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Red Internacional

Trabajo de plataformas. [Reseña] La economía gig

The Gig Economy es el último libro de Jamie Woodcock escrito junto a Mark Graham. Ambos son profesores e investigadores universitarios en áreas como el trabajo digital, la economía gig, las plataformas, la geografía de internet, y la tecnología de la información y la comunicación. El foco de sus investigaciones está puesto en cómo esas áreas afectan la vida de les trabajadores.

Lunes 6 de diciembre de 2021 | 08:00

Como base para la escritura del libro, los autores han hecho trabajo de campo estudiando el trabajo y entrevistando y compartido experiencias con les trabajadores de la economía gig en diversos países. Asimismo, han llevado a cabo encuestas de gran escala y han realizado mapeos globales de patrones de intercambio de trabajo a través de las plataformas. El libro está estructurado a partir de una introducción al concepto de la economía gig, y cuatro capítulos que cubren distintos temas como: su origen (capítulo 1), su modo de funcionamiento (capítulo 2), cómo es trabajar en ella (capítulo 3), y las formas de resistencia de les trabajadores (capítulo 4).

¿Qué es la economía gig?

Como plantea el informe sobre trabajo de plataformas que publicamos junto con esta reseña, en los últimos años se ha producido un importante crecimiento de este sector en términos de número de empresas (plataformas) y empleo. Se estima que 70 millones de personas consiguieron trabajo por medio de alguna plataforma en todo el mundo; 11% de les trabajadores del Reino Unido recibieron un ingreso trabajando en plataformas y; 8% de les estadounidenses trabajaron en una plataforma gig en 2016 (16% si miramos a la población entre 18 y 29 años) (Woodcock y Graham, 2020: 10). Gracias a que la mayor parte de la humanidad está conectada a través de internet a una red global, las plataformas digitales se convierten en una herramienta que los empresarios utilizan para acceder a una reserva de trabajadores en tiempo real.

La palabra gig proviene del inglés y tiene varias acepciones. El significado que interesa a los fines de esta reseña es el de un trabajo que no dura mucho tiempo, que es precario, impredecible, que se paga a destajo, con horarios de trabajo variables, con el cual no es posible un crecimiento profesional, y cuya garantía de continuidad está dada por la buena actuación y reputación de quién lo hace. Los ejemplos más destacados son el trabajo de delivery, los taxis, y el trabajo doméstico, aunque en el libro también aparecen programadores y freelancers (trabajadores “autónomes” o “por cuenta propia”). Si bien las condiciones con las que definimos al trabajo gig no son particulares de la época actual, los autores utilizan el término para hablar específicamente de aquel trabajo de contratación independiente que ocurre a través, por y en plataformas digitales (Graham y Woodcock, 2020: 47).
Los autores distinguen entre dos tipos de trabajos gig. El primero es el “trabajo atado geográficamente” (geographically tethered work), que incluye a los trabajos que existían antes de la aparición de las plataformas digitales y que requieren que el trabajador esté en un lugar determinado para realizar el trabajo. Lo nuevo en estos trabajos es el surgimiento de las aplicaciones, que son las que organizan estos empleos. En esta categoría entran trabajadores de delivery, taxistas, el trabajo doméstico, etc. El segundo tipo de trabajo es el “trabajo en la nube” (cloudwork), que incluye a freelancers [1] y a los trabajos digitales cortos (microtrabajo). El diseño gráfico, el desarrollo web y los trabajos de escritura que tienen lugar en plataformas como Upwork, Freelancer, o Microwork, pueden ser realizados de forma remota desde cualquier parte del mundo que tenga conexión a internet (Woodcock y Graham, 2020: 14 y 15).

¿Cómo surge y cómo funciona la economía gig?

El marco general en el que hay que ubicar el surgimiento de la economía gig es el neoliberalismo post crisis de 2008. “Como Nick Srnicek ha argumentado, la economía de plataformas tiene que ser entendida como una respuesta a la crisis económica de la década de 1970 y a la larga caída de la rentabilidad de las manufacturas, que después de 2008 vio la emergencia de las plataformas como nuevos modelos de negocios, capaces de extraer y controlar inmensas cantidades de datos” (Woodcock y Graham, 2020: 50) [2]. Las empresas proveedoras de servicios han crecido desde los años 70 bajo modalidades donde les trabajadores tienen poca capacidad de negociar sus condiciones de trabajo. El mercado de laboral fue ‘desregulado’ y el trabajo ‘flexibilizado’, como parte de un proyecto político que buscaba minar los derechos de les trabajadores y recomponer el “derecho a dirigir” de los directivos de las empresas. El resultado ha sido el crecimiento del desempleo y la caída del empleo estable. La crisis de 2008 no ha hecho más que empeorar este panorama ya que ha crecido aún más el trabajo mal pago e inseguro, proceso facilitado por la retracción de las protecciones al trabajo. La economía gig, impensable fuera de este contexto, se aprovecha exitosamente de este proceso. Además, las plataformas son fincanciadas por capitales que, como parte de la tendencia a la caída de la rentabilidad en las inversiones tradicionales, apuestan a ellas (Woodcock y Graham, 2020: 42-44).

Más allá de los eufemismos que empresarios y defensores del capitalismo de plataformas utilizan para referirse a les trabajadores (“contratación independiente”, socio/a”.), el trabajo por medio de plataformas no deja de implicar una relación laboral donde les trabajadores venden durante un tiempo su fuerza de trabajo al dueño del capital desde una situación desventajosa, ya que alcanzar sus necesidades básicas depende justamente de poder tener y mantener su trabajo. Más allá de las enormes complejidades y transformaciones del trabajo actual, esa relación fundamental se mantiene (Woodcock y Graham, 2020: 20).

A diferencia de las anteriores formas de conectar compradores y vendedores de trabajo, las plataformas digitales hacen fluido gran parte del proceso para ambas partes. Solo lleva unos pocos minutos el proceso por el cual un cliente requiere un servicio y es conectado al trabajador que comienza a llevar a cabo su tarea (Woodcock y Graham, 2020: 28 y 29). Esto ha llevado a muchas compañías a declarar que no emplean trabajadores, sino que son compañías de tecnología que simplemente cumplen una función de intermediación. Pero lejos están de ser solo eso. “Las plataformas están diseñadas con encriptaciones que imponen reglas y condicionamientos a todas las partes con las que interactúan. Las plataformas moldean las formas en las que el trabajo gig se lleva a cabo” (Woodcock y Graham, 2020: 32). Como argumentan los autores, es imposible sostener que una compañía no emplea trabajadores cuando ejerce un nivel tan alto de control sobre el trabajo de sus “socios” [3](Woodcock y Graham, 2020: 33).

¿Cómo es trabajar para la economía gig?

Los dos últimos capítulos del libro están dedicados a analizar la experiencia de trabajo, resistencia y lucha de les trabajadores de la economía gig. Mumit trabaja como repartidor de Deliveroo con su moto en Londres y cuenta su experiencia trabajando para la aplicación. Cuenta que se vio atraído en un principio por la flexibilidad del trabajo, pero terminó trabajando seis días por semana, más de 13 horas los lunes y domingos y 7 horas de martes a viernes (el sábado es su día libre). Cuantas más horas trabaja en el horario pico de demanda, más prioridad tendrá a la hora de ‘reservar turnos’, por lo que la flexibilidad está atada a trabajar largas horas por semana. Esta situación impuesta por el diseño que la aplicación hace de su algoritmo, es otra prueba que desmiente el carácter de mera intermediaria de la plataforma. El trabajo está regulado por un criterio que impone la empresa, al igual que ocurre con el pago, que en la enorme mayoría de los casos tampoco puede ser negociado por les trabajadores. Esta unilateralidad se puede ver también en los despidos (encubiertos bajo eufemismos como ‘desconexión’). Mumit grafica esto al plantear que cuando las cosas van mal “a Deliveroo no le importa, no tiene nada que ver con ellos porque sos un contratado independiente y por lo tanto tenes que ocuparte de tus cosas” (citado en Woodcock y Graham, 2020: 82).

En el caso de les taxistas la experiencia de trabajo se puede volver aún más desagradable por el hecho de que se les impone la necesidad de “ser amables” con les clientes para recibir propina (que se paga una vez finalizado el viaje) y para ser bien “calificades”. El sistema de puntajes, dramatizado de forma distópica en el capítulo Nosedive de la serie Black Mirror, acompaña a las plataformas de servicios como Uber y puede determinar si un trabajador puede o no continuar trabajando para la plataforma. Existen muchos casos de reclamos de “bloqueos” injustos por parte de la aplicación a trabajadores que no tienen la posibilidad de defenderse.

Erica es una trabajadora de Amazon Turk [4], y ejemplifica algunos de los problemas que le surgen al llevar a cabo su trabajo, como por ejemplo ser contratada para realizar tareas que supuestamente llevan veinte minutos cuando en realidad toman una hora. Esto sucede porque les trabajadores rara vez saben que trabajo van a realizar antes aceptarlo y así realizan una gran cantidad de tareas no pagas (Woodcock y Graham, 2020: 88-101).

La transformación de la economía gig por parte de les trabajadores

El capítulo final del libro está dedicado a cómo les trabajadores resisten la explotación de sus empleadores, pero también a cómo su actividad modifica el trabajo mismo en la economía gig. Uno de los aspectos más importantes del estatus de ‘contratado independiente’ que imponen las plataformas a sus trabajadores es, además de los bajos salarios y el trabajo precario, la dificultad para organizarse sindicalmente, al menos bajo las formas tradicionales (Woodcock y Graham, 2020: 105). “La naturaleza dispersa del trabajo de plataformas rompe las posibilidades de construir redes y confianza. Por ejemplo, en Uber no hay razón por la cual les conductores necesiten pasar tiempo juntes” (Woodcock y Graham: 2020, 105). Aún así, les trabajadores “atados geográficamente” -y aquí la diferencia con quienes no lo están es importante- recurren a las reuniones con otres trabajadores como forma de organización. En 2016, en Londres, estos puntos de reunión se convirtieron en focos para la autoorganización de les trabajadores de Deliveroo. Existen muchos ejemplos de sindicatos de trabajadores de la economía gig que se sobreponen a las prohibiciones. Entre ellos cabe destacar al Sindicato de trabajadores independientes del Reino Unido (IWGB por sus siglas en inglés), un sindicato que comenzó organizando a trabajadores migrantes latinoamericanos de las universidades de Londres y ahora representa trabajadores de mensajería, conductores de Uber, trabajadores de orfanatos, electricistas independientes, y, más recientemente, trabajadores de videojuegos.

Uno de los recursos más utilizados por les trabajadores a la hora de organizar la resistencia son los grupos de WhatsApp, además de las ya mencionadas reuniones en puntos específicos. Los autores entrevistaron a conductores de plataformas de delivery de comida en Sudáfrica y todos contaron que no eran miembros de ningún sindicato pero que se organizaron a través de grupos de WhatsApp donde compartieron sus experiencias y reclamos y fijaron puntos de encuentro (Woodcock y Graham, 2020: 110). Las empresas se negaron constantemente no solo a atender sus reclamos sino incluso a reunirse con cualquier trabajador que dijera ser representante de les conductores. En respuesta, les trabajadores coordinaron por medio del grupo de WhatsApp encontrarse en las calles para preparar una huelga previamente votada por el mismo medio. El día acordado se reunieron y se desconectaron de la aplicación. Cuando los autores les preguntaron cómo se aseguraban de que otres conductores no rompieran la huelga, tentades con obtener mayores réditos de la plataforma, contestaron que “destruían sus bicicletas, eso es la democracia”. Les trabajadores tuvieron éxito en varias huelgas que llevaron a cabo, arrancando concesiones a la plataforma en cada una de ellas (Woodcock y Graham, 2020: 110-111). En este capítulo, lleno de relatos de experiencias de organización, también aparecen ejemplos donde les trabajadores buscaron crear líneas de “piquete digital”, alentando a les usuaries a no usar la aplicación cuando están en huelga. En octubre de 2018 en Gran Bretaña incluso han llegado a coordinarse huelgas de trabajadores de McDonald’s, TGI Fridays, Wetherspoons Pubs y Uber Eats en Londres, Cambridge y Brighton. (Woodcock y Graham, 2020: 112).

¿Pero qué ocurre en los casos donde no hay espacios de presencialidad, como en el caso de les freelancers digitales? Las propias plataformas de trabajo en la nube buscan evitar cualquier tipo de comunicación entre trabajadores. Les trabajadores de Upwork, por ejemplo, desarrollaron formas de resistencia a la vigilancia que se les impone. Un ejemplo de una forma de resistencia colectiva es el proyecto Turkopticon, de Lilly Irani y Six Silberman. Es un “sistema activista que permite a los trabajadores hacer públicas y evaluar sus relaciones con los empleadores”, también permite a les trabajadores comunicarse y ayudarse entre elles, es decir, es una forma de organización digital de les trabajadores “de la nube” (Woodcock y Graham, 2020: 117).

A modo de conclusión.

Los autores concluyen su trabajo planteando que les trabajadores, sobre todo quienes están, “atados geográficamente” se encuentran en la lucha por transformar el trabajo de plataformas. Aunque aún se encuentren en una etapa temprana, existen pequeños triunfos parciales. Les trabajadores “de la nube” también presentan batalla al sistema de altísima vigilancia y control que imponen las plataformas (Woodcock y Graham, 2020: 118). Woodcock y Graham nos recuerdan que incluso los sindicatos actuales más poderosos tienen un origen más modesto (como el ludismo, por ejemplo) y pasaron por formas mucho más precarias de organización. Muchos intentos de organización por parte de les trabajadores empiezan siendo ilegales y son rechazados institucionalmente. Más aún, muchas de las luchas de trabajadores de la economía gig no tienen el apoyo de los sindicatos legales -más allá de la IWGB en Gran Bretaña y otros sindicatos alternativos de Europa que son una excepción- que no realizan ningún esfuerzo en tratar de organizarles.

Esto no quiere decir, en palabras de los autores, que haya una inevitable marcha hacia una resistencia y organización efectiva de los trabajadores. En cambio, significa que mientras exista la relación entre empleador y trabajador, ambas partes empujaran por una relación más ventajosa para sí. “No importa cómo esté organizado el trabajo, los trabajadores siempre tendrán poder. Como Kim Moody ha planteado ‘un nuevo terreno de la lucha de clases ha emergido’ más allá de la economía gig, ‘que en muchas formas es más favorable para las iniciativas de la clase trabajadora” (Woodcock y Graham, 2020: 128).


[1El término freelancer incluye desde escribir ensayos, diseñar presentaciones, crear sitios web, trabajar como asistentes personales, y cualquier tipo de trabajo que se pueden hacer a través de plataformas de trabajo “en la nube”

[2Para una reseña del libro de Nick Srnicek ver https://www.laizquierdadiario.com/Resena-Capitalismo-de-plataformas-121337

[3La “legibilidad digital” del trabajo refiere al control que se ejerce sobre le trabajadore, por ejemplo, por la vía del acceso en tiempo real a su ubicación, registrando y mensurando sus movimientos. Esto ocurre tanto en plataformas como Uber que controlan el recorrido de los taxis como en plataformas de cloudwork que pueden controlar cada actividad que se realiza en el momento en que se está desempeñando una tarea. No es posible la organización del trabajo en plataformas sin esta habilidad de legibilidad digital (Woodcock y Graham, 2020: 32-33).

[4Para una visión más amplia del fenómeno Amazon, incluida la lucha de sus trabajadores, ver la reseña de The cost of free shipping: Amazon in the global economy en esta misma publicación., una plataforma dedicada a la intermediación entre clientes y trabajadores para la realización de tareas digitales (traducciones, diseño, etc.)





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