Géneros y Sexualidades

8 DE MARZO

Rescatando la experiencia de la bolchevique Inessa Armand

Desde Pan y Rosas dedicamos este 8 de marzo al aniversario de la Revolución rusa de 1917. Por eso, rescatamos las experiencias de mujeres revolucionarias que lucharon contra la explotación y la opresión.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Miércoles 22 de febrero | Edición del día

Inessa Armand. Bolchevique, defensora de los derechos de las mujeres trabajadoras. Esto es lo que debería encabezar todas las biografías que hablen de ella. Pero tristemente es más conocida por sus relaciones personales que por su rol dirigente. En ‘Las mujeres de los dictadores’, de Diane Ducret, se obvia que ante todo fue revolucionaria. Y del libro de Ducret a los tendenciosos y falsos artículos, como el de José Javier Esparza ‘Triángulo rojo: Lenin, Inessa y Nadeshada’ (La Gaceta, 28/06/2015) en el que pretende mostrar a un Lenin “dictador con botas y con zapatillas”, a un Nadezhda Krúpskaya sumisa y a una Inessa Armand despolitizada y cuya muerte, el autor, relaciona con el inicio de «las primeras decisiones brutales de la política bolchevique».

Dejamos de lado este intento de culebrón que poco nos interesa, y rescatamos la corta pero intensa vida de Inessa Armand. Esta franco-rusa demostró ser una destacada dirigente proletaria..

Su interés por la educación la llevó a abrir una escuela para niños campesinos, junto a su marido Alexander Armand. También intentó abrir una escuela dominical para mujeres trabajadoras pero las autoridades se lo prohibieron.

En 1903 se unió al Partido Socialdemócrata, y en 1907 fue condenada a dos años de prisión por repartir propaganda ilegal. Sin embargo, logró escapar antes de cumplir toda la condena y huyó a París. Allí se adentró en los círculos bolcheviques, y conoció a Lenin. No sería la última vez que fuera detenida por su militancia revolucionaria.

Durante su exilio, en 1911 es nombrada Secretaria del Comité de las Organizaciones Extranjeras, cuya función era coordinar a los grupos de bolcheviques de la Europa occidental. También participó en la creación de una escuela de formación marxista en Longjumeau, Francia.

Ante la política belicista que asumió la mayoría de la socialdemocracia, apoyando a sus burguesías nacionales de cara a la I Guerra Mundial, Inessa como otros muchos y muchas revolucionarias, se opusieron a una guerra que enfrentaba a millones de trabajadores de diferentes países. Al igual que las revolucionarias Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, les instaba a levantarse contra sus burguesías, las mismas que les mandaban a morir.

Participó en la organización de la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la guerra que se celebró en Suiza en 1915. También, estuvo en la delegación bolchevique de las históricas Conferencia de Zimmerwald y Kienthal.

Tras la revolución de 1917 fue miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de Moscú. Más tarde, fue elegida para la dirección del Genotdel, organismo de las mujeres del partido bolchevique, eliminado en la década de 1930 por Stalin.

El legado de Inessa Armand

Desde su puesto en el Genotdel y desde las páginas del periódico Rabotnitsa, del cual Inessa era editora, apoyaba el derecho al aborto, combatió la prostitución y abogaba por la participación política de las mujeres trabajadoras.

Defensora, al igual que Lenin o Trotsky, de la necesidad de acabar con la “esclavitud doméstica” para la emancipación de las mujeres, incluía este punto en gran parte de sus escritos y discursos. Como lo hizo en el Congreso de Mujeres Obreras y Campesinas de 1918: «Bajo el capitalismo, la mujer obrera debe soportar el doble fardo de trabajar en la fábrica y luego realizar las tareas domésticas en el hogar. No solamente debe hornear y tejer para el patrón, sino que también debe lavar, limpiar y cocinar para su familia. Pero hoy es diferente.

El sistema burgués está en vías de desaparición. Nos acercamos a la época de construcción del socialismo. Para reemplazar los millones y millones de pequeñas unidades económicas individuales […] debemos crear estructuras colectivas ejemplares, de cocinas, comedores y lavanderías».

En un artículo de 1920 escribía que «bajo el régimen burgués se priva a la obrera de los escasos derechos políticos que se otorgan al obrero. En la fábrica, en el taller, está todavía más oprimida, más explotada que el obrero, porque el patrón usa su poder para oprimirla no solamente en su calidad de proletario, sino también para infligirle todo tipo de ultrajes y violencias en tanto que mujeres.» (‘La obrera en la Rusia soviética’, Bulletin Communiste, nº17). En este sentido, una de sus grandes tensiones era llegar a las mujeres trabajadoras y a las familias de los trabajadores. Para ello, apostó por una propaganda accesible para las trabajadoras con menos conocimientos.

En este mismo artículo afirmaba que «El poder soviético ha sido el primero en crear las condiciones en las que la mujer podrá coronar, finalmente, la obra de su propia emancipación». Siendo cierto que en el primer Estado obrero de la Historia las mujeres conquistaron derechos que aún ni se pensaban en las democracias capitalistas occidentales, estos retrocedieron bajo el estalinismo, que glorificó a la mujer como esposa/madre. Un tema que abordará la charla que desde ‘Pan y Rosas’ realizaremos en las facultades de geografía e historia y derecho de la Universidad de Barcelona.

Queremos destacar la historia del 8 de marzo y los acontecimientos que lo marcaron.

Este 8 de marzo, rescatamos la experiencia de Inessa Armand, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo y otras tantas mujeres revolucionarias que planteaban que la emancipación de las mujeres también era una lucha contra el sistema capitalista. Abogando por la unidad de las mujeres con la clase trabajadora y el resto de oprimidos y explotados.

Este 8 de marzo volvemos a tomar las banderas del internacionalismo. Del antimperalismo y el antirracismo contra las políticas y las leyes de los estados capitalistas que matan cada día, como la reaccionaria ley de extranjería en el Estado español. De la organización de las mujeres, de manera independiente del Estado y sus instituciones, para exigirles nuestros derechos a la vez que les decimos que no nos olvidamos de que legitiman y recrean nuestras cadenas de opresión y explotación. Levantar las banderas de la lucha por una sociedad en la que ser “socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.








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