[ENTREVISTAS] El 17 DE OCTUBRE Y EL PERONISMO

Rojo: “Perón se propuso contener a la clase obrera que había dado cuenta de su fortaleza”

Alicia Rojo es historiadora, docente universitaria e investigadora especializada en el movimiento obrero y el trotskismo. Coautora de “Cien años de historia obrera, de 1870 a 1969”, entre otros trabajos.

Jueves 15 de octubre | 21:00

LID: ¿Qué fue el 17 de Octubre y qué significado tiene hoy?

Alicia Rojo: El 17 de octubre de 1945, como sabemos, una multitud de trabajadores y trabajadoras se movilizaron a la Plaza de Mayo para reclamar la liberación de Perón y ese hecho selló la relación entre una mayoritaria base obrera y el peronismo y ha pasado a la historia como un hecho fundante de esta corriente. Perón había sido encarcelado después de desarrollar una política social hacia la clase trabajadora y presentar, poco antes, un proyecto que contemplaba la implantación del salario mínimo, vital y móvil y un aumento salarial que fue rechazado por las patronales. La huelga general fue propuesta por la CGT para el 18 de octubre por la libertad de los presos políticos y sociales (que abundaban en el gobierno militar asumido en junio de 1943) pero la huelga se adelantó al 17 y tuvo como bandera la libertad del coronel.

Estos hechos condensan buena parte del significado del hito que se recuerda en estos días. La fortaleza de la clase obrera en las calles obtuvo su demanda; los dirigentes sindicales se debatieron ante la contradicción de reclamar la liberación de un militar, que contrariaba la tradición del movimiento obrero, pero poco después formaban un partido que levantaría la candidatura de Perón. Así, en lo que sería llamado el “día de la lealtad”, la clase obrera impuso a las clases dominantes su voluntad de conservar las conquistas que había obtenido y en ese mismo acto consolidaba un camino de subordinación a un movimiento nacionalista burgués que domesticaría a las organizaciones sindicales para disciplinar a los trabajadores. Esa subordinación volverá a expresarse en las siguientes conmemoraciones. Con el peronismo en el poder no serán más que actos recordatorios, eventos que buscaban reforzar el vínculo entre el líder y las masas, cuya significación se construirá de la mano de una ideología de conciliación de clases que buscaba borrar no solo el significado disruptivo del 17 de octubre inaugural sino, y sobre todo, de las grandes movilizaciones independientes que recorrieron la historia de la clase trabajadora. La construcción de esta ideología fue parte del proceso de ligazón de las organizaciones obreras al Estado y al partido peronista; las burocracias sindicales jugaron un papel clave en la desmovilización.

Ejemplo del carácter desmovilizador que asumió esta conmemoración puede verse en el acto que organizan en estos días la burocracia sindical y la dirección del Partido Justicialista. La mística de la fecha, ya extremadamente deslucida, será convocada en esta ocasión para ofrecer respaldo al presidente. Esta vez también harán uso de la simbología y podemos decir que llevada a su máxima expresión de la mano de la tecnología pero para confirmar la misma política: la inmovilidad de las direcciones sindicales frente a la brutal crisis que se desarrolla en medio de la pandemia.

LID: Se han planteado diferentes interpretaciones respecto al peronismo como fenómeno político, entre otras, su emergencia como expresión de la burguesía nacional ¿Qué opina de esta visión? ¿Y de las lecturas y debates a que dio lugar?

Alicia Rojo: Las interpretaciones en torno al carácter del peronismo han generado controversias en múltiples terrenos; no es un debate meramente académico en tanto ayuda a pensar las causas de la permanencia y profundidad de la inserción del peronismo entre los trabajadores; por otro lado algunas de estas interpretaciones han sustentado posiciones políticas tan diversas como las que afirmaron el carácter “totalitario” del peronismo, hasta las que fundamentaron la existencia de un “proyecto de desarrollo nacional”, e incluso revolucionario, basado en una alianza de la clase obrera con sectores de la burguesía local. Para referirlas, voy a ser inevitablemente esquemática.

Digamos que quienes caracterizaron al peronismo como un fenómeno de totalitarismo, incluso asemejándolo abierta o implícitamente al fascismo, han puesto el énfasis en una especie de “desviación” de la conducta de la clase obrera expresada en su adhesión a un movimiento burgués. En tanto esta visión se sustentó, sobre todo, en las características de los migrantes internos, los nuevos integrantes de la clase obrera industrial de los años 30, ha sido respondida por quienes demostraron el rol cualitativo cumplido por la llamada “vieja guardia sindical” sin el cual, efectivamente, el ascenso del peronismo no puede ser explicado.

Por otro lado, el significado de la identificación obrera con un movimiento burgués ha sido explicado en el marco de la coincidencia en un proyecto nacional de las organizaciones obreras junto a sectores de las clases propietarias, vinculados al mercado interno. La burguesía nacional es aquí actor de un “movimiento nacional – popular” capaz de integrar un proyecto de desarrollo económico bajo la tutela de un Estado fortalecido, visión que ha sido sustento de la ideología de armonía social propugnada por el peronismo.

El historiador marxista Milcíades Peña aportó a este debate la consideración de los límites de la burguesía industrial para formar parte de un movimiento nacionalista en tanto se encontraba ligada con múltiples lazos a las otras fracciones de la clase dominante y al imperialismo. Y contribuyó también a pensar el lugar determinante de la relación del país con el imperialismo -y en particular la ofensiva norteamericana- para explicar la emergencia del peronismo. Sin extenderme demasiado me parece importante subrayar un par de elementos.

Por un lado, si bien, como plantea Peña, es clave la ligazón de la burguesía local con el imperialismo, en la coyuntura de surgimiento del peronismo se afirmó una división de las clases dominantes en función de la relación con los imperialismos en la región, el inglés en decadencia y el norteamericano en avance; y este proceso generó resistencias a entrar completamente en la órbita de Estados Unidos. El peronismo emerge como un fenómeno de nacionalismo burgués en la medida en que, aprovechando esa disputa imperialista, intenta obtener una relativa autonomía del país en el mercado mundial, salvando en parte la tradicional vulnerabilidad de la economía argentina y su dependencia del mercado externo, en función de negociar en mejores condiciones con el imperialismo.

Por otro lado, Perón instaló un régimen político que recurrió a las organizaciones sindicales como base de apoyo. Se proponía, como lo expresó con claridad desde el seno del gobierno surgido del golpe del 43, asegurar el mantenimiento del orden social, incorporar al proletariado al régimen a través de sus organizaciones e impulsar una política social para contener a una masa obrera que había dado cuenta de su potencialidad y fortaleza. El gobierno peronista procurará arbitrar así entre una burguesía relativamente debilitada y una clase obrera a la que constituyó en su base de apoyo. Un régimen de esta naturaleza puede analizarse a partir de la categoría de bonapartismo “sui generis” que León Trotsky elaboró para pensar fenómenos que se dieron en países semicoloniales en tanto sopesa la relación del país con el imperialismo y el peso social de la clase obrera; en la confluencia y articulación de estos elementos en distintos momentos de la historia reciente de nuestro país residen, a mi modo de ver, las claves para abordar las razones de la permanencia y profundidad del fenómeno peronista.

LID: ¿Cuál ha sido la relación del peronismo con las clases medias y otros actores sociales?

Alicia Rojo: Es indudable que gran parte de la política social del primer peronismo alcanzó a amplios sectores populares que incluyeron a capas de las clases medias, como la seguridad social, el turismo o el acceso a la vivienda. Sin embargo, el peso ideológico de las capas más acomodadas primó de conjunto al definir una ubicación de oposición al gobierno en esta etapa; no se trataba, no obstante, solo de una postura “anti-obrera” de parte de la pequeña burguesía, sectores progresistas de las clases medias resistieron los rasgos más autoritarios del régimen peronista.

Recordemos que el gobierno, por dar un ejemplo, restableció la enseñanza obligatoria de la religión católica en los establecimientos dependientes de la nación e intervino universidades. Atacó así una conquista considerada fundamental para sectores de clases medias y el movimiento estudiantil: la educación laica y la autonomía universitaria. Sin embargo, será justamente la juventud y el movimiento estudiantil el lugar por el cual operará en las clases medias un giro de importantes sectores a una posición “pro-obrera” que reconsideró también su visión del movimiento peronista. En un clima de época distinto, al calor de las transformaciones de los años 60, sectores de clase media virarán a izquierda no solo hacia distintas variantes del propio peronismo sino también a la izquierda revolucionaria.

LID: Distintos historiadores han definido la existencia de tres y de cuatro peronismos, ¿Cómo plantearía esa posible periodización hasta el presente? ¿Qué es el peronismo en la actualidad?

Alicia Rojo: Hay un primer peronismo al que me referí antes, que se instala como dirección política de la mayoría de la clase trabajadora, que propugnó la perspectiva de armonía entre capital y trabajo, apelando a una burguesía nacional con la que se podían aunar intereses. La crisis que comenzó a fines de la década del 40 abrió otra etapa que puso en evidencia los límites tanto del nacionalismo de Perón como de su política de “justicia social”. Así, frente a la crisis recurrió abiertamente al capital extranjero y buscó responder a las necesidades de la burguesía de aumento de la productividad del trabajo, y por tanto, de eliminación de conquistas sociales. La ineficacia del peronismo para cumplir con estos objetivos decidirá su derrocamiento en 1955.

El peronismo en la Resistencia es tanto la historia de las maniobras del líder en el exilio y de la burocracia sindical en tanto aparato que asumió el compromiso de contener al movimiento obrero frente a los antidemocráticos gobiernos que se sucedieron tras el golpe del 55, como de las bases trabajadoras que organizaron la defensa de sus conquistas y que protagonizaron cambios en su subjetividad dando lugar a franjas que avanzarán en una experiencia con el propio peronismo. Me refería antes al giro que se opera en sectores de clase media y juveniles, la alianza de estos sectores con el movimiento obrero demostró todo su potencial revolucionario en los años 70. Aquí, el peronismo asumió su papel histórico llamado a contener y desviar el ascenso revolucionario; apeló para esto al engaño de la conciliación de clases y al Pacto Social, para reprimir después a los sectores más combativos, comenzando con los que surgieron al interior del propio peronismo, con organizaciones paraestatales como la Triple A. No fue suficiente, sin embargo, y el movimiento obrero desafiará a su propia dirección en las jornadas de junio-julio de 1975 contra el Rodrigazo; el fracaso de la poderosa contención que significaban el peronismo y la burocracia sindical decidió a las clases dominantes a un nuevo golpe militar que liquidará a lo mejor de la vanguardia revolucionaria.

La vuelta del peronismo al poder pondrá nuevamente de manifiesto su rol de instrumento de las clases dominantes y fue este papel y no el remanido carácter de “movimiento” del Justicialismo el que explica que de su seno haya surgido el gobierno que impuso el mayor disciplinamiento de los trabajadores y el mayor alineamiento con el gran capital y el imperialismo, con el menemismo. También fue capaz el peronismo de generar la respuesta a la crisis del 2001. Todos recordamos el rol cumplido por el duhaldismo. El período kirchnerista volvió a demostrar el carácter utópico de ideario peronista que declara posible una salida favorable a los trabajadores sin romper con el sometimiento al imperialismo ni terminar con la propiedad capitalista de los recursos estratégicos. En aquellos años volvieron los discursos de distribución de la riqueza y del rol del Estado pero se imponía un “modelo sojero” que enriqueció a una minoría y mantuvo el trabajo precario de 35% de la clase trabajadora.

La vuelta al gobierno del peronismo toma la forma de una amplia coalición de partidos provinciales con características heterogéneas, el kirchnerismo, como una fracción particular de centroizquierda pequeñoburguesa, y la burocracia sindical. Esta vez la coalición comenzó a crujir y a evidenciar sus contradicciones -y las opciones tomadas para lidiar con ellas- en cuestión de meses, inmerso el gobierno en una crisis histórica. Recordemos la anulación de la movilidad jubilatoria, la negativa siquiera a investigar la deuda macrista, el empoderamiento de las fuerzas de seguridad y las amenazas de represión a las familias sin techo en Guernica. En esta etapa que transitamos la clase trabajadora, que ha sufrido transformaciones en su composición social, con grandes sectores precarizados y en negro, debe recomponer sus filas y aún hacer escuchar su voz, el papel que cumplirá el peronismo está quedando claro, la organización independiente de la clase obrera es una categórica conclusión que nos ofrece la historia y una imperiosa necesidad presente.

LID: Lectura sugerida

Alicia Rojo: Recomiendo especialmente las producciones de nuestra Editorial sobre todo las que abordan la historia de la clase obrera y el peronismo desde los orígenes a los 70: Cien años de historia obrera, de los Orígenes a la Resistencia. 1870-1969; Insurgencia obrera en la Argentina. 1969-1976. Clasismo, coordinadoras interfabriles y estrategias de la Izquierda.
He nombrado a Milcíades Peña, recomiendo su lectura. Hay estudios clásicos del peronismo que son ineludibles y harían la lista muy extensa pero sugiero la lectura de los trabajos de Juan Carlos Torre, Alejandro Horowicz, Louise Doyon, Daniel James y Alejandro Schneider. Hicimos referencia a los análisis de León Trotsky sobre los nacionalismos burgueses y Latinoamérica, recomiendo leer Escritos Latinoamericanos. En México (1937-1940)

Con el peronismo en el poder no serán más que actos recordatorios, eventos que buscaban reforzar el vínculo entre el líder y las masas, cuya significación se construirá de la mano de una ideología de conciliación de clases que buscaba borrar no solo el significado disruptivo del 17 de octubre inaugural sino, y sobre todo, de las grandes movilizaciones independientes que recorrieron la historia de la clase trabajadora.

Alicia Rojo es historiadora, docente en la Universidad de Buenos Aires. Autora de diversos trabajos sobre los orígenes del trotskismo argentino, de numerosos artículos de historia argentina en La Izquierda Diario y coautora del libro Cien años de historia obrera, de 1870 a 1969. De los orígenes a la Resistencia, de Ediciones IPS-CEIP.







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