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Red Internacional

IDEAS DE LA UNIVERSIDAD.“Reportaje al pie de la horca”: que la tristeza jamás se una a mi nombre

Hay autobiografías que trascienden a aquellos o aquellas que intentan relatar su propia vida o una parte de ella. Se transforman en reflejo de toda una época y generación. En el caso de la que reseñamos aquí, sucede lo mismo. Durante su cautiverio en las cárceles de Praga bajo el nazismo, Julius Fucík escribe el testimonio que pasará a conocerse mundialmente como Reportaje al pie de la horca. Una reivindicación a la militancia revolucionaria.

Luca Bonfante Consejero estudiantil Junta de Historia (FFyL-UBA)

Martes 3 de noviembre de 2020 | 23:58
"Composición" - Otto Freundlich (1878-1943) Pintor y escultor de origen judío. Fue miembro de la agrupación artística Novembergruppe y comunista. Fue asesinado por el nazismo en el campo de concentración de Majdanek.
“Por las calles de Praga en invierno, cada día, pasé junto a los muros de la casa de piedra en que fue torturado Julius Fucík. La casa no dice nada: piedra color de invierno, barras de hierro, ventanas sordas. Pero cada día que pasé por allí miré, toqué los muros, busqué el eco, la palabra, la voz, la huella pura del héroe (…)”

Fragmento de “A Julius Fucík” de Pablo Neruda.

En determinados momentos la Historia se puede oler, hay primaveras en las cuales los nuevos brotes, llenos de vida, coinciden con el florecimiento de lo nuevo en otras esferas de la existencia humana, de lo social. En la Primavera de Praga durante el año 68, los árboles de Tilo que habitan noblemente las calles de la ciudad no fueron los únicos que inundaron con su aroma todo lo que rodean, tampoco lo fueron las Sopohoras en París durante ese mismo año. Aquellas flores se mezclaron con el humo de las barricadas y el viento fresco de una juventud que gritaba a los cuatro vientos “Pas de replâtrage, la structure est pourrie!” (¡Basta de parches, la estructura está podrida!)

Pero así como hay momentos de frescura, donde los colores estallan en mil formas y los insurrectos ponen el grito en el cielo, también los hay de putrefacción, momentos en los que el olor a azufre se esparce descomponiendo todo lo que esté a su alcance, es el olor que emana la podredumbre gris del capital. La larga noche del fascismo y la ocupación nazi, que se encargó de perseguir, encarcelar, torturar y asesinar a los elementos más conscientes de la clase obrera y la militancia revolucionaria, fueron unos de esos momentos. En esos años y en la cárcel se escribieron las líneas que conforman Reportaje al pie de la horca, última obra de Julius Fucík.

“Siempre pensé cuán triste sería ser el último soldado que en el último segundo de la guerra lo alcanzara la última bala en el corazón. Pero alguien tiene que ser el último. Y si supiera que puedo serlo yo, ahora mismo iría”, ese pasaje sintetiza de alguna forma la moral que Fucík le imprimió a las cartas que escribió durante su estadía en la cárcel de Pankrác. Fue el guardián A. Kolinsky (estos nombres también hay que recordarlos) quien jugándose el pellejo le procuró al militante del Partido Comunista Checo los medios para poder escribir. La habilidad con la pluma de quien fuera un destacado escritor, crítico cultural y director del periódico central del Partido Comunista de su país, hizo el resto.

Gusta Fucikova, esposa y compañera de Fucík, detenida junto a él en 1942, luego de ser liberada se encargó de ir recogiendo poco a poco el material escrito por Julius en la cárcel ubicada a menos de un kilómetro del río Moldava en la ciudad de Praga y donde supo funcionar la unidad de investigación y el tribunal de la Gestapo alemana. “En el campo de concentración de Ravensbruck, mis compañeros de prisión me comunicaron que mi marido, Julius Fucík, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por el tribunal nazi de Berlín”, de esa forma comienza su introducción a Reportaje al pie de la horca.

“¿Qué vendrá primero, la muerte del fascismo o mi propia muerte?”. Con frases cortas y la palabra justa y apretada, Fucík describe la vida en la prisión, lo cotidiano de la tortura y como, a pesar del aislamiento, la camaradería traspasaba los límites de los barrotes. Consciente de su muerte anunciada, en cada línea se deja ver una cuota de optimismo fuertemente humano por lo que vendrá, es la moral del último combatiente que le escribe una carta al futuro.

Entre líneas que narran cómo los militantes comunistas encarcelados se anoticiaban de las novedades de la guerra y del frente de batalla a partir del ánimo de sus carceleros y la dureza de sus golpes, Fucík se detiene en momentos que marcaron su estadía en la cárcel, como el aniversario del 1° de mayo en 1943. “Y ahora, nuestra media hora de gimnasia. Yo soy el instructor. Es el Primero de Mayo, muchachos, y no vamos a comenzar como los otros días: qué importa si eso llama la atención de los vigilantes. El primer ejercicio: uno, dos; uno, dos: los golpes del martillo. El segundo: segar. El martillo y la hoz.”

Reportaje al pie de la horca se transformó en una obra clásica entre los militantes revolucionarios de diferentes tradiciones con el correr de los años, traducida a más de 50 idiomas, la historia de Fucík se transformó en la historia de millares de militantes caídos bajo las garras del nazismo y la reacción. Forma parte de las grandes autobiografías y experiencias de vida que dejó el siglo XX, como el relato de Leopold Trepper, organizador de la red de espionaje denominada la Orquesta Roja, en “El Gran Juego”; las memorias de Victor Serge y la que es consideradas como una de las mejores autobiografías escritas del siglo XX: “Mi vida” de León Trotsky.

Si al decir del filósofo Ernst Bloch, el arte es una posible memoria anticipada de una vida mejor, estas autobiografías, cuyos pasajes están inundados de una gran belleza estética, pueden ser tomadas de esa misma forma. Por ello, recomendamos la lectura de este libro de forma no inocente, ya que estos escritos permiten tomar noción de ciertos escenarios que el capitalismo y sus agentes están dispuestos a llevar a cabo, de ahí su carácter de anticipación, muy importante en un contexto de fuerte crisis capitalista y tendencias a la polarización y lucha de clases.

Sugerimos la lectura de estas cartas a todos y todas aquellas interesados/as por la historia del siglo XX, pero sobre todo a aquellas personas que militan por la instauración de un nuevo orden social, sin explotados ni explotadores.

“Amaba la vida y por su belleza marché al campo de batalla. Hombres: os he amado y he sido feliz cuando han correspondido a mi amor, y he sufrido cuando no me habéis entendido (…) Que la tristeza jamás se una a mi nombre. He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza.”

Esta reseña fue terminada de escribir un día después del violento desalojo a las familias del barrio recuperado de Guernica y está dedicada al compañero Jorge “Turco” Sobrado, ex preso político durante la última dictadura militar en la Argentina y actual militante del PTS, cuya recomendación hizo que esta gran obra llegue a mis manos.

Aconsejamos a los lectores y lectoras la edición ampliada con cartas desde la cárcel y un breve esbozo biográfico de Julius Fucík, de la editorial Cienflores (2013).




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