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Red Internacional

OPINIÓN.Resistencia peronista e izquierda a la luz del coronavirus

Una reflexión sobre la historia del peronismo y su programa ante la crisis actual generada por la pandemia del coronavirus.

Facundo AguirreIG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 17 de abril de 2020 | 23:16

En 1962 en la localidad de Huerta Grande, la CGT vota el siguiente programa que sintetizaba la experiencia de la resistencia obrera peronista contra la dictadura de Aramburu y Rojas y el Gobierno constitucional de Arturo Frondizi.

Su planteo era “nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado; implantar el control estatal sobre el comercio exterior; nacionalizar los sectores claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas; prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales; desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo; prohibir toda importación competitiva con nuestra producción; expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación; implantar el control obrero sobre la producción; abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales; planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.

El golpe libertador de 1955 había impuesto un régimen de proscripción del peronismo que era masivamente apoyado por el movimiento obrero, de intervención de sus organizaciones y de ataque a sus conquistas y su nivel de vida. Los Gobiernos libertadores se mostraron como agentes de la política imperialista. El programa de Huerta Grande está inspirado en la idea de que el retorno de Perón tiene que imponer este programa para derrotar al imperialismo. La misma dirección que, bajo la excusa de escoger por el tiempo frente a la sangre, se mostró incapaz de ofrecer resistencia al imperialismo por carecer de una política que afectara el derecho de propiedad de oligarcas y capitalistas. Los dirigentes sindicales de la Resistencia consideraban que esta suma de medidas socializantes y de autodefensa nacional, que la lucha por la liberación nacional, debía ser llevada adelante bajo la dirección del nacionalismo burgués. Por eso este programa une al ala izquierda del peronismo con Vandor. Su función histórica fue contener la radicalización proletaria dentro del peronismo.

La Argentina que enfrenta la crisis económica, sanitaria y social del coronavirus está sometida al imperialismo y el capital financiero internacional y a las condiciones impuestas por los grandes empresarios, banqueros y terratenientes. El régimen de sometimiento al imperialismo llevado adelante por el peronismo en los ‘90 y profundizado por el cuarto saqueo nacional a través del endeudamiento externo y la fuga de capitales bajo el gobierno de Mauricio Macri, cuyo discurso republicano abreva en la tradición ideológica del los “libertadores” del ‘55, continua dictando los destinos del país. El kirchnerismo dejó en píe las premisas del país burgués creadas durante el menemismo. Dejo la mayoría de los servicios públicos en manos privadas, pago la deuda externa religiosamente, ni siquiera gravó los intereses del capital financiero y ni hablar de tocar la propiedad de la tierra de la oligarquía. Aún más fue el agente de la penetración del capital imperialista a través de la megamineria contaminante.

Pese a las evidencias, aún hay gente que se entusiasma con que el peronismo en el poder pueda ser el sujeto que aprovechando las condiciones creadas por la pandemia lleve adelante un cambio estructural del país. “Teorizan” que el peronismo es una suerte de organismo vital que va adaptándose a las necesidades del país burgués para pelear en cada momento por la soberanía y la justicia social. Celebran entonces la reaparición del Estado en la escena pública como signo del cambio.

Un aspecto estructural fundamental es que la dependencia económica y el consecuente sometimiento al imperialismo agravan las condiciones locales para enfrentar al exitosamente al coronavirus. El vaciamiento del sistema sanitario es directamente proporcional al saqueo de las riquezas nacionales por el pago de la deuda externa y la fuga de capitales. El personal de la salud infectado por la falta de recursos en los hospitales y sanatorios debe en gran medida su fragilidad al hecho de que la prioridad que ordena la política económica y el presupuesto es el pago de la deuda externa y el salvataje de las ganancias capitalistas. Tres números para ilustrar: se pagaron durante la cuarentena USD 250 millones; se destinaron $350 mil millones de pesos para medidas de rescate a las empresas y solo $1700 millones para reforzar el sistema de salud.

La propuesta del gobierno de Alberto Fernández a los bonistas, por más “dura” que sea presentada, peca de generosa si tenemos en cuenta que el 40% de los intereses acumulados que se les reconoce es legitimar un fraude que desangró los recursos del país. Se podría decir que aquellos que celebran al peronismo en el poder como una vía de cambio lo hacen desde un nivel de expectativas que dista mucho del que tenían los obreros de la resistencia peronista. Lo mismo frente a las grandes patronales. Si su programa fuera el de Huerta Grande, ante las maniobras antiobreras de Paolo Rocca plantearían la expropiación inmediata del gigante siderúrgico. En cambio, el ministro de trabajo Claudio Moroni habilita a Techint a llevar adelante despidos que anteriormente prohibió, suspensiones y reducciones salariales. Dicho sea de paso, el mismo programa de las patronales bajo el régimen de los gorilas. Dicho de otra manera el peronismo que pudiera cambiar estructuralmente la realidad, es una entidad mágica como los seres que viven en las nubes creando a los humanos a su imagen y semejanza.

Algunos se podrían entusiasmar con que el impuesto Patria que busca gravar a las grandes fortunas son un cambio de orientación. El Frente de Izquierda ha presentado su proyecto que no solo grava la riqueza sino también al capital. Pero mientras el proyecto del FIT es una medida dentro de un programa para que el costo de la crisis lo paguen los capitalistas -rememorando algunos de los aspectos más progresivos del programa que el movimiento obrero levantara en 1962 en Huerta Grande-; el proyecto del oficialismo se presenta como un recurso recaudatorio excepcional para una política que sigue estando ordenada por la defensa de los intereses capitalistas y el rescate del capital y por el pago de la deuda externa. No es un cambio de orientación radical sino un intento de conseguir recursos para sostener al Estado como garante del orden existente.

Párrafo aparte se merece la burocracia sindical heredera ideológica del vandorismo que se ha convertido en vocera abierta del lobby patronal para el retorno a las tareas y la rebaja salarial.

En conclusión. Los obreros de la resistencia se ilusionaban con derrotar al imperialismo mediante una revolución nacional burguesa que provocara el retorno de Perón. Pero el retorno del viejo líder en los ‘70 fue para instrumentar un desvío de un ascenso revolucionario de la clase obrera y la juventud que amenazaba desde los cimientos al capitalismo. El peronismo no llevó adelante el programa de Huerta Grande, sino el Pacto Social para defender la ganancia del capital y el Plan Rodrigo cuando la economía estallo por los aires. En los ‘90 fueron el instrumento de la política imperialista. Luego se dedicaron con poca reforma a maquillar ese país.

El programa de Huerta Grande, más allá de sus limitaciones ya señaladas, viene a colación en el presente por el hecho de que en la crisis actual, donde el pueblo trabajador ocupa la primera línea y es la más expuesta a las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la crisis mundial, el movimiento obrero necesita hacer sentir su voz y presentar su propia salida. Oponer un programa de autodefensa social y nacional ante los intentos de hacerle pagar la crisis por parte de los capitalistas y de perpetuar el sometimiento al imperialismo.




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