trata de aquella donde el esclavo asalariado se sienta al lado del capitalista, el proletario de la tierra al lado del junker en una igualdad mendaz para debatir sus cuestiones vitales en el Parlamento; por el contrario, cuando esa masa proletaria de millones de cabezas se apodera de todo el poder estatal para aplastar con su puño encallecido, como el dios Tor con su martillo, la testa de las clases dominantes, solo esa es una democracia que no sea un fraude para el pueblo.

Para que el proletariado pueda cumplir con estas tareas, la Liga Espartaco exige:

I. Como medidas inmediatas para asegurar la revolución
1. Desarme de todas las fuerzas policiales, de todos los oficiales y soldados no proletarios. Desarme de todos los miembros de las clases dominantes.
2. Confiscación por los Consejos de Obreros y Soldados de todas las armas y municiones, así como de las fábricas de armamento.
3. Armar a toda la población proletaria masculina adulta como milicia obrera; formación de una guardia roja de proletarios como parte activa de la milicia para la protección permanente de la revolución contra los ataques y campañas sediciosas de los contrarrevolucionarios.
4. Abolición de la autoridad de mando de los oficiales y suboficiales, sustitución de la rígida obediencia militar por la disciplina voluntaria de los soldados, elección de todos los superiores por la tropa con derecho de revocabilidad en cualquier momento, abolición del fuero militar.
5. Expulsión de los oficiales y voluntarios [Kapitulanten] [6] de todos los consejos de soldados.
6. Sustitución de todos los órganos políticos y autoridades del antiguo régimen por delegados de los Consejos de Obreros y Soldados.
7. Establecimiento de un tribunal revolucionario ante el cual se juzgará a los principales perpetradores de la guerra y de su prolongación: los dos Hohenzollern [7], Ludendorff, Hindenburg, Tirpitz y sus cómplices en los crímenes, así como a todos los conspiradores de la contrarrevolución.
8. Confiscación inmediata de todos los alimentos para asegurar el suministro a la población.

II. En la esfera política y social
1. Abolición de todos los Estados individuales [8]; por una República Socialista alemana unificada.
2. Eliminación de todos los parlamentos y consejos municipales y remplazo de sus funciones por los Consejos de Obreros y Soldados, con sus comités y órganos.
3. Elección de consejos obreros en toda Alemania por todos los trabajadores adultos de ambos géneros de la ciudad y el campo por unidades productivas, y de consejos de soldados por la tropa, excluyendo a los oficiales y Kapitulanten; derecho de los trabajadores y soldados a revocar a sus representantes en cualquier momento.
4. Elección de delegados de los Consejos de Obreros y Soldados de todo el país al Consejo Central de los Consejos de Obreros y Soldados, el cual elegirá al Consejo Ejecutivo como órgano supremo del poder legislativo y ejecutivo.
5. El Consejo Central se reunirá provisionalmente al menos cada tres meses, con una nueva elección de delegados cada vez, con el fin de mantener las actividades del Consejo Ejecutivo bajo constante revisión y establecer un contacto vivo entre la masa de los Consejos de Obreros y Soldados de todo el país y su órgano gubernamental supremo. Derecho de los consejos locales de obreros y soldados a convocar y sustituir a sus representantes en el Consejo Central en cualquier momento si no actúan en interés de sus mandantes, derecho del Consejo Ejecutivo a nombrar y destituir a los comisarios del pueblo y a las autoridades y funcionarios centrales.
6. Abolición de todas las diferencias de rango, órdenes y títulos. Completa igualdad legal y social de los géneros.
7. Legislación social radical, reducción de la jornada laboral para hacer frente al desempleo y considerando el debilitamiento físico de la clase trabajadora debido a la guerra mundial; jornada de trabajo de seis horas como máximo.
8. Reorganización inmediata y completa de los sistemas de provisión de alimentos, vivienda y educación, según el espíritu y la esencia de la revolución proletaria.

III. Demandas económicas inmediatas
1. Confiscación de todos los bienes e ingresos dinásticos en función del interés común.
2. Cancelación de la deuda estatal y de otras deudas públicas y de todos los bonos de guerra, excepto las sumas hasta una cierta cantidad que será determinada por el Consejo Central de los Consejos de Obreros y Soldados.
3. Expropiación de las tierras de todas las empresas agrícolas grandes y medianas; formación de consorcios agrícolas socialistas bajo una única gestión central en todo el país; las pequeñas empresas agrícolas permanecerán en posesión de sus propietarios hasta que se incorporen voluntariamente a los consorcios socialistas.
4. Expropiación de todos los bancos, minas, fundiciones y todas las grandes empresas industriales y comerciales por parte de la República de los Consejos.
5. Confiscación de toda la riqueza a partir de una cierta cantidad que será determinada por el Consejo Central.
6. La República de los Consejos se hará cargo de todo el sistema de transporte público.
7. Elección de comités de empresa en todas las unidades productivas, los cuales, en acuerdo con los consejos obreros, deben regular los asuntos internos de las empresas, regular las relaciones laborales, controlar la producción y finalmente asumir la dirección de la empresa.
8. Establecimiento de una comisión central de huelga que, en constante colaboración con los comités de empresa del incipiente movimiento huelguístico, garantice una dirección uniforme, una orientación socialista y el más firme apoyo del poder político de los Consejos de Obreros y Soldados en todo el país.

IV. Tareas internacionales
Establecimiento inmediato de relaciones con los partidos hermanos en el extranjero para situar la revolución socialista en el terreno internacional y así organizar y asegurar la paz mediante la confraternización internacional y el ascenso revolucionario del proletariado mundial.

V. ¡Esto es lo que quiere la Liga Espartaco!
Y porque esto es lo que quiere, porque es la voz de advertencia, el impulso, la consciencia socialista de la revolución, es odiada, perseguida y calumniada por todos los enemigos de la revolución y del proletariado, tanto aquellos que lo son en forma explícita como los que lo disimulan.

¡Crucifíquenla! Braman los capitalistas que tiemblan por sus botines.

¡Crucifíquenla! Braman la pequeñoburguesía, los oficiales, los antisemitas, la prensa lacaya de la burguesía, que vibran con las carnicerías que perpetra el dominio capitalista.

¡Crucifíquenla! Braman los hombrezuelos de Scheidemann, que, como Judas Iscariote, entregaron a los trabajadores a la burguesía y tiemblan por las monedas de plata de su dominación política [9].

¡Crucifíquenla! Repiten haciendo eco los sectores confundidos, engañados y ultrajados de la clase obrera y de los soldados que no saben que están dirigiendo su cólera contra su propia carne y su propia sangre cuando se ceban contra la Liga Espartaco.

En el odio, en la calumnia contra la Liga Espartaco se une todo lo que es contrarrevolucionario, antipopular, antisocialista, ambiguo, turbio, poco claro. Esto confirma que en ella late el corazón de la revolución, que el futuro le pertenece. La Liga Espartaco no es un partido que busque la dominación por sobre las masas trabajadoras o a través de ellas. La Liga Espartaco es solo la parte más decidida del proletariado, la que señala a cada paso a toda la amplia masa de la clase obrera sus tareas históricas, lo que representa el objetivo final socialista en cada etapa de la revolución y los intereses de la revolución proletaria mundial en todas las cuestiones nacionales.

La Liga Espartaco se niega a compartir el poder del gobierno con los secuaces de la burguesía, con los Scheidemann-Ebert, porque ve en esa cooperación una traición a los principios del socialismo, un fortalecimiento de la contrarrevolución y una parálisis de la revolución.

La Liga Espartaco también se negará a llegar al poder solo porque los Scheidemann y Ebert se estén desgastando y los independientes hayan llegado a un punto muerto al cooperar con ellos.
La Liga Espartaco nunca asumirá el poder gubernamental si no es por la clara e inequívoca voluntad de la gran mayoría de las masas proletarias de Alemania, si no es en virtud del acuerdo consciente de estas últimas con los puntos de vista, objetivos y métodos de lucha de la Liga Espartaco.

La revolución proletaria solo puede llegar a la plena claridad y madurez en forma gradual, paso a paso, recorriendo el camino del Gólgota de sus propias y amargas experiencias, a través de derrotas y victorias.

La victoria de la Liga Espartaco no está al principio sino al final de la revolución: es idéntica a la victoria del gran masa de millones del proletariado socialista.

¡Adelante, proletarios! ¡A la lucha! Hay un mundo que ganar y un mundo contra el que luchar. En esta última lucha de clases de la historia por los más altos objetivos de la humanidad, nuestra consigna frente al enemigo es: ¡El pulgar en el ojo y la rodilla en el pecho! [10]

Fuente original: “Was will der Spartakusbund?” en Die Rote Fahne (Berlín), N.º 29, 14 de diciembre de 1918. Rosa Luxemburg: Gesammelte Werke, Bd. 4., Berlín, Dietz Verlag, pp. 440-449.

Traducción y notas: Guillermo Iturbide.

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NOTAS AL PIE

[1Antiguo dios de la mitología semítica que exigía sacrificios de niños por medio del fuego, asociado en la literatura moderna a la guerra.

[2Dios pagano semita del fuego.

[3Se trata de una referencia bíblica. El menetéquel, también conocida como la historia de la escritura en la pared, se refiere a un signo que anuncia una fatalidad inminente: “Has sido pesado en la balanza y tu peso ha resultado muy liviano. Tu reino ha sido dividido y dado a los Medos y a los Persas” (Daniel 5, 25-29).

[4Si bien la autora adjudica esta frase al Manifiesto Comunista de Marx y Engels, no figura en esa obra en ningún pasaje. Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que podría ser una alusión a la siguiente frase del comienzo del capítulo 1 respecto a la lucha de clases: “… [U]na lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”.

[5La Vendée en la Revolución francesa fue el símbolo de la contrarrevolución del interior atrasado y agrícola del país contra la capital revolucionaria.

[6Los Kapitulanten eran soldados del ejército imperial alemán que, siendo originalmente civiles que habían cumplido con el servicio militar obligatorio de dos o tres años por el sistema de conscripción, elegían permanecer en funciones en las fuerzas armadas por un período adicional de entre cuatro y doce años.

[7Es decir, tanto el káiser Guillermo II como su hijo, el príncipe heredero Guillermo de Prusia, desalojados del trono por la revolución.

[8El Imperio alemán había sido una federación de reinos, cada uno con sus propias dinastías monárquicas. El desarrollo desigual de la revolución de 1918 alimentaba tendencias particularistas y separatistas.

[9“Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ‘¿Cuánto me darán si se lo entrego?’. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo”. (Mateo 26, 14-16).

[10Se trata de una famosa frase del fundador del socialismo alemán Ferdinand Lassalle.
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